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Foto: Juan Ricardo Pulido.

Bichacue Yath, el monte que está vendiendo Tomás

Juan Ricardo Pulido

Por: Juan Ricardo Pulido.

María Cristina es caleña, nos conocimos hace poco más de un año en un viaje por el Caribe. En esta oportunidad ella hacia parte de las personas que nos guiaban en el recorrido por la sucursal del cielo, en su ciudad. La noche anterior al momento de despedirnos me dijo: “Juan, tienes que conocer a Tomás, es un gran personaje”.

La mañana siguiente salimos de la ciudad, dejamos la Calle Quinta que conocimos en la canción y viajamos hacia Buenaventura, la que también tiene canción. Por cerca de 40 minutos nos fuimos alejando de la ciudad, de la Cali bella y nos internamos en la cordillera occidental, buscábamos un lugar conocido como Bichacue Yath, en dialecto paez "santuario de aves", pero que resulta ser mucho más que eso. 

Foto: Juan Ricardo Pulido.

“Mi nombre es Tomás Muñoz, vengo del Cauca y llegué aquí a la vereda La Leonera en 1976 cuando no había ninguna de esas cosas que nosotros llamamos modernidad. Solamente había bosque y eso hizo que me enamorara de estos lugares”.

La vereda La Leonera, junto con El Pato, El Porvenir y El Pajuil, constituyen el corregimiento La Leonera, uno de los 15 que conforman la zona rural de Santiago de Cali. La vereda se encuentra ubicada en la falda de la montaña donde se hospeda el Parque Nacional Natural Farallones de Cali, es casi su puerta de entrada. Allí conocí a Tomás, un gran personaje.

Foto: Juan Ricardo Pulido.

Dejamos la vía principal y Cris nos guió hasta el portón donde nos esperaba Tomás. Caminamos unos pocos minutos y lo vimos a él. Vestía un overol verde ya desgastado, botas pantaneras, gafas oscuras, redondas, con marco dorado y un sombrero pesquero de un extraño camuflado que combinaba rojo y naranja con el mismo desgastado de su overol. Su barba modestamente poblada da cuenta ya de su sabiduría cosechada con el tiempo. Saludó brevemente y en seguida se robó toda nuestra atención, tenía en su mano una especie de báculo con una curvatura en la punta más ancha, un par de remiendos, un rejo pendiendo de los extremos, y algunos elementos decorativos en los que apenas pude identificar un par de plumas.

Levantó lo que hasta ese momento era para mí un cayado, lo extendió como alejándolo desde su rostro, se llevó el extremo más delgado a la boca y lo hizo sonar. Se escuchó un sonido profundo y extenso que mantuvo con el aire que alcanzó a recoger mientras nos saludaba. Así nos recibió, con el sonido del cuerno de una vaca. Tomás le ha hecho una extensión de bambú que le ayuda a propagar mejor el llamado o la bienvenida.

Foto: Juan Ricardo Pulido.

“Este cuerno es de mi ancestro celta. Hace algún tiempo nos visitaron un grupo de extranjeros y quedaron fascinados con el recibimiento del sonido del cuerno, entonces decretamos que en adelante a todos los visitantes los recibiríamos con este sonido, como una especie de bienvenida”.

Así empezó este recorrido maravilloso por Bichacue Yath, el espacio que se ha convertido en uno de los más reconocidos y fascinantes destinos de Cali. Es un lugar privilegiado para el ecoturismo, avistamiento de aves, y educación ambiental. La tradición oral Tomas Muñoz va acompañando el recorrido mientras habla de leyendas, medio ambiente, valores, sociedad, remedios ancestrales, su vida, todo forma parte de la puesta en escena con la que Tomás atrapa a los visitantes. Arranca su caminata y los va llevando de a poco por los senderos que él mismo ha ido construyendo. Como una enredadera, envuelve a los visitantes en un cuento que no tiene más objetivo que acercarnos a la tierra, remover nuestras raíces y en el mejor de los casos crear algo de conciencia.

Foto: Juan Ricardo Pulido.

Es un bosque lleno de arte. Una especie de intervención artística. Se encuentran sorprendentes figuras hechas en barro, guarnecidas con musgo, árboles y rocas, que se confunden con el monte. Son personajes fantásticos, rostros, un pozo, un zapato;  todo puede ser parte del paisaje y todo se convierte en arte.   

“Lo primero que me dijeron es que nadie iba a venir a ver este monte, y yo les dije, pues yo voy a vender monte, así de sencillo. Y estamos vendiendo monte”, comenta Tomas.

Foto: Juan Ricardo Pulido.

Pero no se vende el monte como tradicionalmente se hace. No se vende con escrituras, no se fragmenta, ni se arranca a pedacitos. Más bien se enamora al visitante del monte. Se reconstruye una relación entre la madre y nosotros sus hijos. Eso hace Tomas, o al menos eso aspira a hacer con cada uno de los visitantes.

Todo esto ocurre en Bichacue Yath, en el corregimiento La Leonera de la ciudad de Cali. A escasos 40 minutos del centro de Cali, reposa una oportunidad inigualable de ese nuevo agro-eco-turismo que ya empieza a dar frutos.