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Estudio de fósiles permite identificar cambios climáticos en la antigüedad

Con ello se podría conocer la reacción de los océanos a los cambios climáticos y respondiendo a inquietudes del calentamiento climática.

Por: Nazlhy Viviana López

Por medio del estudio de magnetofósiles recientemente hallados se espera obtener información que describa las condiciones del océano en períodos de cambios climáticos acelerados y elevadas temperaturas globales, además de su evolución cronológica.

En el pasado, la extracción y análisis de estos fósiles requería técnicas destructivas, triturando las muestras en un polvo fino para conseguir imágenes de microscopía electrónica, que en muchos casos tomaba mucho tiempo y era costosa y no tan exitosa, pues destruía las muestras haciéndolas inviables para otros experimentos.

Un equipo de científicos encontró la manera de recopilar información sobre estos fósiles sin triturar y destruir las escasas muestras, sino, por el contrario, identificando conjuntos de magnetofósiles gigantes en sedimentos a granel, con el objetivo de evidenciar su importancia respecto al cambio climático.

Los resultados obtenidos con el método no destructivo FORC (curva de inversión de primer orden) permitirá identificar el origen de los magnetofósiles encontrados en sedimentos marinos en Nueva Jersey, EE.UU. Así como la ecología de los organismos que los formaron, pues en la actualidad no se conoce ningún organismo vivo que forme magnetofósiles, ni cuales los formaban en el pasado.

Los magnetofósiles son restos conservados de organismos biomineralizadores de hierro bacterianos microscópicos: los organismos que realizan el proceso de biomineralización producen minerales dándole rigidez a sus tejidos, formando en algunos casos conchas y huesos.

Algunas bacterias producen partículas magnéticas de 1/1000 parecido al ancho de un cabello, al ensamblarse en una cadena dentro de la célula se comportan como una brújula a nanoescala, las bacterias denominadas ‘bacterias magnetotácticas’ puede usar este instrumento de orientación para alinearse con el campo magnético de la tierra, trasladándose de manera eficiente a partir de sus condiciones químicas en el agua.

Por esto, se asocia a los magnetofósiles con eventos abruptos del calentamiento global, vinculándolos con perturbaciones ambientales, y permitiendo codificar información respecto a la disponibilidad de nutrientes y la estratificación del agua en ambientes acuáticos antiguos.

Hasta el momento, los magnetofósiles no tienen un análogo moderno, solo se han identificado en sedimentos depositados durante eventos hipertérmicos globales. Por lo tanto, podrían servir como biomarcadores magnéticos de perturbaciones ambientales, demostrando la reacción de los océanos a los cambios climáticos y respondiendo a inquietudes del calentamiento climática actual.

La investigación, encabezada por Courtney L. Wagner del departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah, junto a sus colegas del Instituto Central de Meteorología y Geodinámica, el Instituto Smithsonian, la Universidad Johns Hopkins y el Colby College, fue publicada en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

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