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Experiencias de la radio popular y educativa en América Latina y el Caribe

Por: Richard HernándezLa radio popular y educativa lleva unos 73 años de experiencia en Latinoamérica. Colombia y Bolivia fueron los países pioneros en el uso de este maravilloso medio, utilizado para llegarle a la gente que no podía tener acceso directo a la educación formal.

Por: Richard Hernández

La radio popular y educativa lleva unos 73 años de experiencia en Latinoamérica. Colombia y Bolivia fueron los países pioneros en el uso de este maravilloso medio, utilizado para llegarle a la gente que no podía tener acceso directo a la educación formal.

En 1947 el sacerdote católico José Joaquín Salcedo Guarín, junto a un grupo de campesinos del Valle de Tenza (ubicado entre Boyacá y Cundinamarca) realizó los primeros experimentos de transmisión para las escuelas radiofónicas con programas de lectura, escritura, matemáticas y catolicismo. Así nacía Sutatenza, la primera cadena radial colombiana que emitió programas educativos y culturales entre 1947 y 1989.

En 1955, Sutatenza fue reconocida por la UNESCO como una estrategia de comunicación y educación efectiva a la hora de combatir el analfabetismo entre los sectores campesinos de Colombia. Por ello, desde la década de 1960, se convirtió en un referente para muchas emisoras en países como Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Perú, Venezuela, y también en varios países de África y Asia.

Óscar Pérez es un salvadoreño coordinador regional para América Latina y el Caribe de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc), también dirige la Fundación Comunicándonos en su país y tiene contacto con más de mil emisoras en la región. La Radio Nacional de Colombia conversó con Pérez sobre la importancia que tiene este medio en la actualidad en el ámbito educativo.

“Considero que la radio popular, comunitaria o participativa sigue teniendo vigencia e incidencia en nuestra vida. La radio sigue participando en el desarrollo de diferentes procesos educativos, sean formales o no formales. Hay radios como las de Fe y Alegría que se siguen usando para llevarle a la población marginada esa formación. Yo creo que durante la pandemia también se ha demostrado, una vez más, que la radio es importante para el desarrollo de estos procesos educativos”, señala.

En dichos procesos formativos, la iglesia católica ha jugado un papel importante, como en el caso de Radio Sutatenza, que se reconoce como una de las primeras radios comunitarias populares.

“Aparte de Colombia, uno puede recordar con facilidad la radio que desarrolló en todo su esplendor Monseñor Romero (el primer santo salvadoreño) con la Voz panamericana de la radio YSAX. También se debe resaltar en Guatemala al IGER que es un instituto de producción radiofónica que alimenta a otras emisoras con diferentes programas educativos y culturales, desde el respeto de los saberes y los conocimientos ancestrales del pueblo de Guatemala”, comenta.

Asimismo, según Pérez, en diferentes países de Latinoamérica se puede encontrar el aporte de la iglesia católica. En el caso de Venezuela, aún recuerdan el trabajo realizado por las radios de la gran red Fe y Alegría. Tuvo una época de oro donde la iglesia católica contribuyó y participó en la fundación y fortalecimiento de estos medios para el desarrollo de procesos de comunicación.

“Sin embargo, en la actualidad uno siente que muchas de las radios católicas, que pertenecen a obispos o congregaciones religiosas, como que han perdido un poco de su identidad. A veces uno no distingue si está escuchando una radio evangélica o una emisora católica. Yo pienso que la iglesia católica debe revisar esa forma de trabajar los medios de comunicación ya que son muy importantes para la gente”, dice.

Sobre la experiencia de la radio popular educativa, Óscar Pérez comenta que en El Salvador han pasado por varios momentos; en sus comienzos la radio comunitaria no tenía reconocimiento por parte del Estado, ahora que ya lo tiene, ha servido de correo, teléfono y como puente de comunicación para toda la población a la que ha llegado con su señal, especialmente a la población campesina.

Una segunda etapa que destaca el comunicador, es el uso de estas emisoras por parte de la Policía Nacional Civil para realizar programas de seguridad ciudadana y de prevención a la delincuencia. Diferentes instituciones del Estado, como el Ministerio de Salud, también las emplean para desarrollar campañas contra el dengue y el zika, entre otras enfermedades.

Otra fase es la convivencia con el Covid-19. Nuevamente, señala Pérez, a la radio participativa se le ha reconocido todo el valor de penetración que tiene en las mismas comunidades. El Ministerio de Educación de su país no solo recurre a la televisión; la radio sirve para difundir las clases de matemática, idiomas y sociales reforzando el sistema educativo que se ha visto afectado por la pandemia.

Oscar Pérez

“La experiencia de la radio comunitaria y participativa en El Salvador ha sido buena porque se ha reconocido que es un medio que tiene vigencia, que incide mucho y que tiene gran penetración sobre todo en la población del interior del país. Esto ocurre a pesar de la gran brecha digital que tenemos, ya que el internet llega a donde están los intereses del mercado. Por eso mucha población en nuestra región es excluida completamente del derecho al uso del internet”, asegura.

Sobre el aporte de los expertos argentinos en este tema como el desaparecido comunicador educativo Mario Kaplún, un apasionado por la radio como instrumento de justicia y María Cristina Mata, quien ha contribuido valiosamente en el campo de la comunicación radiofónica, Oscar Pérez señala:

“El aporte ha sido muy importante en el tema de los contenidos de la misma radio, pero, sobre todo, para ayudarle a definir a los medios comunitarios, participativos, populares, la metodología para desarrollar procesos de comunicación. Todo lo que ha significado la “educomunicación” y la educación popular para la radio participativa, ha sido de gran importancia. A Cristina la vi como una gran sistematizadora de experiencias de la radiodifusión comunitaria”, afirma.

Hay dos asociaciones que se destacan por su labor en la lucha por la democratización de la palabra y la sociedad. Una de ellas es la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (Aler) y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc). Ambas organizaciones han sido fuentes de inspiración para diferentes asociaciones de radios en la región.

Óscar Pérez, cuando fue seminarista menor, tuvo la oportunidad de conocer a monseñor Óscar Arnulfo Romero, célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos y quien fue asesinado cuando celebraba una misa en la capilla del hospital Divina providencia en San Salvador.

“Era muy contemplativo, muy conservador en su contenido. Él sabía que, a través de la radio, podía llegar a más gente con su mensaje. Cuando ya es nombrado arzobispo, él se encuentra con la Voz panamericana de la radio YSAX. Monseñor se convirtió en ‘la voz de los sin voz’, porque usaba el medio radial para denunciar lo que otros no podían hacer por miedo a que los mataran. Por eso aquella radio fue dinamitada varias veces por los escuadrones de la muerte; porque querían destruir un medio que era muy importante para ese gran comunicador que era monseñor Romero”, concluye Óscar Pérez.

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