El centenario de Edmundo Arias
Miembro de la ilustre trilogía de grandes directores de orquesta tropical de formato big band al lado de Lucho Bermúdez y de Pacho Galán, el compositor, arreglista y conductor vallecaucano Edmundo Dante Arias Valencia es una de las figuras más recordadas del sonido Caribe colombiano. Pero más allá, fue también gran ejecutante del fox y de la música andina colombiana, así como también un eximio compositor de tangos, rancheras y boleros.
Hijo del músico antioqueño Joaquín Arias Cardoso y nacido en Tuluá, Valle del Cauca, en diciembre de 1925, a muy temprana edad Edmundo se incorporó al conjunto musical de su familia. A partir de ese momento se iniciaron sus 55 años de vida artística durante los cuales compuso más de 300 obras, muchas de ellos con amplio reconocimiento nacional e internacional. “Las diez velas”, su primera canción, la compuso a la edad de 25 años. Luego vendrían sus trabajos como director de orquesta y de quinteto para grabaciones en sellos como Zeida, Ondina y Sonolux.
No te lo pierdas: Artista de la Semana: Eduardo Cabas celebra 80 años de vida y música
Arias transitó por poblaciones del Valle y el Viejo Caldas como director de banda tras la muerte de su padre, y en 1951 llegó a Medellín, ciudad con la que estableció un vínculo inquebrantable. Su primera labor en una casa disquera fue en Discos Silver, donde conformó la Sonora Antillana, agrupación de estudio para acompañar en grabaciones al cantante cubano Bienvenido Granda. Esa experiencia lo llevó a crear luego su primer proyecto personal en el seno del sello Zeida-Codiscos: la Sonora Cabecenido, llamada así por su apodo, “cabeza’e nido", derivado de su incipiente calvicie. Dentro de esa agrupación trasegaron cantores como Alí Pérez, Félix Mercado, Teresita Collazos, Raúl López, Bobby Ruiz y Antonio González.
Luego vendrían sus años en otras casas disqueras como Metrópoli, Fuentes, Ondina, INS y Sonolux. Ahí justamente compartió atrio con grandes colegas como Juancho Vargas, Luis Uribe Bueno, Iván Uribe Vélez y Antonio María Peñaloza como director de la Orquesta Sonolux, la agrupación bailable más importante de Medellín entre 1960 y 1962. Y mientras grababa discos a su nombre como director de orquesta, siguió trabajando por años en el rubro de los arreglos como director musical de los sellos paisas.
El médico antioqueño Alberto Burgos Herrera, tal vez el único periodista que realmente gozó en pleno de los afectos de Arias y quien escribiera un libro dedicado a su vida, lo describió de esta manera: “Edmundo fue un gran compositor. Un gran músico. Un arreglista impresionante. Un tremendo amigo. Fue muy tímido. No se dio cuenta de que hacía historia. Fue buen hermano. Fue buen hijo. Era serio en sus cosas. Era divertido. Era humilde. Ayudó a todos los músicos. Nunca se robó una melodía. No conoció la envidia. Vivió en paz con todo, ¡Pero murió triste!”
Lee también: Fernando Meneses: los 75 de un compositor que trascendió al vallenato
De su autoría son piezas como “Cumbia del Caribe”, “Algo se me va”, “Las cosas de la vida”, “Triste navidad”, “Güepa jé”, “Al compás de las polleras”, “Amparito”, “Alma quibdoseña”, “Ligia”, “Cumbia candelosa” y “Diciembre azul”. También compuso boleros como “Me da lo mismo”, “Si hoy fuera ayer”, inmortalizado por Alci Acosta, y “Evocación”, caballo de batalla del bolerista Carlos Arturo. Esas piezas también fueron interpretadas en su momento por artistas de la talla de Celia Cruz, Julio Jaramillo y Lita Nelson.
Edmundo Arias se mantuvo en actividad hasta el fin de sus días y falleció en Medellín en enero de 1993, a consecuencia de complicaciones de un post operatorio.