Pasar al contenido principal
CERRAR

Las crónicas de Tacha (I): David Parales y la cultura llanera

En esta serie exploraremos el legado de compositores, intérpretes de la música llanera.

Por: Isaac Tacha Niño, director de Señal Llanera

La historia de hoy, corresponde a alguien que es muy importante en la música llanera. Estoy hablando del maestro José David Pararles Bello. Nacido en Arauca – Arauca, sabanas de Maporillal, un 16 de enero de 1947. Desde muy pequeño se enamoró de su música llanera. Construyó su propia arpa a los 9 años y lo llamaban: “El niño prodigio del arpa”.

Aprendió a tocar el instrumento y se enamoró de éste, viendo interpretarlo a un señor venezolano que se llamaba Mario Guedes, de San Fernando de Apure. Luego en Arauca, conoció a un arpista llamado Héctor Lamuño y a un señor llamado Quintín, oriundo del Alto Apure; cabe aclarar que no había arpistas colombianos en esa época, los que hubo en la zona de Arauca, eran venezolanos.

El maestro Miguel Ángel Martín, compositor de Carmentea por la época del año 1958, trajo a Villavicencio un trío llanero compuesto por guitarras, cuatro y maracas, denominado “Los Tameños” que también tocaba joropo. El mismo maestro Miguel Ángel cantaba con el trío. Al darse cuenta que había en esta ciudad varios tríos y que también tocaban joropo, unos de origen andino – cundiboyacense y otros de origen venezolano - se regresó a Arauca y encargó a Hugo Mantilla de armar un conjunto llanero al que llamó “Arauca”, para traerlo a Villavicencio en 1959, como algo novedoso y en realidad, sí que lo era.

En esta agrupación venía el niño prodigio del arpa, quien contaba con 11 años de edad, el instrumento cuatro lo tocaba otro jovencito hermano de David: Marco Hernán Parales Bello. Otra de las figuras que después fue muy reconocido, era Joaquín Rico “El Rompesuelos”, que además de cantante es bailador. Hugo Mantilla era el maraquero y declamador, quien además fue profesor de David Parales en la escuela.

Fue una cosa sorprendente porque un niño de esas calidades, causaba sensación y enamoraba a la gente con su talento y además que tocaba donde fuera, no cobraba; esto y la novedad hicieron que fuera muy solícito en las fiestas. Decía mi padre, José Benjamín Tacha Moreno quien también era polimúsico, que el trabajo de la música había desmejorado para ellos, los tríos y agrupaciones musicales con guitarras, porque este niño era la sensación y además estaba regalando el trabajo.

Al niño David lo pusieron a estudiar en el colegio Francisco José de Caldas y luego lo llevaron al colegio de “La Salle” de Villavicencio. El maestro Miguel Ángel Martín convenció al gobernador para abrir una academia de música, a la cual entró el jovencito David como profesor. Lo cierto es que muchos de los artistas de hoy en día, fuimos alumnos de una u otra manera de la escuela de música y del maestro David Parales. En esta escuela de música, también enseñaban los otros integrantes del grupo “Arauca” y como profesor de cuatro, trajeron de Tame al joven Héctor Paúl Vanegas, quien tiempo después se convirtió en compositor de los poemas que declamara con idoneidad don Juan Harvey Caycedo.

Por las buenas relaciones de Miguel Ángel con algunos personajes de la ciudad y del gobierno, se inició la aceptación en sociedad villavicense de la música sabanera, porque era considerada música de piones, bares y prostitutas, pues la usanza era que después de las travesías ganaderas, iban los vaqueros a aquellos lugares a cantar, a tomar y desahogar sus tres meses de ganadería, en brazos de una dama.

Dentro de la interpretación del arpa, ya más adelante aparecieron otros arpistas que de pronto aprendieron viendo a David, porque fueron sus estudiantes o sencillamente porque aprendieron con arpistas venezolanos, teniendo en cuenta que la familiaridad de muchas personas entre Colombia y Venezuela, va más allá no sólo de la hermandad política muy pregonada por algunos gobernantes tanto de ese país como de acá, sino porque las familias se mueven a través de los límites territoriales políticos.

Ya en la misma década de los sesenta fueron apareciendo constructores de arpas, de cuatros y de maracas en serie, con lo que se continuó la obra que a iniciativa de Miguel Ángel Martín, desarrollara el maestro David Parales, a quien conocí de oídas y luego personalmente de trato en el año 1972, en la Academia de Música del Departamento y de la cual fui alumno. Ellos, los profesores, valoraron mi talento y me fui convirtiendo poco a poco en su cuatrista preferido y posteriormente, nos hicimos compadres con el maestro David Parales.

Con todo esto, inició un giro cultural de gran influencia andina en el Meta y el piedemonte llanero hacia el fortalecimiento de la identidad llanera sabanera, que hizo que dejáramos de hacer “la música del interior” de guitarras, tiples, maracas y requinto, para convertirnos en agrupaciones de arpa, cuatro y maracas, mientras seguíamos fortaleciéndonos en las canciones de Ignacio “El Indio” Figueredo, Juan Vicente Torrealba, de Francisco Montoya, del Tigre de Matanegra, José Romero, Eneas Perdomo y muchas otras de las nacientes estrellas llaneras.

Este cambio de usanza musical se dio también en Bogotá con el traslado a esa ciudad de personas y sus actividades musicales, tales como nuestro maestro David Parales, Luis Ariel Rey, René Devia, Manuel Blanco y otra cantidad de músicos llaneros que fueron ocupando las plazas musicales en la capital. Tal fue el caso del maestro David, que fundó el conjunto “Los Copleros del Arauca” con el que hacía sus presentaciones en Radio Santa Fe, Emisora Nueva Granada y los escenarios existentes en la ciudad. Otros músicos llegaron a diferentes tabernas, grilles y variados escenarios donde se fue posicionando nuestra cultura llanera, alimentada básicamente con el nuevo repertorio llanero venezolano y una que otra canción de compositores colombianos.

David hizo una muy grande cantidad de grabaciones para diferentes artistas y las suyas propias, fortaleciendo la discografía llanera colombiana y de paso, respaldando a un muy gran número de artistas llaneros, a los que apoyó y brindó oportunidades de crecimiento en el mundo del arte musical llanero. Algo que quiero destacar de David, es su don de gentes, su calidad humana y el respeto que otorga a los artistas que aunque estén comenzando, siempre les tiene una voz de aliento y ánimo. Realmente David es un maestro de maestros, en todo el sentido de la palabra, gracias a su espíritu humilde, altruista, solidario y de gran artista.

Definitivamente la incursión del arpa en nuestra cultura colombiana, se la debemos al maestro José David Parales Bello.

Dios bendiga a mi compadrito David Parales, a su esposa, mi comadre Marthica y a su bella familia. Y no olvide visitarnos en Señal Llanera, donde se encuentra la mejor música de nuestros Llanos Orientales: https://www.radionacional.co/escuchar-musica-llanera

ETIQUETAS