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Foto: Cortesía Gobernación de San Andrés.

Góspel en San Andrés, cantos desde el alma del archipiélago

Por: Diego Cuervo

Año 1844. A las tierras insulares de San Andrés y Providencia llegaba la primera iglesia Bautista de América Latina que traería consigo alabanzas y cantos heredados de las iglesias afroamericanas de Estados Unidos en el siglo XVIII. A partir de allí, los cantos de música góspel o religiosos, se convertirían en la expresión más espiritual y pura de los archipiélagos.

En el interior de la isla se encuentra una multiculturalidad de expresiones, religiones o etnias que quizás otro lugar del mundo no tenga, a lo largo de su historia este lugar ha recogido los vestigios de diversas sociedades que, quizás por cosas del destino, llegaron a este lugar para convertirlo en uno de los lugares más bellos del planeta, no por sus playas y la exuberancia del mar de siete colores, sino por el tesoro cultural y heterogéneo de sus habitantes.

Foto: Diego Cuervo.

Cuentan algunos de ellos que, así como el blues, el góspel y la música religiosa surgieron en la época en que fueron colonizados por ingleses, como la única forma de sobrellevar el sufrimiento y el maltrato al que eran sometidos. Cantos que expresaban un profundo dolor, pero al mismo tiempo la profunda esperanza de que un dios supremo quitara sus ataduras.

El pueblo raizal lleva en sus entrañas la religiosidad, la fe y la devoción expresadas en diferentes vertientes: católicos, protestantes, adventistas. Ellos comparten un mismo territorio, una misma sangre, un mismo color de piel, una misma devoción, pero con costumbres diferentes. A la vista de muchos esto es invisible, muy pocos ojos se interesan en verlo y otros tantos oídos tampoco se conciernen para escucharlo.

Llegamos a la iglesia Cristo Salvador, a tan solo dos cuadras de un pequeño puerto de botes turísticos, para conocer las personas que allí se congregan y deciden organizarse para formar el coro religioso, aquel que le da vida a sus alabanzas unánimes.

Foto: Cortesía Gobernación de San Andrés.

Con la simpatía común de los isleños nos recibió Eunise May, la líder de este grupo de personas que se preparan para el encuentro de coros más importante de San Andrés. En sus palabras se evidencia la vocación que tiene para enseñar. Para ella, sin importar los talentos musicales con los que cuenten, cualquier persona es digna de entrar al coro, si es afinada o no tanto, el requisito principal es amar la música y el canto, ya lo demás se aprende con el tiempo, cuenta ella.

Eunise, al igual que muchos de los que integran aquellos coros, no han tenido más aprendizaje que el reflejo de sus antepasados que se congregaban en las iglesias todos los sábados o domingos para interpretar estos cantos.

Algo intrínseco mueve sus almas, las escuelas de técnica vocal pasan a un segundo plano. “Si estás desafinado, basta con hacerse al lado de uno de los ‘duros’ para comenzar a educar el oído, dice Eunise.

Es un día común entre semana y los casi 20 integrantes del coro han llegado después de sus rutinas cotidianas para calentar la voz y preparar las alabanzas, porque como ellos mismos lo dicen: “nosotros no interpretamos canciones, expresamos con la voz las necesidades y agradecimientos del alma”.

Foto: Cortesía Gobernación de San Andrés.

Niños, mujeres y hombres con la carpeta de sus alabanzas en mano, se disponen a hacer lo que más les gusta, sentirse libres y en paz con su interior. Francisco Palacio es uno de los integrantes del coro, su alegría caribeña no solo se refleja en su sonrisa, sino en el amor que le profesa a la naturaleza y a la vida, trabaja con el turismo hace mucho tiempo en la isla de Jhony Cay, pero su vida cambió hace dos años y medio, tiempo que lleva cantando en el coro.

“Quería sentirme en paz, en tranquilidad, la música te enriquece el alma y te llena de fuerza para seguir luchando. Alabar a Dios con mi cantar es la forma más pura de mostrarle mi amor”: dice Francisco casi contestando con un dejo de góspel en sus palabras.

La música, el canto y la danza en San Andrés y Providencia son tan importantes que hasta los funerales se vuelven un concierto como dice la directora May. En estas tierras se acostumbra a vestirse de blanco ante el difunto, velarlo en la casa y al momento de sacarlo hacia el cementerio, hacerlo por la puerta de atrás para que, según ellos, su alma nunca vuelva.

Acto póstumo, los cantos se hacen presentes en manifestación de agradecimiento por lo que fue en vida, las notas acompañan la partida y el sepulcro en dirección hacia donde sale el sol, pues según sus creencias, esto daría una oportunidad de reencarnación.

Foto: Cortesía Gobernación de San Andrés.

En este ‘Macondo en Esteroides’ como coloquialmente llama a la isla Edna Rueda, escritora raizal, sus habitantes tienen una forma diferente de nacer, crecer y de morir, pero todo ello acompañado de sonidos y cantos ancestrales que dan cuenta de la mezcla de la fuerza guerrera de los africanos y la religiosidad de los puritanos.

Shanina Murillo es una joven de tan solo 13 años, también hace parte del coro Cristo Salvador y que por iniciativa propia quiso involucrarse en el canto y la tradición de su gente. Todos los sábados después de realizar sus tareas y cumplir con los quehaceres de la casa, llega a la iglesia para ensayar los coros que ha repasado a lo largo de la semana.

“Para mí, los coros son una manera interpretar la Biblia de una manera diferente, de expresar la tristeza o alegría que tengas en tu corazón. No importa la edad, si sabes o no cantar, lo importante es tu amor por Dios y la vida”, asegura. .

Cae la noche y al calor no le importa. Al coro tampoco, todavía con el sudor en sus rostros siguen ensayando una y otra vez las canciones que presentarán en el Encuentro de Coros de las Islas. No es una competencia por cuál grupo cante mejor. No, esto es una sentida aglomeración de sus voces.

Foto: Cortesía Gobernación de San Andrés.

Basta con escuchar una sola canción para que la piel se comprima y los pulmones se queden sin aire ante tan sublime manifestación, sin importar la creencia que se profese, resulta arduo escapar de la emoción, de la conmoción por ir tanta sinergia de una voz con otra. Están ahí, de pie, uno seguido del otro, con la misma convicción de dar lo mejor de ellos y representar dignamente la tradición de su comunidad.

A lo largo del tiempo, estos cantos espirituales no solo han ayudado a mantener, fortalecer y reivindicar la identidad de los isleños, también han conseguido que mediante sus letras, ya sea en español, inglés o en creole, niños que practiquen esta actividad renovadora se formen integralmente para sus comunidades.

¿Y cómo lograr esto a través de un expresión cultural tan sencilla? Evidentemente Eunise tenía la respuesta como un poema en su cabeza: “La música toca el espíritu y sublimiza el alma, es fundamental para salvar la humanidad, para vivir en armonía y respetarnos los unos a los otros”.

La música góspel y los cantos religiosos son tan importantes para la comunidad raizal que son capaces de reunir a todo un pueblo, dichos encuentros convocan a diferentes religiones que se profesan en las islas, que se rigen por normas diferentes, pero que al final tienen un mismo objetivo: darle voz al alma. Esta diversidad de cultos que en siglos pasados fue responsable de guerras como Las Cruzadas, en el Caribe fue motivo de unión para expresarle al mundo quienes son y de dónde vienen.