El Museo Nacional de Memoria no es un "elefante blanco": abrirá sus puertas en 2027
En un recorrido exclusivo en la infraestructura que busca sanar las heridas de más de 75 años de conflicto armado, María Cristina Ruiz, subdirectora de la Agencia Nacional Inmobiliaria (ANIM), conversó con Radio Nacional de Colombia sobre el renacer del Museo Nacional de Memoria. Tras superar líos jurídicos y financieros, el proyecto avanza hacia su entrega parcial.
En el corazón de Bogotá, allí donde la calle 26 se cruza con la carrera 30, se levanta una estructura imponente de 14.700 metros cuadrados. Sus muros, de concreto de gran volumen, buscan visibilizar más de 75 años del conflicto armado en Colombia. Para muchos transeúntes la obra parecía detenida, pero tras sus fachadas hay una maquinaria humana trabajando para que las víctimas del conflicto finalmente tengan su casa.
Hablamos con María Cristina Ruiz, subdirectora de la Agencia Nacional Inmobiliaria (ANIM), quien nos recibió en lo que pronto será el “Umbral de la Paz”. Con la firmeza de sacar adelante el proyecto y la sensibilidad de quien entiende que construye un símbolo, Ruiz explica por qué este Museo Nacional de Memoria representa una deuda histórica del Estado colombiano con las víctimas.
El mito del “Elefante Blanco”
Yank: Subdirectora, para muchos ciudadanos esta obra parecía detenida. Se habla de “elefantes blancos”. ¿Cuál es la realidad hoy del Museo Nacional de Memoria?
María Ruiz: Es importante decirle al país con total claridad: esta obra nunca ha sido un elefante blanco. Ha tenido dificultades, sí, como las ha tenido el proceso de paz en Colombia. Entre 2020 y 2022 enfrentamos un incumplimiento contractual de la firma OHLA, lo que nos obligó a detener el proyecto para proteger los recursos públicos. Pero desde 2024, este Gobierno y la Agencia Nacional Inmobiliaria hemos unido esfuerzos con el Centro Nacional de Memoria Histórica para reactivarla. Hoy, el Consorcio Memorial trabaja en el terreno y vemos un edificio con vida y un compromiso técnico firme.
Y: ¿Cuándo podrán las víctimas del conflicto cruzar esa puerta por primera vez?
MR: Estamos trabajando para que entre enero y febrero de 2027 podamos abrir el primer sector de exposiciones. Son cerca de 4.700 metros cuadrados, que representan el 35% del edificio. No se trata solo de abrir una sala; es entregar a las víctimas el corazón del museo, para que empiecen a habitarlo.
La subdirectora confirmó que cuando se abra al público la obra habilitará la Fase 2 (Sector Exposiciones 1). Este tramo comprende unos 4.700 m² e incluirá espacios cargados de simbolismo:
El Umbral de la Paz: la gran puerta de entrada diseñada para el diálogo y la reconciliación.
Constelaciones de la Memoria: un display tecnológico central donde las víctimas serán representadas como estrellas que iluminan el camino.
El Café de la Paz: un espacio de encuentro administrado inicialmente por firmantes de paz, concebido como un laboratorio de reconciliación.
La Tienda del Pueblo: un punto de venta de arte y productos elaborados por víctimas de distintas regiones.
Sala Orígenes del Conflicto: un recorrido pedagógico para comprender las causas de la guerra en Colombia.
Y: ¿Cómo se traducen estas iniciativas para una familia que busca a un ser querido desaparecido?
MR: Ese es quizá el punto más emotivo. En el centro del edificio habrá una pantalla monumental, donde las víctimas que ya no están físicamente serán representadas como constelaciones. Es una forma de reparación simbólica. Queremos que sus familias vean que sus nombres no se borraron, que siguen iluminando nuestro camino hacia el futuro. El museo busca que el país entienda que, aunque físicamente falten, siguen vivos en la memoria colectiva.
Y: ¿Puede explicarnos mejor las iniciativas del “Café de la Paz” y la “Tienda del Pueblo”?
MR: El Café de la Paz será un lugar de diálogo administrado inicialmente por firmantes del Acuerdo de Paz. Imagínese sentarse a tomar un café con quienes decidieron dejar las armas para construir país. Al lado, la Tienda del Pueblo exhibirá arte, artesanías y productos elaborados por víctimas del conflicto armado. Queremos que el Museo Nacional de Memoria también sea un motor económico para las comunidades.
El papel de las víctimas
Y: Existe la percepción de que todo se queda en Bogotá. ¿Cómo se siente representada una víctima de los Montes de María o del Putumayo en este edificio?
MR: Bogotá es la ciudad de todos, pero este museo respira región. El paisajismo interior está diseñado para representar a las 115 comunidades indígenas de Colombia. También tendremos el “Fogón de Luvento”, un espacio dedicado a comunidades negras y raizales, donde la cocina y la tradición son el centro. Queremos que alguien que venga del Chocó, el Caribe o la Amazonía encuentre aquí sus historias, sus texturas y su memoria.
Y: Para un joven que ve el conflicto como algo lejano, ¿por qué debería visitar el Museo Nacional de Memoria?
MR: Porque el conflicto aún no ha desaparecido y las nuevas generaciones tienen la responsabilidad de evitar que se repita. El museo tendrá salas de escucha, espacios pedagógicos y zonas interactivas. Queremos que los jóvenes lleguen con curiosidad, se sienten en el Umbral de la Paz y comprendan que escucharnos, incluso en medio de diferencias políticas, es el único camino hacia la reconciliación. Este lugar existe para que digamos juntos: esto no se vuelve a repetir.