Dar clases en zonas de conflicto implica desafíos enormes. El entorno escolar se convierte en un espacio vulnerable, donde la seguridad de los estudiantes y maestros es una preocupación permanente.
Estos docentes buscan cambiar la realidad de sus estudiantes a través de su vocación por enseñar. Sus esfuerzos han trascendido en la vida de niños, niñas, jóvenes y adultos.