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Antonio Caro Lopera, ruptura y rebeldía en el arte colombiano

Es la obra irrepetible de un artista excepcional. No en vano el crítico uruguayo Luis Camnitzer llamó a Caro “Guerrillero audiovisual”.

Por: Ana María Lara

El inicio de la década de los años setenta fue de gran turbulencia en Colombia. El Frente Nacional llegaba a su final y muchas formas de expresión empezaron a dar cuenta de un modelo político agotado e insuficiente para resolver muchas demandas sociales. En ese contexto, surgió la figura de uno de los más notables artistas que ha tenido nuestro país, Antonio Caro Lopera (1950), cuyo fallecimiento, 29 de marzo de 2021, lamentamos profundamente.

Artista rebelde, rompió con las formas de representación artística usando recursos para entonces novedosos en nuestro país: tipografías, especies vegetales, instalaciones, carteles y alimentos como el maíz, entre muchos otros. Desde que se dio a conocer, en casi todos sus trabajos el texto resultó esencial para expresar su mirada sobre las problemáticas políticas y sociales de un país con rezagos de colonialismo, inmerso en el mundo capitalista.

Entró en escena a finales de los años sesenta, época de muchos movimientos antisistema y contra la autoridad. En 1970, en el XXI salón Nacional de Artistas, en el Museo Nacional en Bogotá, expuso una obra que representó la cabeza del expresidente Carlos Lleras, uno de los símbolos del poder dentro del Frente Nacional; esa cabeza, hecha con sal, se encontraba en una urna de cristal. El artista quiso llenarla de agua, la cabeza se deshizo dejando a flote solamente las gafas y provocando una inundación memorable de agua salada. Este performance inesperado lo lanzó a la fama. Los titulares de prensa no se hicieron esperar.

Con “Aquí no cabe el arte”, Caro sentó un nuevo precedente. En 16 cartones construyó letra a letra ese texto y agregó debajo de cada una de ellas los nombres de estudiantes y líderes asesinados en distintos lugares del país, así como los nombres de indígenas masacrados en Planas. Desde entonces y hasta el presente, el artista dejó explicito su interés particular por la convulsa realidad nacional.

No tardó en abrir el compás de su percepción estética y crítica de la realidad. Con “El imperialismo es un tigre de papel”, retomó y representó la popular frase de Mao Tsé-Tung, cuyo significado estaba en la posibilidad que tenían los pueblos revolucionarios de derribar el imperialismo.

En 1975, con Colombia-Marlboro, Caro puso de presente el crecimiento del consumo, especialmente de productos extranjeros. Luego vino una de sus imágenes más conocidas: Colombia-Coca Cola, presentación en letras del nombre de nuestro país con el diseño de la marca de la multinacional estadounidense. Con ambas obras, así como con otras de gran recordación, Caro incorporaba elementos del diseño gráfico y de la publicidad con referentes de nuestro contexto social y político. Con ello logró impactar nuestra memoria.

Foto: obra  “Colombia Coca Cola”, Antonio Caro

Los juegos de palabras, los materiales y los colores, daban cuenta de mensajes sólidos y perspicaces en un solo golpe de vista, como en el caso también de “Todo está muy Caro”, que combina el apellido del artista con una de las máximas cotidianas de los colombianos.

Foto: obra  “Todo está muy Caro”, Antonio Caro

Dentro de la copiosa obra de Caro, el “Homenaje a Quintín Lame”, de 1979, hace parte de un conjunto de piezas que destacan aspectos del mundo indígena, particularmente de sus luchas por sobrevivir. Caro destacó la firma de Quintín Lame (que al final del nombre llevaba pictogramas) exaltando y dejando presente la identidad de quien organizó y defendió a los indígenas del occidente del país en la lucha por la recuperación de sus tierras a principios de siglo XX.

Antonio Caro participó con estas y muchas otras obras en salones de exposición nacionales e internacionales. Fue reconocido con varios premios. Su presencia en las salas de exposición llegó hasta el presente. La poderosa bandera de Colombia, que reemplaza el amarillo por el negro e incluye en él la palabra “minería”, da cuenta de un artista observador de las tensiones más complejas que vive nuestro país actualmente.

Es la obra irrepetible de un artista excepcional. No en vano el crítico uruguayo Luis Camnitzer llamó a Caro “Guerrillero audiovisual”.

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