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Los niños del béisbol en San Antero

Por: Ángel Batista.

Además de ser famoso por sus manglares, su fauna, y su Festival del Burro, San Antero cuenta con más de 40 títulos departamentales en las categorías infantiles y juveniles, por lo que se ha ganado el respeto y admiración de los pueblos beisboleros de la costa Caribe. Consolidándose como uno de los mejores semilleros de peloteros en el país.

En el municipio no hay deporte que le compita en popularidad al béisbol, lo que sumado al reciente éxito deportivo de jugadores como Édgar Rentería, Orlando Cabrera, Julio Teherán, José Quintana o Giovanny Urshela, ha creado en San Antero un verdadero caldo de cultivo para peloteros.

“San Antero es exitoso en el béisbol porque contamos con el biotipo necesario para practicar al béisbol, nos favorece la cercanía de las playas y que en su gran mayoría los niños del campo están acostumbrados a tareas fuertes” explica Arcidia Díaz, presidente del Club San José de San Antero.

Todos los años y a manera de expectativa del Festival Nacional del Burro, se organiza un torneo interclubes, que busca generar un espectáculo, pero también crear el roce competitivo que requieren las categorías formativas, para que sus jugadores continúen su desarrollo.

Así, los jóvenes del municipio están viendo en la práctica de la disciplina un proyecto de vida viable, pues debido al rendimiento deportivo, muchas veces logran firmar contratos profesionales con los equipos de Bolívar, Atlántico, Sucre o Córdoba, y en algunos casos, con equipos de República Dominicana, México o Estados Unidos.

De igual forma, las universidades suelen otorgar becas a los deportistas prometedores para que se desarrollen profesionalmente, mientras practican el deporte que aman.

“El béisbol aleja a muchos niños de los malos pasos, de los vicios, de la calle y los retira de las malas influencias” cuenta Arnold Sotelo, Entrenador de béisbol en las categorías infantiles.

Los sananteranos son peloteros por tradición. En la mayoría de los casos, los niños beisbolistas tienen padres, tíos y abuelos que solían practicar este deporte, por lo que los apoyan con manillas, zapatos y  uniformes. Sin embargo, para los demás niños, este gasto tampoco es una excusa para dedicar sus ratos libres al deporte, pues desde hace ya varios años los diferentes gobernantes que ha tenido San Antero han sido conscientes del enorme potencial que tiene el municipio para el béisbol, por lo que han desarrollado distintos proyectos que buscan incentivar la práctica deportiva.

Los clubes del municipio no necesitan hacer fuertes convocatorias para lograr resultados, pues la pasión por el deporte corre por la sangre de los niños que desde los cuatro años, y después de su jornada escolar, empiezan a practicar técnicas para atrapar, lanzar y batear. Uno de los casos que más genera admiración en el municipio es el de Willliam Mancera, un pelotero de trece años al que hace ocho, le diagnosticaron cáncer de colón.

William, un primera base talentoso para las labores defensivas, comenzó a practicar el deporte cuando tenía tres años. Los éxitos en diferentes participaciones, en campeonatos municipales terminaron de avivar la llama que había creado su abuelo, un pelotero retirado. Así, cuando no estaba mejorando su técnica de bateo, estaba en las tribunas alentando a los demás equipos de San Antero, por lo que fue una noticia devastadora enterarse de que por su enfermedad no podría continuar jugando a la pelota.

El tratamiento comenzó en Barranquilla, pero William, con una terquedad más grande que él, insistió en que su vida se la quería dedicar al béisbol, por lo que cada que podía les decía a sus padres que lo llevaran al estadio. Sus padres, al observar el empecinamiento de su pequeño, le pidió autorización a los médicos que lo atendían para que pudiera volver a practicarlo.

William encontró la motivación para continuar sus tratamientos médicos en la práctica del deporte y en la esperanza de jugarlo profesionalmente, alternaba los procesos médicos y los viajes a los centros de salud con los entrenamientos de su club.

Hoy, ya recuperado de su enfermedad, William sigue aferrado a la idea de que el béisbol es el mejor deporte del mundo y de que fue el tratamiento más efectivo para enfrentar su enfermedad.

“El béisbol fue de mucha ayuda, porque él se aferró tanto a que quería jugar y a las cosas que en verdad le gustaban. Eso hizo que en ese momento, todas las cosas que estaba viviendo fueran más llevaderas” dice Ana Sofía Blanco, madre de William.

Hablar de San Antero es hablar de béisbol, pues el deporte, además de reunir a las familias, encender pasiones y curar enfermedades, es una de las actividades centrales en el municipio, y dada la gran cantidad de niños que lo practican, sueñan y se apasionan con él, parece que en San Antero hay peloteros para rato.