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La poeta y escritora Mary Grueso es orirunda del municipio de Guapi (Cauca). Foto: Miguel Ángel Cortés.

Mary Grueso: el oficio de retratar al Pacífico colombiano a través de las palabras

Miguel Ángel Cortés

Por: Miguel Ángel Cortés

Para narrar al Pacífico colombiano siempre será necesario adentrarse en un mar de saberes y experiencias, que solo se adquieren con el tiempo. Se requiere andar descalzo por sus selvas y playas. Pero ante todo, vivir inmerso en una cultura negra que sobrevive a través de la palabra y la oralidad de sus historias.

Mary Grueso Romero nació en el corregimiento de Chuare Napi en Guapi (Cauca) y desde niña creció empapada de la historias populares de su pueblo. A su padre Wilfredo Romero, un narrador oral de oficio, le heredó el don de contar. Era a través de encuentros, que se volvían casi rituales, entre los niños guapireños de entonces.

“En este momento lo estoy viendo: sentado, contando y los demás niños escuchando. Había una casa donde iba a contar generalmente. Los cuentos se contaban por la noche y la gente tendía una serie de sábanas, cada uno se acostaba con la persona más cercana a escuchar los cuentos, hasta que nos íbamos quedando dormidos”, describe.

De ritual en ritual, de sueño en sueño y noche en noche, Mary iba aprendiendo historias como la de ‘Sebastiancito de la gracia’. Poco a poco, iba adoptando como forma de vida la fascinación por esas palabras que se volvían relatos, para recrear un universo de leyendas de la cultura afrocolombiana del Litoral.

“Antes se contaba y el que escuchaba iba aprendiendo porque nosotros todo lo hacíamos así. La narración oral es algo que si a usted le gusta, usted aprende y le pone esas ganas de hacerlo”, afirma.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

Hoy, con 71 años, Mary es conocida en el país como poeta, escritora y narradora oral a través de talleres, charlas y conferencias. Son más de 40 años de experiencia en los que sigue difundiendo su cultura por medio de las narraciones que cuentan la identidad de su región.

Se define como hija adoptiva de Buenaventura, municipio de Valle del Cauca, donde se hizo maestra y empezó a elaborar sus propias historias. Sus protagonistas eran sus propios estudiantes, a quienes capturaba en medio de un relato.

“De eso se trata, que a partir de los cuentos y las historias de su comunidad empiezan a adquirir conocimiento y a querer también contar y crear. Y además se sienten satisfechos, felices de ver que forman parte de esas historias”, asegura.

Paisajes, personajes y anécdotas que solo ocurren en el Pacífico son los que matizan y dan esos colores vivos a sus historias. Así se refleja en obras como ‘Del baúl a la escuela’, ‘Entre panela y confite’, ‘Cuando los ancestros llaman’, ‘El mar y tú’, ‘La muñeca negra’, entre otras.

“A través de mi relatos lo que trato de destacar un poco es una parte de la idiosincrasia del hombre y de la mujer negra, porque somos diferentes y también es diferente nuestra forma de expresarnos y nuestras culturas. Este país está dividido en regiones naturales y hay cinco regiones y cada una tiene su forma, su manera”, comenta.

Para esta docente su trabajo es promover que la oralidad es la base y columna vertebral para que su cultura no se pierda. Ahora estoy haciendo el paso de la oralidad a la escritura, porque sabe que lo oral tiende a perderse en el tiempo o a cambiar su esencia.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

“Yo estoy hablándole aquí y si no estuviese grabando, cuando fuera a contar, contaba diferente, algo le quitaba o le ponía para significar lo que yo le había dicho. Pero en lo escrito usted puede volver siempre”, puntualiza.

¿Qué de dónde soy?
Que de dónde soy me preguntan muchas veces
Soy una mujer negra del Pacífico colombiano
Donde muchos ríos descienden cantarinos, se anudan al mar con la misma dulzura a beber aguas al obre de sus entrañas
Donde los peces viajan insistentes en mi memoria y los alcatraces pescan esperanzas
Donde el viento se lleva el sonido del tambor y te trae el olor de la marea a lontananza
Donde la lluvia toca tu ventana para despertarte mientras arrulla las islas y las olas besan la arena en la playa con lamento obstinado.
Donde el sol sonríe al viento, mientras te pinta la piel de chocolate
Soy de ese mar donde los luceros navegan en Imbabura, cuando del cielo descienden sobre el agua y Dios viene de cuando en cuando a pasar vacaciones en sus playas...

También le ha dado rienda suelta a su pluma para crear versos y prosas que llevan el sello afrocolombiano, el anterior es su poema titulado ‘¿De dónde soy?’. Para declamar o relatar, su voz se alza, levanta el mentón, mira un punto fijo y al final de cada línea tiene esa terminación aguda en la voz que caracteriza a las mujeres de su raza.

“La narración oral no solo es para los niños del Pacífico, para todos los niños de este mundo. Viene desde la Antigua Grecia, donde tenemos a Esopo. La narración oral no es solo de los negros del Pacífico, sino que siempre ha estado en todas las culturas”, dice.

Mary cree en el impacto que tiene la narración oral, sostiene que en los pueblos del Pacífico se usa para poder contar y escuchar las historias, se unifican las comunidades. Allí se reúnen, afloran los sentimientos y se distraen de las circunstancias difíciles que estas regiones han vivido con temas como el abandono y el conflicto armado.

“La narración oral tiene el poder de afectar de forma positiva a la sociedad. Los cuentos no son simplemente por contar, sino que allí llega a una gran lección y unos grandes valores que han sido parte de la cultura del hombre y la mujer negra de este país”, concluye.