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Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

Así es el Museo del Vidrio en San Cristóbal

Por: Richard Hernández.

Las 20 localidades de Bogotá conservan algunos vestigios de la historia de la ciudad que nos recuerda cómo se ha ido transformando la capital del país. Una de estas localidades es la de  San Cristóbal, en la cual surgieron un gran número de fábricas de ladrillo y de vidrio que sirvieron para la construcción de muchos edificios y  barrios bogotanos.

Esta zona al suroriente de la ciudad, también es conocida por el lago San Cristóbal, donde mucha gente de todas las clases sociales acudía a remar en botes y a piquetear hace algunos años. Además, en esta localidad se construyó Vitelma el primer acueducto moderno de Bogotá. Siempre ha sido un lugar muy visitado por un gran número de feligreses que acuden a la iglesia del 20 de Julio.

Para salvaguardar el oficio de los vidrieros de esta localidad y reconocer ese patrimonio vivo que tiene San Cristóbal, el artista y diseñador industrial Fernando Pérez Quimbaya fundó el Museo del Vidrio de Bogotá. Inicialmente fue un museo virtual donde las piezas más interesantes, de algunos importantes museos de Bogotá eran presentadas en unas salas virtuales.

En año 2013 el museo fue reconocido por el Ministerio de Cultura como un museo colombiano a través del Programa de Fortalecimiento de Museos. Esa condición les dio la posibilidad de participar en las convocatorias de apoyos concertados y estímulos. En el 2014 ganaron la primera convocatoria y fue lo que les permitió montar las exposiciones en La Eneida. Así surgió este museo comunitario el cual es liderado en gran parte por mujeres voluntarias.

Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

“A raíz de este estímulo la comunidad se organizó más, ahí es cuando se toma en arriendo la casa la Eneida y esta virtualidad migra a lo presencial, pero con todas las dificultades, porque nosotros somos un museo vivo, los sabedores todavía existen. Entonces fue un proceso de convocatoria en donde nos encontramos los maestros talladores, que es una técnica que estamos tratando de recuperar desde el museo”, señala Sandra Solano, subdirectora del Museo del Vidrio de Bogotá.

La casa La Eneida donde funciona el museo está ubicada en el barrio La María, Carrera 1 A No.6C-75, sur. Aunque no se tiene una fecha clara de su construcción, algunos vecinos dicen que la casa se construyó a mediados del siglo XIX como hacienda. La Eneida está localizada sobre el camino viejo de San Cristóbal, sendero empedrado, que durante la Colonia conducía a los Llanos Orientales.

Antes de convertirse en museo, esta hermosa casa tuvo varios usos como: un centro de acopio, un centro de higiene, una escuela, un laboratorio fotográfico, una vidriería y un set de grabación.

“Nos encontramos con maestros vidrieros que trabajan la técnica del soplete y con la fábrica de cristal artesanal que hace vidrio a la caña (cuando el vidrio ha llegado a su punto de fusión se sopla dentro de él a través de un tubo o caña, para hacer burbujas y darle la forma deseada). Todas estas personas y gente de la comunidad empezaron a donar una gran variedad de piezas de vidrios de diferentes épocas. Hasta llegaban personas y nos decían -esta copa era de mi abuelita- y nos la donaban”, cuenta Sandra.

Paralelo a esto se creó un proyecto investigación sobre el vidrio, de ahí nació una línea del tiempo que el museo tiene expuesta en su primera sala. A raíz de esto se desarrolló la muestra museológica y se abrieron las puertas el 10 de septiembre de 2014.

Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

En la primera sala del museo se encuentran las herramientas de la técnica de la caña y la del soplete, que son las dos técnicas con más apropiación del territorio. También está la primera línea de tiempo en donde se cuenta la historia del vidrio en Colombia, desde 1834, cuando el gobierno otorgó permisos para encender el primer horno de vidrio de Bogotá.

En la otra sala hay una pared comunitaria que está conformada por piezas donadas y creadas exclusivamente por los maestros vidrieros para el museo y donde la infografía es muy diferente a las que comúnmente se encuentra en cualquier museo. En esa pared también se puede apreciar piezas de vidrio muy curiosas de personas que se enamoraron del proyecto y donaron sus objetos de vidrio. En esta sala se puede ver el vidrio natural y el vidrio artificial y sus componentes. Es un pared en donde también se puede apreciar la diferencia entre los vitrales.

Después esta la sala Sílice, la cual es una sala itinerante. En la actualidad se encuentra la exposición “Artesanía viva” que se realizó con varios maestros y maestras de diversas técnicas, donde se fusionaron saberes del tejido y chaquira con la comunidad Embera Chamí. En esta muestra se puede observar como esta etnia indígena maneja el color y como se integran con los artesanos del vidrio.

En la sala Eneida, que se destinó en honor a la casa, se encuentran unos medallones pintados en la pared que en 2019 cumplieron 101 años y que fueron repintados. Al igual que las cenefas y los colores de la casa, a través de un proceso curatorial de la casa, por la universidad Externado de Colombia.

Asimismo, hay una exposición temporal referente a la sede del museo y a las ladrilleras, las cuales jugaron un papel importante en la historia de San Cristóbal. Esta muestra es la culminación de la investigación sobre los oficios y las artes del fuego, donde se encuentra el hermoso león de gres, que hacia parte de la fábrica de ladrillos El vencedor.

Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

Después de esto recorrido por las diferentes salas, se llega al taller de oficios Fenicia, que es una de las principales características del museo. Allí los visitantes experimentan las diferentes técnicas del vidrio como: la talla, el mosaico, el soplete, el vitral, vitrofusión y reutilización. La única técnica que no se puede experimentar en el museo es el de la caña por las condiciones físicas del lugar.

“Tenemos una ruta local desde la Calle 11 sur, con Carrera Séptima. Iniciamos el recorrido desde el hermoso castillo de gres y pasamos por diferentes sitios contando la tradición vidriera. Los llevamos a la Fábrica de cristal artesanal donde ven que ‘soplar y hacer botellas’ no es una labor fácil, sino que es un proceso gigantesco que no ha cambiado desde la edad media”, cuenta Sandra.

Este no es un museo que solamente habla de sus técnicas, sino que es un museo que congrega una localidad. Hay un reconocimiento no solamente del oficio sino del entorno y la invitación de personas de diferentes localidades para que cuenten cuál es su patrimonio.

El museo también realiza la ‘Ruta vitral capital’, en donde se hace un recorrido por diferentes iglesias como Las nieves, San Francisco, La bordadita y Nuestra señora del Carmen, para conocer los diferentes estilos de vitrales que tienen estos lugares.

Los visitantes al museo también pueden comprar en la tienda El espejo hermosas figuras elaboradas con las diferentes técnicas en vidrio. Verdaderas joyas de arte que van desde los 2 mil pesos hasta 350 mil pesos. Pesebres, colibríes, dragones, fuentes, duendes, mineros, caballos, barcos, vasos y vírgenes y una gran variedad de bisutería elaborada en vidrio, se encuentran en esta tienda.

Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

El Museo del Vidrio de Bogotá se financia a través de proyectos y por donaciones. Abre sus puertas de martes a domingo de 9 de la mañana a 5 de la tarde. La entrada tiene un costo de cinco mil pesos y de tres mil pesos para estudiantes y personas de la tercera edad. El domingo y el jueves se hace una pieza con un maestro del vidrio, la cual se le deja al museo para la venta y se hace una pieza pequeña que se rifa entre el público.

“Aquí desde la directora Sonia Olmos, para bajo, todas somos voluntarias. Nosotras no tenemos un salario. A raíz de proyectos es que nosotras devengamos y no cobramos el ingreso porque el proyecto lo está subvencionando. Nuestros meses muertos son desde octubre hasta marzo, que es cuando comienza todo el portafolio de estímulos”; cuenta Sandra.

Entonces comenzamos a experimentar otras maneras de ingreso. Esto de sacar al museo es también volcar a que las gentes nos conozcan y también para cubrir unos gastos mínimos. La Eneida es hermosa pero no es del museo, nosotros pagamos un arriendo, porque la casa queda dentro del conjunto residencial Senderos de la Equidad y tenemos que pagar una administración, servicios, a la contadora y a la persona que abre y cierra el museo” afirma Sandra Solano.

Foto: Cortesía Museo del Vidrio.

Por eso para financiarse el museo está buscando alianzas con restaurantes y ya tienen programado hacer pilotos, que consisten en que cuando las personas estén cenando pueden ver a un maestro del vidrio elaborar una copa para el vino o un plato para el postre, de acuerdo al gusto del cliente.

“Mi proceso de aprendizaje empezó cuando yo tenía catorce años. Comencé a trabajar con el señor Julio Forero, un soplador de los más antiguos. Él es uno de los primeros que empezó a hacer equipos de laboratorio aquí en el país. En esa época él hacía avisos de neón, su especialidad es esa, y una familia de apellido Bickenbach le propuso el proyecto de hacer tubos de laboratorio, estamos hablando de 1965”,  cuenta Mario Maldonado, vidriero de la localidad.

El Museo del vidrio de Bogotá es un homenaje a estos maestros del vidrio y mujeres talladoras que con su alquimia convierten un material en una pieza que está presente en nuestra cotidianidad y que muchas veces no valoramos.