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Foto: Colprensa. septiembre de 2020

Encuentros: La salud de las mujeres indígenas e iniciativas binacionales

Por: Karen Pinto.

El Día Internacional de la Mujer Indígena se conmemora cada 5 de septiembre para rendir tributo y visibilizar a las mujeres indígenas del mundo. Se instituyó durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tiahuanacu, Bolivia en 1983.

La fecha conmemora a Bartolina Sisa, quien fue asesinada el 5 de septiembre de 1782 tras liderar una sublevación indígena contra la corona española. Pero las experiencias de vida de mujeres indígenas en la actualidad, como la de Deris Paz una Indígena wayú de Maicao, Guajira, indica que la contienda por defender sus derechos persiste aun después de dos siglos “las wayú están en pie de lucha y resistencia, defendiendo a sus hijos y ahora ya no solo de actores armados sino también de la pandemia y del abandono estatal” es lo que afirma Deris Paz, coordinadora de derechos humanos de la ‘Organización Fuerza de Mujeres Wayuu’.

Conforme al brochure de 2017 ‘Mujeres indígenas’ de la Organización de los Estados Americanos (OEA): “la discriminación de las mujeres indígenas por motivos de sexo y género está unida de manera indivisible a otros factores, como la raza, el origen étnico, las creencias, la salud, el estatus, la edad, la clase, la orientación sexual y la identidad de género”. Esto demuestra que la resistencia no es un asunto que ya terminó, sino que actualmente las mujeres indígenas siguen luchando por sus derechos ante la pluralidad de opresiones que atraviesan sus condiciones de vida.

Por ello, la Comisión Interamericana De Derechos Humanos (CIDH), propone los principios que garantizan el pleno acceso de las mujeres indígenas a sus derechos, siendo los principales: el enfoque holístico para abordar las formas múltiples de discriminación; el entenderlas como actoras empoderadas y no solo como víctimas; y la aplicación de la interseccionalidad y la autodeterminación.

De acuerdo con el informe “Las Mujeres Indígenas y sus Derechos Humanos en las Américas” de la CIDH, las mujeres indígenas suelen ser víctimas de violencia en contextos específicos, como los conflictos armados, la migración y el desplazamiento. Este es el caso de Deris Paz quien fue víctima del conflicto armado colombiano, y sus victimarios no le permitieron habitar su territorio, ni hablar su lengua wayuunaiki, lo que representa un ataque a su identidad y cultura indígena.

Sumado al contexto en el que ha vivido, Deris Paz considera que en su entorno hay algunos factores de riesgo “las mujeres indígenas están en peligro de perder su equilibrio emocional y psico-espiritual ya que son quienes están pendientes de los otros miembros de la familia”. Lo que en algunos casos representa asumir varios roles dentro del hogar.

Iniciativas garantes de derechos desde la perspectiva indígena

Según el censo de 2018 del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), existen 115 pueblos nativos en Colombia y los cuatro pueblos indígenas más numerosos del país (Wayuu, Zenú, Nasa y Pastos) concentran el 58,1% de la población indígena de la nación. 

Justo al extremo geográfico del país del pueblo wayú, se encuentra Edith Bastidas, indígena del pueblo Pastos, abogada, especialista en Derecho Constitucional y Parlamentario y Magíster en Estudios Políticos, quien considera que la participación plena y efectiva de las mujeres indígenas en la toma de decisiones sobre las tierras y los recursos, es lo que garantiza el cumplimiento de sus derechos. 

En las estadísticas del Dane el pueblo pastos es el tercero más numeroso en Colombia después de los Wayú y los Nasa. Su población habita en Nariño, Putumayo y en el norte de Ecuador, pero a los indígenas pastos del vecino país Edith simplemente los llama ‘los hermanos del otro lado del río’.

En este contexto fronterizo surge la iniciativa binacional ‘Comunidades Protectoras’ implementada por ONU Mujeres, UNICEF y ACNUR, y con el apoyo de Peacebuilding Fund. Este proyecto articula la formación a las mujeres en torno a sus derechos y la inclusión de los hombres como aliados de la igualdad de género.

Otros avances hacia la promoción de los derechos de las mujeres indígenas de esta región es la escuela de formación ‘Soy Rosita, soy mujer, soy campesina, soy indígena’ sobre la prevención, protección y atención de las violencias basadas en género, que se desarrolla en Cumbal, Nariño.

Estas apuestas de trabajo pretenden mejorar la calidad de vida de las mujeres indígenas. Para Edith, la creación de la Secretaría de la Mujer ha contribuido a dar una mirada a las menores de edad “este espacio ha generado que las niñas aprendan sobre tejidos, medicina, danza, música y demás tradiciones de la cultura”.

En la vereda Chunga del Municipio de San Francisco, Putumayo, departamento contiguo de Nariño, vive Nora Muyuy, indígena inga que cree que estos proyectos “que conservan sus tradiciones, son una forma de empoderamiento de la mujer indígena”. Nora es administradora de empresas y creadora de la agencia de viajes ‘Exploremos Putumayo’, la cual busca dar a conocer su territorio y cuidar la biodiversidad del mismo, siendo un ejemplo para las niñas indígenas, quienes serán las futuras autoridades ambientales de su región.

Lastimosamente esta iniciativa fue truncada por la pandemia del coronavirus ya que el sector turístico ha sido uno de los más golpeados y está en proceso de reactivación.

La salud de las mujeres indígenas 

Aparte de las consecuencias económicas que ha traído la pandemia del coronavirus, “el acceso a los servicios de salud se ha complicado, a pesar de los esfuerzos por intentar administrar comunitariamente la atención médica colombiana”, dice Myrna Cunningham, indígena miskita de Nicaragua y médica cirujana, sobre el aumento de vulnerabilidad de las comunidades indígenas más alejadas de los centros de salud.

 Además de la Covid 19, la doctora Cunningham, recuerda que otras enfermedades como el dengue siguen presentes en estas comunidades y no se les puede restar atención. Asimismo, en los últimos tiempos “también se han generado problemas cardiovasculares producto de los cambios de estilo de vida por los que algunos indígenas pasan, y han aumentado los problemas de salud mental” (que en ocasiones desembocan en suicidios mayoritariamente en los más jóvenes), cuenta Myrna, y específicamente de la salud de las mujeres dice que los asuntos más preocupantes son el embarazo adolescente y la mortalidad materna.

Ante la pandemia, el retroceso en el acceso a la salud parece inminente, pero para la doctora Cunningham, quien también es la presidenta del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), este día Internacional de la Mujer Indígena es una oportunidad para que los gobiernos vean la necesidad de mejorar la accesibilidad de esta población a la salud y se visibilicen los aportes que las mujeres indígenas están llevan a cabo en sus comunidades.

Estas aspiraciones de la FILAC se condensan en la articulación adecuada entre las prácticas de medicina tradicional de los pueblos indígenas con los servicios de salud pública, los cuales según Myrna “avanzan en términos legislativos pero en la práctica no se ve la accesibilidad a servicios de salud interculturales”.

Este trabajo articulado lo conoce de primera mano Leidy Hurtado Muelas, una mujer indígena, médica de la universidad del Cauca y miembro del equipo de salud misak del Cabildo de Guambia en Silvia, Cauca; quien también indica que por ser mujer indígena ha pasado por muchas dificultades.

Algunas de estos obstáculos se presentan en su área laboral, Leidy Hurtado considera que “el trabajo en conjunto de las autoridades comunitarias con los conocedores de medicina tradicional es un aspecto de vital importancia”, lo que coincide con uno de los principios de la CIDH ‘la incorporación sus perspectivas’ lo que significa tener en cuenta la cosmovisión y las ideas de las mujeres indígenas en todos los ámbitos que las afectan.

Por el momento, Leidy Hurtado seguirá aportando sus saberes en la IPS Mama Dominga en Silvia, Cauca, con el objetivo de revitalizar la salud propia de la comunidad misak. Así como muchas mujeres indígenas también siguen trabajando desde sus conocimientos y experiencias por la garantía de sus derechos dentro y fuera de sus comunidades.