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Rayas de agua dulce: la riqueza biodiversa del Amazonia y Orinoquía colombianas

Las prácticas pesqueras no sostenibles pueden conducir a una reducción significativa de las poblaciones de rayas.

Científicos del Instituto Humboldt descubrieron que una raya conocida como manta, ceja o manzana, que solo habita en las cuencas del Amazonas y el Orinoco colombiano, posiblemente no corresponde a una sola especie, sino a al menos tres que fueron separadas hace más de 43 millones de años debido a cambios geográficos.

Las rayas de agua dulce son peces cartilaginosos -es decir que no tienen huesos- que solo habitan en ríos de Suramérica, excepto en Chile. Y son animales altamente vulnerables por actividades humanas como la pesca incidental. comercial y ornamental, teniendo en cuenta que tienen baja fecundidad, crecimiento lento y maduración tardía.

En el continente se ha confirmado la presencia de 34 especies de estas rayas. De ese total, 11 habitan en Colombia, de las cuales una es endémica de la cuenca del Magdalena y la vertiente Caribe, y cuatro se encuentran en categoría de amenaza por la pesca ornamental excesiva.

El río Amazonas. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).

“Colombia es el segundo país, después de Brasil, con mayor riqueza de estas especies. En el territorio nacional las rayas se distribuyen en todas las cuencas, exceptuando los ríos de la vertiente del Pacífico”, afirmó Carlos A. Lasso, investigador del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto.

Por eso la importancia del descubrimiento de los científicos sobre la Paratrygon aiereba, que se encuentra en los ríos Arauca, Meta, Tomo, Inírida, Guaviare, Amazonas y Putumayo. Es una raya carnívora que se alimenta básicamente de otros peces, aunque los camarones e insectos también hacen parte de su dieta.

Entre 2011 y 2017 -explica el Instituto-, los investigadores recolectaron muestras de tejido del músculo ventral y aleta pectoral a 50 especímenes de esa raya, para luego ser sometido a pruebas de ADN. Y el principal hallazgo del estudio, publicado en la revista científica Mitochondrial DNA Part A, fue que Paratrygon aiereba puede no tratarse de una sola especie como era conocido hasta ahora.

Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).

Los análisis mostraron una alta diversidad de haplotipos (variaciones del ADN) para los tres filogrupos identificados de esta raya. “Esto sugiere un proceso de recolonización o expansión poblacional, como un posible resultado adaptativo al medioambiente durante la formación de las cuencas o red hidrográfica”, indica la publicación.

Lo que podría sugerir la existencia de más de una especie en Colombia según Lasso. “Así lo sugiere la diferencia genética entre los filogrupos de Paratrygon aiereba, particularmente si se considera que las tasas de mutación en las rayas de agua dulce son lentas”, explicó.

Y es que de acuerdo a la historia biogeográfica de las mantarrayas en el país, su distribución podría haber cambiado con las inundaciones intermitentes que se presentaron desde el mar Caribe durante la era Cenozoica, en un período de aproximadamente 900.000 a 3,7 millones de años. Y esas múltiples regresiones marinas alrededor de los Andes permitieron la colonización de peces y su diversificación.

Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).

“Estos procesos permitieron la transición de adaptación a los sistemas de agua dulce. El registro fósil de Potamotrygon ucayalensis encontrado en la Amazonía peruana representa la evidencia más antigua de una línea adaptada al agua dulce, hace aproximadamente 50 millones de años”, revela la investigación.

El Intituto Humboldt hace una advertencia: “Las prácticas pesqueras no sostenibles pueden conducir a una reducción significativa de las poblaciones de esta y otras especies de rayas. Por eso, los autores catalogan como prioritario generar información científica para evaluar su población y estado”.



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