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En memoria del percusionista del vallenato, Patrocinio Pérez ‘Giño’. El golpe de cuero que ponía a bailar a todo el mundo

Recordamos a Patrocinio Pérez Mendoza ‘Giño’, gran percusionista y lutier, fallecido el pasado 6 de enero en Valledupar. Uno de los virtuosos “anónimos” del vallenato, que aportaron su sapiencia al folclor para mantener su sonido pegado a la raíz.
Patrocinio Pérez Giño
Intervallenato
Jenny Cifuentes

‘Giño’ no aparece en los créditos de todos los discos que grabó. No tuvo pirotecnia alrededor de su figura, -por la época en que sus cajas o tumbadoras resonaban con reconocidos conjuntos, y porque casi siempre, la historia resalta al cantante o al acordeonero-, pero entre el circuito vallenato, era bien reconocido su talento.

Patrocinio: sencillo, afable y trabajador consagrado, dejó una obra relevante como músico y hacedor de instrumentos.

De ser apodado por Juan Piña, irse de niño llorando del Café La Bolsa ‘jarto de cocotazos’ y llegar a grabar con grandes como los Hermanos Zuleta

Cuando Giño llegaba a algún lugar, siempre había quien lo llamaba: “Giño, el brillante de Santa Cruz”.

Resulta que Patrocinio, le pidió a Juan Piña que saludara a su padre en una canción. Justo, cuando llegó el momento, a Piña se le olvidó el nombre y lo saludó fue a él. Mezcló la información y dijo: “’Giño’, el brillante de Santa Cruz” -el pueblo del papá-, y así se quedó.

Todos los llamaban ‘Giño’ porque, según contaba, así le decían a los Patrocinio en su departamento. Oriundo de Santa Lucía (Atlántico) y de familia musical, nació 26 de febrero de 1944.

Su madre Elizabeth Mendoza Fonseca, era de Santa Lucía y su padre, Perfecto Pérez, de Santa Cruz. Siendo niño, llegó a Valledupar con su familia. Ya latía en él la música, la llevaba en la sangre.

Parte importante de su recorrido, para convertirse en un gran “konquero” (quien toca las tumbadoras en el vallenato), la narró hace unos años a su amigo Arnold Castillo. Este fue su relato.

“Mi mamá nos escogió para vivir en una finca, y allá fue donde yo di mis primeros pininos. En ese tiempo, yo bajaba del monte, de la Sierra, y veía que había muchos acordeoneros, porque a mí me gustaba eso, por mis abuelos.


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Mi abuelo, Santos Mendoza, era percusionista y hacedor de instrumentos, y mi abuela, Ernestina Fonseca, era cantante de bullerengue en Santa Lucía, y de ellos me quedó en la mente que yo podía hacer eso.

Y me encontré con muchos acordeoneros. En ese tiempo estaban Nicolás Mendoza ‘Colacho’, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Juancho Polo Valencia… Toda esa gente se juntaba en un estado al que le decían acá en el Valle: Café La Bolsa. Entonces, yo me metía ahí, y como era prohibido para los menores de edad, me sacaban a cocotazos. ¡Saquen ese muchacho de ahí!, gritaban. Y yo, así llorando me iba, jarto de cocotazos que me daban los músicos.

Pero seguía siempre en la cosa, porque yo tenía la idea, las ganas de aprender a tocar. Ahí me encontré con unos grandes amigos, y nos mudamos del barrio Cañaguate. Fuimos al barrio Las Tablitas -que hoy es el Primero de Mayo-. Me encontré con un amigo, Abraham ‘El Pibe’ Rivera (percusionista y artesano de música vallenata). Entonces, él veía que a mí me gustaba la música. Andábamos el finado ‘Chuleta’, -que era cajero- y yo, siempre juntos tocando con unas canastas de gaseosa, de cerveza, de esas que venían de tablita. Con eso nos poníamos a tocar en la casa, hasta que ‘El Pibe’ nos obsequió una timbita (conga) a cada uno. Y seguí en la idea. Me puse a tocar con el finado Héctor Bolaño, -hijo de ‘Chico’ Bolaño-, con quien di mis primeros pasos tocando.

De ahí me fui para Codazzi con el hermano de él: Hildemaro Bolaño -también fallecido-, y ya cuando me vieron que yo iba creciendo en la música, empezaron a llamarme los conjuntos grandes para grabar.

Estaba en ese tiempo en la moda, Wilson Peña. Era el mejor conguero aquí. Entonces me llamaron a mi también para las congas. Y empecé a grabar.

Mi primera grabación fue con Hildemaro Bolaño y cantando, José Manuel Duarte. La segunda grabación la hice con Juan Urbáez y su conjunto Los Guapachosos del Cesar. De ahí todo mundo me veía, y comenzaron a llamarme las casas disqueras para grabar las congas. Grabé más de 20 discos, pero de eso, después no recibí nada. Solo el pago de la grabación”.


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Lutier con magia en sus manos

Estando con Los Hermanos Zuleta, a ‘Giño’ le afloró su don de hacer instrumentos.

Poncho y Emiliano le regalaron un par de tumbadoras (congas) muy buenas, y se le perdieron. Compró otras, pero como no se sintió cómodo tocando, fabricó las suyas recordando cómo las hacían sus abuelos en Santa Lucía. Le salieron chuecas, pero siguió intentando, pidió asesoría, le dio duro a la madera hasta que perfeccionó su técnica, y así surgió el negocio con el que sostuvo a su familia: su esposa y cinco hijos, uno de ellos también percusionista.

Según ‘Giño’, el cuero estaba hecho para la madera. Con troncos de cañaguate, volador o ceiba blanca, y usando parches de cuero, hacía cajas, bongos, tumbadoras, tamboras dominicanas o tambores alegres a la vieja usanza. Sus elegantes instrumentos, -afirmaba-, no tenían nada que envidiarle a los importados o producidos por grandes empresas. Entre sus clientes se contaba, por ejemplo, el tremendo cajero Rodolfo Castilla ‘El Pulpo’.

Su proyecto ‘Aprendiendo a hacer tambora tradicional en video tutorial’, fue ganador de la convocatoria de 2021 ‘Comparte lo que somos’ del Ministerio de Cultura.

Aquí, el maestro ‘Giño’ fabricando sus instrumentos.

Cinco discos recomendados grabados por 'Giño'

La destreza en sus golpes y su repique se encuentran en registros con Osmel Meriño y Raúl Brito, Jairo Vergel, Silvio Brito y otras agrupaciones. Alrededor de los 90, ‘Giño’ se retiró de los grupos y los estudios, y siguió con su oficio de artesano. Estos son cinco álbumes recomendados para evocarlo.

Al lado de Poncho López y Freddy Peralta apareció en Embrujo de Acordeón (1978).

Con Poncho y Emilianito Zuleta grabó tres LPs. Entre ellos, Hermanos Zuleta y El Viejo, Dinastía y Folclor (1979).

Tres también hizo con Héctor Zuleta y Adaníes Díaz. Sus tumbadoras se escuchan, citando alguno de la dupla, en el disco Nuevamente Sensacionales (1982).

Participó con Miguel Mora y Miguelito Ahumada y su proyecto Los Migues, en el LP Pa’ que Muerdan (1982).

‘Giño’ fue además conguero del álbum de Hernando Marín y Jhony Gámez, Valledupar del Alma (1993).

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