El dolor que aún guarda desde 1992, cuando su esposo salió en una misión militar y nunca más regresó, es el combustible que la inspira día a día a trabajar por los derechos de las víctimas.
Dos familias colombianas que nunca desfallecieron en la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos en el marco del conflicto armado pudieron aliviar en algo su dolor al encontrarlos con vida.
Relatos de empatía, inclusión y trabajo comunitario inciden en la construcción de territorio en el Centro Poblado Georgina Ortíz en Vista Hermosa, Meta.