Foto: Pantallazo video 'Visita a Rogelio Echavaría'. Canal YouTube Banco de la República.

Falleció el poeta Rogelio Echavarría

A sus 91 años, falleció en Bogotá el poeta y periodista antioqueño Rogelio Echavarria, recordado por su poemario ‘El transeúnte’, por su trabajo como antologista de diferentes compendios de lírica colombiana y por haber obtenido el Premio Nacional de Poesía en 2003.

La presente semblanza fue escrita para la web de Señal Memoria en 2016 por Jaime Andrés Monsalve, jefe musical y cultural de Radio Nacional, y hoy la rescatamos, a la memoria de una de las figuras más entrañables de las letras colombianas.

Son pocos los versos que conforman su obra. Hay quienes se han dado a contarlos sólo para reafirmar aquello de lo dos veces buena que resulta la brevedad. Pero galardones como el Premio Nacional de Poesía, que le fue concedido en 2003 por parte de la Universidad de Antioquia, reiteran la importancia capital de la obra de Rogelio Echavarría y la condición de work in progress del breve poemario ‘El transeúnte’, motivo de reediciones y de revisiones constantes por parte del autor desde su publicación original, en 1964.

‘Todas las calles que conozco son un largo monólogo mío’, reza el primer verso de ‘El transeúnte’. A pesar de lo irremediablemente atado a Bogotá que resulta el verso, Rogelio Echavarria nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia, aquella misma extraña población cuna de poetas e intelectuales como Porfirio Barba Jacob, Darío Jaramillo Agudelo y Bernardo Hoyos. Las calles de la población antioqueña y de la capital del país ampliarían su largo monólogo con las asignaciones periodísticas que le fueron encomendadas en París, Berlin, Londres y Nueva York.

Es que el día a día de Echavarría fue el del periodismo, que desempeñó en El Espectador y El Tiempo por años, y que lo llevó a ser fundador además del Círculo de Periodistas de Bogotá CPB. Decía el escritor Gonzalo Mallarino que Echavarría “se gana el pan con otro oficio para poder escribir versos (...) Andaba a diario con los datos del mundo entero en la punta de los dedos”.

Antes de ello, ya un joven escritor pergeñaba versos que incluyó en ‘Edad sin tiempo’, publicado originalmente en 1948. Todos esos poemas tempranos fueron posteriormente incluidos en ‘El transeúnte’. Acerca de ellos, Mallarinoresaltó la manera en que “asombra la identidad de estilo que aquel poeta casi niño tenía con el poeta de hoy”.

Fueron años de interés en la lírica que lo adscribieron a la corriente de los llamados Cuadernícolas, junto a poetas como Fernando Arbeláez y Álvaro Mutis. Al grupo se le conocía de esa manera, que no dejaba de tener un leve dejo despectivo, por su interés en publicar poemarios pequeños, del grosor de una revista.

“Yo no volví a escribir poemas en 20 años”, aseguró Echavarría a mediados de la década del 80, cuando “El transeúnte” llegaba a una nueva reedición en la colección de Colcultura. Recordaba además cómo ese interés posterior por su poesía no hubiera sido posible sin la anuencia del propio Arbeláez y del poeta nariñense Aurelio Arturo, quienes se dieron a seguir difundiendo la breve pero fundamental obra con pátina de asfalto del poeta Echavarría. No es extraño que se hable de ‘El transeúnte’, como lo hizo Mallarino, como un “libro breve decantado en años”.

Durante esos años en que su labor como poeta se limitó a la de revisar una y otra vez las piezas de su poemario más célebre; Rogelio Echavarría fungió además como crítico literario y como compilador de la poesía de sus pares colombianos, en volúmenes cercanos a todo el público como ‘Versos memorables’ y en obras de ambición monumental como la ‘Antología de la poesía colombiana’, de El Áncora Editores y el Ministerio de Cultura.