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La elegía vallenata, cuando el dolor se vuelve canción

Una elegía es un lamento, una expresión de dolor o desesperanza ante una pérdida. En la música vallenata son varias las canciones que relatan este acontecer.
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Liliana Esther Vanegas.
Liliana Esther Vanegas

El 15 de agosto de 1978, tras permanecer varios días recibiendo atención médica, murió en una clínica de Valledupar el pintor y caricaturista Jaime Molina Maestre. Meses antes, al calor de una parranda, le había hecho jurar a su amigo Rafael Escalona que el que faltara primero, debía ser homenajeado con un cuadro o una canción.

Fue Rafael Escalona quien inmortalizó en ‘Elegía a Jaime Molina’, esa promesa que en vida se hicieron. Es, además, una de las canciones más representativas de la música vallenata, prueba indudable del amor entre amigos y nostalgia por la falta de este.

La cosa comenzó muy niño
Jaime Molina me enseñó a beber
A donde quiera estaba, él estaba conmigo
Y donde quiera estaba, yo estaba con él
A donde quiera estaba, él estaba conmigo
Y donde quiera estaba, yo estaba con él
Ahora me duele que se haya ido
Yo quedé sin Jaime y él sin Rafael
Ahora me duele que se haya ido
Yo quedé sin Jaime y él sin Rafael

Es bien sabido que superar la muerte de un amigo cercano o familiar toma tiempo. Las diferentes culturas y religiones tienen rituales para honrar a las personas cuando fallecen y la música es una forma de inmortalizar esos recuerdos, como en esas letras escritas por Escalona, cuya primera versión se conoció en 1982 en la voz de Alfonso ‘Poncho’ Cotes y el Rey Vallenato Ciro Meza Reales. 


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Nueve años después, en 1991, como parte de canciones elegidas para la serie de televisión Escalona, en homenaje al compositor nacido en el corregimiento de Patillal, al norte de Valledupar, se conoció la versión de Carlos Vives.

A dos amigos que se amaron con el alma, ay ombe
Recuerdo que Jaime Molina
Cuando estaba borracho, ponía esta condición
Que, si yo moría, primero me hacía un retrato
O, si él se moría primero le sacaba un son
Que, si yo moría, primero me hacía un retrato
O, si él se moría primero le sacaba un son

El cronista Juan Rincón Vanegas, quien en varias ocasiones ha escrito sobre músicos, compositores y de los protagonistas de las elegías, dice que la que Escalona le hizo al pintor Molina es, “la muestra fehaciente de la verdadera amistad. Es la radiografía a color del dolor, de la tristeza, de la melancolía y un golpe certero de la vida por la muerte de un amigo sincero y fiel”.

Dice, además, que entre los temas de dolor la música vallenata hay variedad de obras; una de ellas es el merengue de Camilo Namén Rapalino, ‘Mi gran amigo’, escrita por la muerte de su señor padre. “En medio del dolor y las lágrimas, Camilo Namén, inspirado en la canción del argentino Piero: Viejo, mi querido viejo, escribió: tan bueno y tan noble como era mi padre”, así relató Rincón Vanegas la historia de este tema, algunos dicen que fue la primera elegía vallenata escrita por un hijo a su padre. Y si de cantos vallenatos lastimeros hablamos, citamos El Difunto trovador, aquí Juan Segundo Lagos, describe las virtudes de Héctor Zuleta Díaz.

Había un muchacho, querido por todo el mundo,
que en pocos años, demostró lo que iba a ser,
grande como sus hermanos, como Poncho y Emiliano,
pero Dios mandó por él.

Siguiendo con la narración sobre el dolor por la pérdida de un amigo, el compositor de la canción Ausencia Sentimental, Rafael Manjarrez, le hizo un homenaje póstumo a su amigo Hugo Aroca, con yo tenía un amigo, interpretada por primera vez por Iván Villazón en 1987.

El dolor por no poder despedir a la mujer amada hizo que Juancho Polo Valencia escribiera Alicia Adorada, tema que Alejandro Durán la cantó con todo el sentimiento, al punto que se llegó a creer que era de su autoría. El Rey de Reyes número cinco, del Festival de la Leyenda Vallenata, Almes Granados, precisa que este estilo musical va acompañado de un acordeón con notas acordes al mensaje, triste muchas veces, reflejando la vivencia del protagonista. 

Evocando elegías, recuerda la que Héctor Zuleta le escribió a su abuela La vieja Sara, y Emiliano Zuleta le puso sentimiento al acordeón. También en el tema Voz de acordeones, escrito por Tomás Darío Gutiérrez para el poeta de Patillal Octavio Daza, es otra canción donde exaltan la ausencia de un ser querido. Y, de esa manera, hace un recorrido por títulos como Un ángel más en el cielo, en honor a Rafael Orozco, de autoría de Ponchito Cotes, quien también escribió Mi Viejo y yo, melodía esta, donde Almes Granados interpreta el acordeón y el sentimiento se hace canción.

Si hay recuerdos, hay vida, en la música vallenata encontramos muchas formas de inmortalizar a quienes han partido y de mantener viva la imagen de esa persona que falta.
 

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