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Portada de 'Interlude'. Cuarenta años después, este disco tiene una nueva oportunidad gracias a la reedición del sello inglés Expansion.

De nuevo en circulación ‘Interlude’, el primer disco de Justo Almario

Por: Luis Daniel Vega

A mediados de los sesenta, el empresario Chucho Conga Fernández organizó la orquesta Cumbia Colombia para atender una temporada de conciertos en Miami. Antes de partir a los Estados Unidos, Fernández hizo tomar una foto bajo el ala del avión. El único registro visual del contingente sirvió para la portada de dos discos publicados por el sello Philips en 1965.

Si aguzamos bien el ojo, alcanzamos a ver que el sexto, contando de derecha a izquierda, es un muchachito cuyo imberbe rostro nos resulta muy familiar: se trata del saxofonista sincelejano Justo Almario, quien en ese entonces contaba con tan solo 16 años de edad.

A la orquesta no le fue bien en su empeño y se desintegró al poco tiempo. Unos, como su director musical, el pianista cartagenero Joe Madrid, se quedaron, mientras otros, como el joven saxofonista, retornaron a casa con tarjeta de residencia incluida. La utilizaría para ingresar de nuevo a territorio estadounidense cuatro años más tarde, cuando, por consejo de Antonio María Peñaloza, Justo Almario emprendió de nuevo un viaje que esta vez no tendría retorno a Colombia.

Luego de ganar una beca para estudiar en el prestigioso Berklee College of Music y de tocar temporalmente en la orquesta de Duke Ellington, en 1971 su naciente carrera tuvo un giro radical al ser contactado por una estrella del jazz latino. Almario le contó los pormenores del suceso al malogrado periodista barranquillero Rafael Bassi Labarrera:

“Al año y medio de estar viviendo en Boston, recibo una llamada de Mongo Santamaría que venía a Boston y necesitaba un saxofonista. Me invita a trabajar con él esa noche. Eso fue a las 6 de la tarde y la presentación era a las 9 de la noche. Yo asustado. Se suponía que iba a tocar una sola noche, pero Mongo me pidió que me quedara toda la semana. Recuerdo que Edy Martínez era el pianista del grupo. Como era verano me fui con Mongo a Nueva York con el compromiso de regresar a Berklee, pero no regresé”.

Al frente de la dirección musical de la banda de Mongo Santamaría, grabó seis discos entre 1973 y 1980. Dentro de esa fructífera cosecha se encuentra ‘Live at Yankee Stadium’ (1974), una grabación que contiene el legendario concierto grabado la noche del 3 de agosto de 1973. En la antesala de un apoteósico festín que incluía al Gran Combo y la Fania All Stars,

Almario se despachó enérgicas improvisaciones que delatan tanto al niño que escuchaba con atención a la orquesta de Pello Torres en el solar de su casa como al enérgico saxofonista que veneraba a Cannonball Adderley.

Antes de fijar su residencia definitiva en Los Angeles, California, Justo Almario fue solicitado para asesorar a Charles Mingus en un extravagante proyecto musical del energúmeno contrabajista, a quien se le había metido en la cabeza hacer un disco que mezclara jazz con cumbia.

Según Jaime Andrés Monsalve en su relato ‘Los años cumbieros de Mingus’, Almario llegó a las sesiones de audición y ensayo con discos de Los Gaiteros de San Jacinto, Lucho Bermúdez y Pello Torres. A la sazón, el que había hecho de consejero no pudo asistir a la grabación de ‘Cumbia & Jazz Fusion’ (1977), pues se le cruzó con una gira con Santamaría. “A mí, Mongo me acogió como un hijo, yo le tenía mucha lealtad. Mingus se molestó cuando le dije que no podía asistir. Y era un hombre de gritar. Le pregunté si había manera de posponer la grabación, y fue peor…”, le contó el saxofonista al cronista.

Se mudó a Los Angeles, en 1980 cuando hacía parte de Ubiquity, la famosa banda liderada por Roy Ayers, un vibrafonista que en ese momento gozaba de amplio reconocimiento en la escena del funk y el jazz discotequero.  Ayers llevó a buen puerto la renta de aquel éxito y fundó Uno Melodic Records, su compañía fonográfica cuya tercera referencia fue el debut de Justo Almario. Tendría que pasar más de una década para que el sincelejano, luego de ir a probar fortuna fuera de su comarca, resumiera su potente sonido en un disco firmado a su nombre.

Producido por Ayers, ‘Interlude’ (1981) –como fue titulada- se convirtió en una rareza dado que el sello, a pesar del buen nombre de su anfitrión, tuvo un tiraje muy escaso y no sobrepasó las fronteras de Los Angeles, ciudad en la que Almario se consolidó más adelante con Koinoia y Tolú, dos proyectos que emprendió junto al baterista peruano Alex Acuña.

Cuarenta años después, ‘Interlude’ tiene una nueva oportunidad gracias a la reedición facsimilar publicada recientemente por el sello inglés Expansion. Para los que buscamos obsesivamente las piezas sueltas de la discografía del jazz colombiano, esta noticia no es menor si tenemos en cuenta que se trata de un documento escurridizo -por cierto, muy costoso en su edición original- en el que sale a flote la afinidad del saxofonista por el smooth jazz, el funk, los sonidos afrolatinos y su intacta devoción por el hard bop. Esto último queda evidenciado en ‘Sir John’, una pieza serpenteante atravesada por el espíritu de John Coltrane. ¡Atención al vertiginoso desempeño de Almario en el saxo soprano!

Con todo esto, dichosos posaremos la aguja en sus microscópicas hendiduras.