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Venezuela: el dilema de votar en dictadura

Este artículo se basa en la entrevista que concedió, desde Bilbao (España), Carmen Beatriz Fernández, consultora política en Datastrategia y profesora de la Universidad de Navarra.
Mundo
Foto: AFP.
Carlos Chica

Este artículo se basa en la entrevista que concedió, desde Bilbao (España), Carmen Beatriz Fernández, consultora política en Datastrategia y profesora de la Universidad de Navarra, en el programa ‘El Mundo es un Pañuelo’ de la Radio Nacional de Colombia.

Para todos, dentro y fuera de Venezuela, era claro que las elecciones regionales del domingo 21 de noviembre eran importantes pero insuficientes porque nadie las percibía como una oportunidad para un cambio político profundo y porque se celebraban en el contexto de una dictadura.

El 80 % de la sociedad que vive en Venezuela está esperando un cambio político. En unas elecciones justas y libres y en un contexto genuinamente democrático, el resultado es una derrota apabullante para el gobierno. Ello no ocurre por varias razones:

1. El ochenta por ciento favorable al cambio profundo no es homogéneo y tiene un quiebre por el dilema de votar o no votar en dictadura. No es un dilema menor. Y hay argumentos sólidos de parte y parte.

2. El quiebre entre los partidarios del cambio profundo reduce las cargas a un cuarenta por ciento en la contabilidad electoral frente a 20 por ciento que respalda al gobierno, pero de forma disciplinada y muy cohesionada.

3. La oposición democrática no ha estado unida durante el proceso electoral, por varias razones, algunas achacables al Gobierno y otras a ella misma.

4. El gobierno tiene inhabilitados alrededor de mil líderes políticos, ha confiscado a algunos partidos y ha creado otros con la horma de sus zapatos; ha sabido moverse muy bien con la lógica y la estrategia del divide y reinarás. El segmento opositor se mueve como adversario del Gobierno, pero actúa con muchas fracciones.

5. La sociedad venezolana ha aprendido la desesperanza por cuenta de tres intentos fallidos de negociaciones, en los cuales el régimen ha cedido, pero solo para ganar tiempo.

6. Aunque hay desconfianza en una solución negociada, en la ronda celebrada en México hubo algunos elementos distintos: Maduro y quienes lo representan se mostraron más comprometidos con el proceso, quizá porque sienten que el tiempo no corre a su favor.

7.    En el pasado, Maduro y quienes le apoyan creían que un día más en el poder era una victoria. Hoy, otros cronogramas están corriendo. Por ejemplo, el del proceso en la Corte Penal Internacional contra Maduro y el proceso contra Alex Saab, en Estados Unidos. Son procesos que, si bien corren en forma paralela, tienen o pueden tener incidencia en la Mesa de negociaciones, la cual podría reactivarse teniendo en cuenta el serio esfuerzo que están realizando los gobiernos de México y del Reino de Noruega y que los tiempos diplomáticos son diferentes a los tiempos de las sociedades con apremios como los de Venezuela.

Salvo dos excepciones, los sectores democráticos decidieron participar en los comicios, no necesariamente en función de resultados halagadores y de adjudicación de cargos que, en todo caso, es un asunto muy sensible e importante para el Gobierno. Desde la perspectiva opositora, los comicios servirán para perfilar quien carga con el liderazgo; más como unas primarias internas que un proceso en contra del poder establecido.

Para el gobierno de Nicolás Maduro, las elecciones le servirán para darse un barniz de legitimidad: hubo observación internacional por parte de Naciones Unidas, el Centro Carter y delegados europeos. Es obvio que, en estricto sentido, no fueron elecciones libres y justas porque ocurrieron en una cancha inclinada y sin todas las reglas de un juego limpio. Sin embargo, no fue un proceso equiparable al nicaragüense porque algunos actores de la oposición han accedido a cargos con el voto popular.

Con esa perspectiva, es muy probable que Estados Unidos y la Unión Europea estén esperando que se retome la Mesa de negociación en México y que de ella puedan surgir acuerdos. Los delegados de Maduro se sientan en ella porque hay posibles incentivos como suavizar las sanciones a cambio de acuerdos para dar paso a un sistema judicial más independiente, es decir, que no esté supeditado al régimen de una manera tan vergonzosa. 
 

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