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Juan Gustavo Cobo, Piedad Bonnet, José Díaz Granados. Fotos: Colprensa.

Ocho poemas colombianos que lo atraparán

El amplio repertorio de los poetas colombianos siempre será una excusa para recordar la riqueza y tradición de este género en nuestro país, con gran variedad obras y estilos que evocan épocas, historias y personajes memorables.

A continuación, hacemos un recorrido por las obras más destacadas de poetas, que a través de su pluma han dado vida a piezas memorables:

Relato de Sergio Stepansky

¡Juego mi vida!
¡Bien poco valía!
¡La llevo perdida
sin remedio!

Erik Fjordsson.

Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida...

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo...

La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo...

León de Greiff

Lea el poema completo aquí

 

Morada al sur

En las noches mestizas que subían de la hierba,

jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,

estremecían la tierra con su casco de bronce.

Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

 

Después, de entre grandes hojas, salía lento el mundo.

La ancha tierra siempre cubierta con pieles de soles.

(Reyes habían ardido, reinas blancas, blandas,

sepultadas dentro de árboles gemían aún en la espesura).

 

Miraba el paisaje, sus ojos verdes, cándidos.

Una vaca sola, llena de grandes manchas,

revolcada en la noche de luna, cuando la luna sesga,

es como el pájaro toche en la rama, "llamita",

                                                  "manzana de miel".

Aurelio Arturo

Lea el poema completo aquí

          Los estudiantes

 Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas

y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño

y respiran su aire como recién nacidos,

los que buscan rincones para mejor amarse

y dulcemente eternos juegan ruleta rusa,

los estudiantes ávidos y locos y fervientes,

los de los tiernos cuellos listos frente a la espada,

las muchachas que exhiben sus muslos soleados

sus pechos, sus ombligos

perfectos e inocentes como oscuras corolas,

qué se hacen

mañana qué se hicieron

qué agujero

ayer se los tragó

bajo qué piel

callosa, triste, mustia

sobreviven.

Piedad Bonnett

Nudos

Encadenados a otros ojos,

presos de una risa,

cautivos de la esperanza,

los condenados

dilatan cualquier celda

con un único gesto válido.

Bien puede ser un pan

comprado juntos

o lo que comentan

sobre sus respectivas jaulas.

Mientras tanto

los cepos se cierran sobre sus ansias

y los guardianes

apenas advierten su fuga

en el globo libre de unas pocas palabras

con premura intercambiadas.

Abrazados en el aire

ni siquiera escuchan el coro

que repite con dulce serenidad extática:

“Nada me basta. Todo me sobra.

Sólo te quiero a ti: anudados”.

Juan Gustavo Cobo

Alba

Para mi loca vida, al mediodía

un día más día que todos el sol regó la lluvia

y el alba al mediodía aún era alba,

más sutil que un minuto transparente

y más minuto que un océano eterno.

Cisterna pura donde cabe mi ser entero,

mar de rocío que me acaricia incesante,

patria perenne de mi corazón,

jaula donde descansa para siempre mi alma.

Alba-luz, Alba-sol, Alba-marina,

Alba-día, Alba-siempre, Alba-del-alma,

Alba hoy, Alba-azul, Alba-de-julio,

Alba-amor, Alba-esposa, Alba-dormida,

Alba-verso, Alba-única, Alba-mía.

 

Navío, vasija, cueva, balandra de mis sueños,

gaveta donde guardo todos mis pensamientos,

cofre donde se esconde mi sonrisa,

donde moran mis ansias y mis recuerdos.

 

Alba, norte presente, norte eterno,

carne mía, mi sombra, mi gemela,

mi compañera loca, mi pulsera,

mi mágico aposento, mi pequeño castillo,

donde habita el amor definitivo.

José Luis Díaz-Granados

Instante

Ven a mirar conmigo

el final de la lluvia.

Caen las últimas gotas como

diamantes desprendidos

de la corona del invierno,

y nuevamente queda

desnudo el aire.

 

Pronto un rayo de sol

encenderá los verdes

del patio,

y saltarán al césped

una vez más los pájaros.

 

Ven conmigo y fijemos el instante

-mariposa de vidrio-

en esta página.

Meira Delmar

Patas arriba con la vida

Sé que voy a morir porque no amo ya nada.

Manuel Machado

Moriré mortal,

es decir habiendo pasado

por este mundo

sin romperlo ni mancharlo.

No inventé ningún vicio,

pero gocé de todas las virtudes:

arrendé mi alma

a la hipocresía: he traficado

con las palabras,

con los gestos, con el silencio;

cedí a la mentira:

he esperado la esperanza,

he amado el amor,

y hasta algún día pronuncié

la palabra Patria;

acepté el engaño:

he sido madre, ciudadana,

hija de familia, amiga,

compañera, amante.

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María Mercedes Carranza

Canción de la vida profunda

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,

como las leves briznas al viento y al azar...

Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...

La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar...

 

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,

como en Abril el campo, que tiembla de pasión;

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,

el alma está brotando florestas de ilusión.

 

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,

como la entraña obscura de obscuro pedernal;

la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,

en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Porfirio Barba Jacob

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