El centenario de Luis Ángel Mera, una gloria de nuestra canción en el olvido
Sin lugar a dudas Colombia es tierra de barítonos, como bien lo prueban las exitosas carreras de Carlos Julio Ramírez, Régulo Ramírez y Valeriano Lanchas. Dentro de ese registro vocal, tan importante como sus colegas, pero irónicamente invisibilizado por cuenta del olvido, el nombre de Luis Ángel Mera Samaniego se suma como un eslabón más a esa tradición.
Heredero de una familia acaudalada de hacendados vallecaucanos, Luis Ángel Mera nació en Santander de Quilichao, Cauca, el primero de septiembre de 1925. Muy joven fue enviado a Bogotá a terminar su bachillerato y luego estudió Química en la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín. Durante esas estancias se dedicó a cantar como aficionado en emisoras y tomó clases particulares con Jesús Ventura, Gabriel Mejía y Pietro Mascheroni. Pero su sueño era especializarse como cantante en los Estados Unidos. Él mismo contaba que demoró ocho meses en obtener el visto bueno y el apoyo económico de sus padres.
Justamente fue en Miami donde Mera debutó en la ópera. Debido a la falta de un barítono por enfermedad, su profesor, Arturo Di Filippi, lo recomendó con el tenor Tito Schipa para que lo incluyera en su compañía, en el papel de Basilio de “El barbero de Sevilla”. Eso le permitió además obtener una beca en la prestigiosa academia Juilliard de Nueva York.
Luego de girar con éxito por Brasil, Argentina y Chile, en 1951 Mera vuelve a asentarse en los Estados Unidos, volviendo con frecuencia a Colombia. Entre 1952 y 1954 grabó “El camino del café”, su primer trabajo de larga duración con el sello Sonolux en el que interpretó obras de Jaime R. Echavarría, Luis Uribe Bueno, Margarita Lecuona y Jorge Monsalve “Marfil”. De ahí se desprende su primer éxito masivo, “Perdóname otra vez”, composición de su colega barítono Régulo Ramírez. Junto con ese tema, su otro caballito de batalla fue el tango “Te odio y te quiero”, de Yiso y Alessio, en versión bolero.
Pero los éxitos de Mera en la música se vieron opacados por su proclividad hacia la bebida. Entre ires y venires, decidió retirarse del canto y realizó una última presentación con público en el Coliseo Cubierto de Cali, en 1960. Aproximadamente un año después hizo una excepción y registró en Bogotá una segunda y última grabación, a dúo con Carlos Julio Ramírez y orquesta dirigida por el peruano Alex Di Roma, para el sello Philips.
Decía Hernán Restrepo Duque en la contratapa de la reedición conmemorativa de “El camino del café” lo siguiente: “fue un bohemio irrebatible. En un loco desespero por hallar una felicidad personal que le fue esquiva por dramáticas circunstancias, se entregó a la bebida en forma irrefrenable”. Y el 19 de agosto de 1972, a pocos días de cumplir sus 47 años, lo encontraron agonizando en un andén de la avenida Roosevelt de Cali. Según le contó una de sus hijas al investigador Jaime Rico Salazar, “fue salvajemente golpeado en una cantina por no pagar la cuenta y arrojaron su cuerpo a la calle”.
Hoy, en conmemoración de los cien años de su natalicio, desde Radio Nacional de Colombia rendimos honores a su memoria como una manera de rescatar su obra de la oscuridad en que se ha sumido.
El primero de septiembre conmemoramos el centenario de Luis Ángel Mera, una gloria de nuestra canción en el olvido. Por eso es nuestro Artista de la Semana.