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Fotos: Juan Cristóbal Cobo.

“El día que no sienta el dolor de las víctimas, ese día me retiraré”: Gervasio Sánchez

Laura Quiceno

Por Laura Quiceno. Editora web Radio Nacional de Colombia.

Tw @Lauquiceno

La fotografía: un halo de luz atraviesa la biblioteca en ruinas de Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), los anaqueles que solían contener los relatos de esa Europa antiquísima son ahora cenizas. Gervasio toma algunas fotos en el interior, sale apresurado y afuera se da cuenta que no había ajustado correctamente la cámara, ingresa de nuevo al que fuera un santuario de libros y registra de manera única un momento que resume la paradoja de la guerra: la belleza en la destrucción.  

Foto: Juan Cristóbal Cobo.

“Llegué a Sarajevo unos tres o cuatro días después junto con un compañero que trabajaba entonces para el diario El País (España), Alfonso Armada. Fuimos los primeros que entramos en la biblioteca destruida, porque un muchachito de cinco años que se llamaba Edo nos enseñó el camino para entrar sin que nos estrellásemos contra el suelo porque aquello estaba lleno de hierros retorcidos. Ahí fue donde vi las estanterías con libros que parecían que estaban todavía en su lugar y cuando los tapaba se desmoronaban, eran pura ceniza y me quedé muy impresionado, íbamos andando, por una especie de nube de ceniza que nos llegaba por el medio de la rodilla y eso fue espectacular. Eso pasó en agosto del 92 y el primer domingo de julio del 93 yo entré en la Biblioteca de Sarajevo una vez más de las miles de veces que había entrado y percibí que había una luz muy bonita. Tomé una serie de fotografías, aunque había algo que me llamó la atención, estaba viendo que estaba disparando a una velocidad y a una apertura de diafragma que no coincidía con la luz, tenía un poquito de prisa y al salir a la calle y al hacer otra fotografía me di cuenta que el ASA de la película estaba cambiado, en vez de tenerlo a 400 ASA, lo tenía a 100 ASA. Con lo cual me di cuenta que había errado la exposición en el interior y entré corriendo de nuevo, de repente cuando estaba a punto de hacer la fotografía me apareció el haz de luz, que le da a la fotografía un atmosfera muy peculiar y muy asombrosa. Estás viendo la destrucción pero al mismo tiempo la belleza y es una biblioteca que la fotografió todo el mundo que fue a Sarajevo, pero solamente yo la fotografié con un haz de luz”, señala Gervasio en una sala de reuniones de un sexto piso en Bogotá, mientras narra de nuevo la historia de una foto imprescindible para él.

Volver, regresar, son sinónimos de su obra, la coyuntura, la noticia “en caliente”, la fecha de entrega inaplazable de un editor o un diario, son esquemas que rompió este fotógrafo español que ha relatado las vidas de tres personas heridas por la guerra durante décadas: el bosnio Adis Smajic, Sofia Elface de Mozambique y Mónica Paola Ojeda de Colombia.

Hay una palabra que siempre usa y es volver, ¿por qué regresar a esas historias donde ocurrió la noticia, por qué siempre regresar a esos personajes?

Porque la guerra no acaba cuando dice Wikipedia, la guerra acaba cuando las consecuencias se superan y las consecuencias de una guerra pueden durar incluso décadas después de haberse firmado la paz. La paz no es un cheque en blanco que todo lo soluciona, la paz es siempre imperfecta y por suerte supera la guerra que siempre es perfecta. Hay que buscar formas de que todos los ciudadanos que han sido golpeados por el conflicto se sientan mejor con la paz que con la guerra, sientan que pueden justificar que estemos en paz porque nuestra vida ha mejorado, por eso me gusta mucho volver a los sitios para ver qué ha ocurrido años después, para ver si la paz se ha establecido, como decía el título de una novela de un escritor después de la Guerra Civil española, para ver si la paz ha estallado.

Foto: Juan Cristóbal Cobo

¿Cuántas veces ha regresado a Sarajevo?

A Sarajevo he vuelto decenas de veces, desde 1995 que acabó la guerra según Wikipedia, siempre insisto mucho porque lo de Wikipedia es hacer ver que no se acaba una guerra porque se haya firmado un papel. He vuelto cientos de veces, como ver los restos del conflicto después de ver las paredes salpicadas por metralla, las casas destruidas eran restauradas, pero siempre me ha dado la sensación de que hay algo de lo que pasó en la guerra que sigue presente en la vida de los ciudadanos, que siguen en la memoria de la gente que vivió la guerra. Sigue estando muy presente ese conflicto que destruyó unas partes de sus vidas y en algunos casos para siempre porque sufrieron en propia carne con la muerte de familiares o con heridas grandísimas las consecuencias de la guerra.

En cincuenta años del conflicto en Colombia no solo desde la fotografía sino también desde el arte hay muchas imágenes con el registro de los hechos más violentos, ahora que estamos en posconflicto, ¿ese registro cómo se debe hacer?

Primero, decirte que el registro que se ha hecho de la Colombia en guerra en los últimos 20 años desde mi punto de vista ha sido muy pobre, aquí ha habido muy pocos periodistas serios, que hayan ido a los escenarios donde pasa el conflicto. Hay muchos periodistas que hablan del conflicto sin saber lo que es el conflicto, que se creen que porque están en Bogotá y tienen una radio o televisión a su entera disposición pueden contar al público lo que es un conflicto. Los conflictos se saben y se conocen cuando se viven. Me hubiera gustado que en vez de un Jesús Abad Colorado, grandísimo fotógrafo, hubiera habido 50, o 100 o 300 periodistas que hubieran hecho el trabajo que ha hecho Jesús, pero no, Jesús ha habido muy pocos; también es verdad que cuando llegué por primera vez a Colombia hace más de 25 años, estoy hablando de 1989, 1990, aquí había un periodismo bastante mejor de lo que hay ahora, había un periodismo radiofónico y televisivo, incluso literario que era bastante mejor y por eso había muchos periodistas amenazados de muerte. Todavía recuerdo cuando el país con más periodistas muertos en América Latina era Colombia, no como ahora que es México y muchos periodistas seguramente han dejado de hacer trabajos peligrosos, o han dejado de investigar porque sabían muy bien que si investigaban podrían sufrir las consecuencias en su propia cara.

Me gustaría que a partir de ahora en el posconflicto se vuelva a activar el periodismo de calidad, que los periodistas de los medios centralizados en Bogotá dejen de hablar del conflicto desde Bogotá, haciendo llamadas telefónicas a provincia y se muevan por el país y vayan verdaderamente a las zonas donde el país sufrió las consecuencias del conflicto y sobre todo que esas buenas historias que deberían hacerse hagan creer al público colombiano que siempre es mejor la paz imperfecta que la guerra perfecta.

Quería hablar de Adis pero voy a ir a Mónica Paola Ojeda, ¿qué ha pasado con ella en este tiempo? Es uno de sus retratos más conmovedores.

Mónica Paola sufrió el impacto de una mina en 2003 cuando era una niña de ocho años, cuando volvía del colegio en el San Pablo, Magdalena medio, Sur de Bolívar y se quedó ciega, sin una mano y a punto de morir. Posteriormente yo la encontré en una fundación en Bucaramanga y la verdad es que su vida ha sido una vida hasta 21 años que tiene ya y sigue viviendo en San Pablo, una vida en la que no solamente se le destrozó la infancia, la adolescencia, se le ha impedido estudiar como una niña normal y corriente, se le ha impedido crecer como una niña más en este país, sino que incluso es un caso clarísimo de la irresponsabilidad del Gobierno colombiano con las víctimas. Se llenan la boca diciendo: vamos a apoyar a las víctimas y luego hay víctimas como ella que nunca han recibido una ayuda seria del Estado, la única ayuda ha sido la de algunas personas, pero al final la única manera de ayudar y de acabar con el sufrimiento y de ayudar realmente a la víctima tiene que ser a través de proyectos realizados por el Estado y esto no ha ocurrido. A mí me gustaría que la historia de Mónica Paola sirviera para hacer entender al Estado colombiano que si su actitud ante las victimas va a ser exactamente la misma a la de Mónica Paola, que no engañen al público que eso y cero es lo mismo y que intenten por todos los medios buscar formas de planificar mejor la ayuda a las víctimas del conflicto armado.

¿Las mujeres se muestran más vulnerables ante la cámara, cuál es ese manejo ante una mujer que ha sido víctima?

Yo creo que cualquier tema que uno toca en el periodismo, sobre todo cuando hablas con víctimas tienes que intentar acercarte al tema con la responsabilidad que se merece cualquier tema, con rigurosidad  y hay que intentar tratar a la gente con la dignidad que se merece. Entonces entrevistar a mujeres violadas que te van a contar sus violaciones y te van a hablar de lo que ha ocurrido de sus vejaciones es muy duro. Creo que como hombre o mujer si haces un trabajo con la misma sensibilidad al final las personas confían en ti y de hecho todas las personas con las que yo hablé quisieron hablar conmigo porque me imagino que les habían contado que yo era un periodista que me iba a tomar el tema en serio y no iba a jugar con el morbo. Pero es verdad que cada entrevista fue un latigazo de dolor, fueron duras, todas estas entrevistas acaban en un reguero de lágrimas y no solamente por parte de las víctimas sino también por parte de otras personas presentes y que te cuenten como han sido maltratadas o han sido vejadas o han sido golpeadas violentamente por hombres que han utilizado el sexo para hacerles daño, es algo que muestra hasta donde es posible llegar cuando se está en una situación de inseguridad jurídica por culpa de la guerra.

¿Qué le producían las salas de redacción en los primeros años en los que empezó a ser fotoperiodista a las salas de redacción ahora?

Yo creo que a mi edad sigo manteniendo esta especie de idea de que a los temas hay que arriesgarse con rigor y sobre todo con sensibilidad. El día que yo no sienta el dolor de las víctimas, ese día me retiraré, me iré a hacer otras cosas, cosa que no ha ocurrido y tengo ya 58 años, el día que no sienta en mi interior el dolor de las víctimas, sé que no voy a poder transmitir con decencia, independientemente de las buenas fotos que pueda hacer, de lo bien que escriba, que dé en la radio o la televisión, ha sido un trabajo en el que los protagonistas son personas que han sido golpeadas violentamente por injusticias tremendas. Tú te acercas porque ellos te permiten abrir las puertas de sus vidas, en las que tu penetras para saber que ha pasado, te están contando parte de su intimidad y tú tienes que actuar con mucho cuidado para no dañarlas más. Un periodista no puede ser un agresor más, a veces los periodistas vamos a los sitios creyéndonos protagonistas, y lo único que nos interesa es sacar una foto, sacar una declaración y nos vamos porque ya hemos acabado nuestro trabajo y eso es una falta de respeto a las víctimas, las víctimas se merecen el respeto, el acercamiento.

Foto: Juan Cristóbal Cobo.

¿“Algo de mí ha muerto en cada conflicto”, en todos estos años que no ha muerto o qué permanece?

Yo creo que cuando decía antes que si no estás dispuesto a sentir en tu interior el impacto de la violencia y el dolor de las víctimas no vas a poder transmitir con decencia es porque creo que a este tipo de lugares hay que ir sabiendo que vas a pagar un alto precio, personal, mental, de memoria. Vas a encontrarte lo peor del ser humano, vas a encontrarte al hombre que siempre prefiere matar antes que morir. He conocido muy poca gente que prefiera morir antes de matar, casi todos prefieren matar antes que morir por pura supervivencia, vas a encontrarte que cuando todo se desmorona los seres humanos nos convertimos en seres atroces, en alimañas, que podemos hacer lo que menos nos podemos imaginar, incluso personas que en su vida normal antes de la guerra eran grises, que en su vida normal no habían hecho nada antes de la guerra, nada importante desde el punto de vista positivo o negativo eran personas del montón, se acaban convirtiendo en asesinos cuando todo estalla en mil pedazos. Entonces tú tienes que ir a sitios donde vas a ver cosas brutales y pienso que algo de ti acaba muriendo para siempre en cada conflicto armado, es el precio que uno acaba pagando, la insistencia de documentar historias tan trágicas acaba pasándote una especie de factura. Es verdad que me gustaría ser más optimista y pensar: con el paso de los años y las décadas, las guerras van a acabarse en el mundo, pero me temó que vamos a seguir matándonos unos a otros, que tenemos una incapacidad para vivir en paz impresionante. A principio del año pasado una antropóloga forense argentina encontró pruebas fehacientes y claras en varios cuerpos que desenterró de hace 10.000 años en el lago Turkanam, de mujeres y niños que habían sido brutalmente asesinados. Es decir, desde hace 10.000 años hay pruebas de que los seres humanos se han matado entre ellos y han perseguido a las personas más débiles, los niños y las mujeres, y esto va a seguir ocurriendo. Uno quiere trabajar en este tipo de lugares intentando mantener la coherencia, intentando hacer bien tu trabajo, intentando mirarte en la mañana y mirarte al espejo y no tener que llamarte hijo de puta porque has hecho algo ilegal, has engañado, has maltratado a alguien, has hecho un montaje fotográfico como muchas personas hacen a menudo en la guerra o no en la guerra y mantener un poco tu coherencia, no queda de otra y pensar que tu trabajo, si no sirve para nada, por lo menos sirve para salvaguardar tu propia conciencia.

Escuche aquí la entrevista completa con Gervasio Sánchez: