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Foto: César Llanos Chacón / Tiger es un jaguar que fue entregado a Cabildo Verde, en Sabana de Torres, cuando tenía apenas tres meses de nacido. Hoy cumple ocho años en esta reserva.

Historia de una reserva que sobrevivió al conflicto

Por: Angélica Blanco Ríos.

Cuenta James Murillo Osorio que Tiger tiene ocho años, pero cuando narra la historia de este jaguar, juguetón y amigable, su voz se entrecorta. Dice que nunca va a olvidar las condiciones en las que llegó: “era un cachorro de tres meses, a su mamá la había matado un mayordomo, porque la descubrieron comiéndose el ganado de una finca en Barrancabermeja. Él estaba enfermo. Lo entregaron junto a su hermana, que días después murió y hoy lo miro y es como si no hubiese pasado el tiempo. Me acuerdo cuando lo alimentaban con tetero, ahora se come 10 kilos de carne diarios”, añade.

James, es el director de la organización Cabildo Verde, reserva que desde hace 28 años (desde 1989) se convirtió en el hogar de miles de especies amenazadas en el Magdalena Medio y de diferentes zonas de Santander, entre ellas Sabana de Torres, pueblito en donde yace esta ONG. Este territorio es uno de los más jóvenes del departamento, al cual se llega luego de recorrer 110 kilometros desde Bucaramanga.

Allá, huele a palma, pues estos cultivos rodean al municipio, también a leche, por ser territorio lechero por excelencia y a pasto, ese del que recién cortado, se alimentan los animales que tienen como menú esta planta en el Cabildo Verde.

James explica que la reserva, que cuenta con 630 hectáreas de bosque protegido y en donde se pasean por sus senderos, como lo reza la famosa frase “como pedro por su casa”: aves, culebras, osos hormigueros, primates, nutrias, venados de cola blanca, felinos, tortugas y cerdos de monte. La reserva se recorre en 12 horas o si se quiere detallar a cada una de las especies y conocerlas de cerca, “se tomarían hasta dos días en el recorrido”, comenta.    

Foto: Jenny Palencia.

Sus visitantes, casi siempre son estudiantes, amantes de los temas de conservación, ambientalistas o habitantes de Sabana de Torres. Este municipio fue fundado el 29 de noviembre de 1973, pero antes de esa fecha era un corregimiento de Puerto Wilches, en donde soportaron el conflicto armado (por el que también pasaron otras poblaciones del Magdalena Medio), al ser escenarios de guerrillas como las Farc, ELN, M19 y otros grupos, que no hace mucho decidieron partir y dejar que quienes vivieron para contarlo, guarden las inolvidables historias que escribió la guerra en sus memorias.

Según un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, Sabana de Torres, en donde el sol pega fuerte a diario, como en las demás zonas que se asientan sobre el Magdalena Medio, fue una de las locaciones en donde el Eln perpetró sus más fuertes acciones en los 90, fecha para la que Cabildo Verde apenas cumplía un año de fundada, pero mucho tiempo de pensada.

Esta organización empezó su labor como empiezan todas las luchas ambientales, con historias, que se convirtieron paso a paso en un anhelo de “rescatar y preservar a quienes no tienen voz, pero sí tienen alma”, asegura Miguel Paredes, ecólogo colombiano que conoce de cerca el trabajo de la organización y que, por casualidades de la vida, lleva como apellido el mismo nombre de la ciénaga más amada y cuidada por los sabaneros: la de ‘Paredes’.

“La historia de Cabildo Verde nace con el apoyo del Estado, pues es una organización civil que tenía el mismo propósito por el que luchamos hoy: cuidar los recursos naturales de la zona y a las especies que viven en ella. Para nadie es un secreto que acá la guerra hizo de las suyas, pero supimos como sobrellevar las circunstancias. Acá sus habitantes no tenían tiempo para pensar en el medio ambiente y en lo que esto generaba en la naturaleza. Lo más bonito de la Sabana de Torres actual es ver como gente con la que yo crecí, se interesa por lo que hacemos y haremos por el hábitat y los animales”, asegura el director James Murillo Osorio.

Foto: Jhon Acevedo.

A su vez, no deja de mencionar a Tiger, “que es la prueba fehaciente del trabajo que hacemos en el Cabildo. Él es el animal que lleva más tiempo con nosotros”, explica con orgullo y - entre risas -, al mencionar que este jaguar ha sido fotografiado por camarógrafos reconocidos en diferentes partes del mundo.  

James es sabanero y dentro de cada conversación no deja de mencionar al manatí. Sí, este mamífero, también conocido como vaca marina, pero que contrario a ellas nada y vive en zonas del África, Amazonas y Caribe, también tiene como hogar el santuario de conservación y protección que ‘abraza’ a Sabana de Torres: la ciénaga ‘Paredes’; en donde aguas adentro viven estos animales que pueden llegar a medir hasta cinco metros y a pesar 500 kilos.

Sin embargo, en temporada de sequía los manatíes corren con el riesgo de morir, porque su alimento escasea y los niveles de la fuente hídrica bajan a tal punto de hacerlos migrar.

Como “el papá de los ambientalistas y un ángel para el manatí”, James describe a Manuel Zapata, a quien todos en este municipio conocen como ‘Morita’. Él no cuenta por qué le dicen así, ni cómo es que se acercó al primer manatí que vieron sus ojos, pero se enorgullece de “hacer algo por este mundo. Todos los animales que nacen, crecen y viven en esta región, nos necesitan”, dice este hombre que una vez al año, cuando la ciénaga se empieza a secar, le lleva junto a más de 800 personas, que habitan las veredas del Cerrito y otras cercanas a ‘Paredes’, una planta conocida como ‘taruya’, esto para que tengan alimento y fuerzas de seguir “haciendo felices a quienes los cuidamos como si fueran niños”, agrega Manuel Zapata.

El ambientalista Zapata, también destaca la labor de Cabildo y reconoce que hacen falta más organizaciones así, más apoyo a quienes cuidan lo que hoy compone a la biodiversidad de Colombia. De la que se jactan reconocidos funcionarios en el exterior y pide que “quienes están arriba pongan sus ojos sobre estas regiones en donde los cabildos, trabajan por consentir, atender y hacer todo un proceso con las especies en peligro”, cuenta.

Foto: Jhon Acevedo.

En esta reserva trabajan 10 profesionales que a diario alimentan y atienden a las que alguna vez fueron especies abandonadas, maltratadas o consideradas como mascotas exóticas.

Es por eso que acá cabe la pregunta que alguna vez se hizo el escritor colombiano William Ospina, en su libro ‘Pa’ que se acabe la vaina’: ¿cómo es que en un territorio tan importante (…) con todos los recursos naturales, una asombrosa biodiversidad y las mayores fuentes de agua y de oxígeno, puede resultar tan invisible e incomprensible para el mundo?

Pero no lo fue para quienes componen hoy el Cabildo y aseguran, no lo será para quienes visiten esta reserva a la que se entra de manera gratuita y tan solo se necesita de un guía para recorrerla. Allí, en donde en el 2016 se recibieron 1.150 especies solo de Bucaramanga, se puede descubrir cómo es que una reserva sobrevivió al conflicto armado, presenciado en la joven Sabana de Torres, que en noviembre de 2017 cumple 44 años de fundada.