Cuenta regresiva en Chiribiquete: la batalla por los pueblos indígenas en aislamiento
Hay lugares en Colombia donde aún se caza con cerbatana y cada cosecha se celebra con rituales ancestrales. En Chiribiquete, el corazón verde de la Amazonía colombiana, comunidades enteras eligieron el aislamiento para sobrevivir. Son pueblos que se vieron forzados a no tener contacto con el resto de la sociedad para preservar su existencia. Se trata de pueblos indígenas en aislamiento (PIA), guardianes de 4,3 millones de hectáreas de bosque.
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Pero la selva ya no basta para ocultarse. Avanzan la deforestación, la ganadería extensiva, la expansión de la frontera agrícola, la apertura de vías en áreas protegidas, los cultivos ilícitos y la presencia de grupos armados. Expertos y mayores del resguardo indígena Mirití Paraná advierten que quedan aproximadamente 10 años antes de que el contacto se vuelva inevitable.
Yaragua es una mujer nukak, del último pueblo nómada contactado en Colombia. Desde 1988, cuando su comunidad fue forzada al contacto inicial, todo cambió. Perdió a su familia por enfermedades hasta entonces desconocidas. En cinco años, murió la mitad del pueblo nukak. Más de tres décadas después, quienes sobreviven enfrentan el desplazamiento del 70 % de su población, además de graves vulnerabilidades y violaciones a sus derechos humanos.
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Hoy la historia amenaza con repetirse. Esta es la cuenta regresiva para salvar a quienes salvan la selva.

Tepuyes de Chiribiquete: Estas formaciones rocosas milenarias son hogar de especies únicas y parte del territorio donde habitan pueblos indígenas en aislamiento. A solo 10 kilómetros, la frontera agrícola avanza. Fotografía: Jota Arango.