Vallenatos con el puño en alto Aquí, los más combativos del siglo XX
El vallenato, con piezas llenas de paisaje, sentimiento y sabrosura, que nos han emparrandado hasta el techo; a través de su historia, no solo le ha cantado a una ventana marroncita, a una tiendecita pa’ beber cerveza o a un grande nubarrón que se alza en el cielo. El género ha protestado, ha sido rebelde, cronista de temple denunciando en cantos la situación de campesinos, indígenas o migrantes. Ha hablado sobre la guerra, víctimas, desplazados, masacres, expropiación de tierras y políticos.
Una tendencia que tuvo su pico más alto en los años 70 y que en menor medida, palpita de vez en cuando. Por cambios en la industria, en las formas de consumo de música, relevos generacionales y más razones, no se encuentra en producciones “comerciales”, pero continúa siendo expresión de algunos artistas recios. Herederos de duros a continuación.
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Chico Bolaño, juglar combativo
El vallenato contestatario, debe ser tan antiguo como el vallenato mismo. La tradición oral muestra que los versos con acordeón, han narrado problemáticas locales desde remotos tiempos. Cuando el vallenato no entraba a ningún salón elegante, el acordeonero Francisco ‘Chico’ Bolaño’ (1902-1962), -de quien aprendieran Alejo Durán, Luis Enrique Martínez o Emiliano Zuleta Baquero-, en su tema “Sánchez Cerro”, abordó la guerra que se dio a inicios de los años 30 entre Colombia y Perú, - cuando Luis Miguel Sánchez Cerro era el presidente peruano -.
Y durante la época del conflicto nacional que detonó a finales de los 40 y se conoció como La Violencia, en un merengue llamado “Chulavita”, -título que aludió a una banda armada de origen campesino, activa en ese periodo-, Bolaño expresó su temor por la guerra e incluso, pensó en ayuda internacional diciendo:
“Voy a mandá un telegrama,
a la nación de Inglaterra,
también vengan de Alemania al Valle,
a acabá esta guerra”
Con el correr de los años, esos retratos sociales cantados, se siguieron escuchando. Luís Enrique Martínez ‘El Pollo Vallenato’, acordeón al pecho reclamaba: “El pueblo está reclamando pan, educación y techo”.
Leandro Díaz, instaurado en el olimpo de los compositores, afirmaba en su pieza “Soy”:
“Aquí en Colombia todo lo bueno
Está planeado pa' los de arriba
Y los de abajo estamos viviendo
Sin pan, sin techo, sin medicina”
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Armando Zabaleta: la mente brillante que “le tiró” a Gabo, a presidentes, al Festival, y a colegas
Zabaleta lucía letras bien afiladas. Estandarte del vallenato contestatario.
En los 60 compuso “La Reforma Agraria”, en ella pregonaba su descontento y el de los campesinos, durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo. Cuentan, que el tema fue prohibido por Lleras y que "lo mandó recoger en la casa Phillips". Apareció en el disco Vallenato Protesta, El Chupaflor (1968), que exhibió otro ‘paseo protesta’, titulado “El Festival”, criticando al Festival Vallenato, porque no ganó Luis Enrique Martínez, sino Alejo Durán. Manifestaba que eso estaba amañado por Rafael Escalona. El corte lo grabó también Luis Enrique en el 71. Rafael no se resintió. Siempre fueron amigos.
En la misma década, Zabaleta creó "La Garra", criticando al presidente Guillermo León Valencia, quien en una fiesta en el Palacio, le regaló a Escalona una garra de águila que cazó en su juventud. El tema decía que cómo iba a manejar el país sin esa garra, si Escalona lo había dejado "desgarrado". Fue publicada por Diomedes Díaz con ‘Colacho’ Mendoza, en el álbum Todo es Para ti (1982).
A García Márquez, le dedicó la pieza “Aracataca Espera” recalcándole que le dieron premios, publicidad, y no hizo nada por su pueblo. Los Hermanos López con Jorge Oñate la incluyeron en el disco Fuera de Concurso (1974). Gabo no armó alboroto por la canción. Contó Zabaleta que estuvo bravo un ratico y luego lo felicitó.
En el 79 Los Hermanos Zuleta le grabaron el tema “Riohacha”, que resaltaba que los medios le daban mala fama a la ciudad (por la bonanza marimbera). “Los casos que suceden en Riohacha, también han sucedido en otros pueblos, pero la prensa es la única que tacha, Ella es la única que le pone cebo/ Pero no da cuenta de lo que pasa allá donde están los esmeralderos, que diariamente se ven desgracias, allá la gente anda es con miedo”
Haciendo eco de la queja de Zabaleta por la Guajira, y exponiendo el abandono del gobierno a esa tierra, apareció “A mi Guajira”, compuesta por Lucho Duarte, quien la interpretó con Los Hermanos Sarmiento en el álbum Democracia Vallenata (1979).
El vallenato que narra el sufrimiento de los migrantes que cruzan a pie las fronteras.
La emigración en masa de colombianos hacia Venezuela, -en los años 70 y 80-, muchos yendo a pie, buscando oportunidades, y las tragedias que sucedieron en ese lapso: mujeres que murieron en el camino y quedaron allí sin doliente, o personas a las que mataron por razones económicas, son registradas en el canto “Penas de mi Tierra”, remarca la importancia de tener memoria.
El autor es Máximo Movil ‘El Indio de Oro’ (1935-2002), compositor descendiente de la etnia wayúu, quien siendo analfabeta -como muchos juglares-, creó piezas maravillosas. Máximo hizo parte del ‘Trío de Oro’ junto a Hernando Marín y Sergio Moya Molina.
“Penas de mi tierra”, festivaleó en el 77 y fue llevada al disco por Jorge Oñate y ‘Colacho’ Mendoza en el LP Silencio (1978), reza:
“Hombres y mujeres de esos que caminan,
que se van al exterior a reponerse/
Algunos la buena suerte les florece.
Y consiguen por allá un cambio de vida/
A otros por no dejá los asesinan,
que ni siquiera su cadáver aparece”
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Máximo Jiménez: ¡Ícono berraco, voz del pueblo!
Un artista frentero, valiente, que se vio en los 70 y 80, comprometido con el movimiento campesino, con causas indígenas y sindicales, que sin pelos en la lengua, armado de música denunció entre otros atropellos, violencia y despojo de tierra a los campesinos. Fue amenazado, encarcelado varias veces, y tuvo que exiliarse en 1989 por la roncha que levantaron cortes propios y ajenos que interpretó, como el compuesto por Andrés Beleño: “Usted, Señor Presidente” (1976), dirigido al presidente de la época, Alfonso López Michelsen, quien la escuchó en vivo interpretada por Jiménez en el Festival de la Leyenda Vallenata en el año 77. Dice:
“Usted señor presidente sí está de acuerdo,
que acaben los campesinos de su nación,
si sabe que es un esfuerzo que están haciendo,
para no morir de hambre con su opresión/
Y manda su gente armada sin corazón,
Pa’ que vean correr la sangre de un hombre bueno”
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Lisandro Meza para el presidente, y la independencia costeña
Siguiendo con los cantos al presidente, el gran ‘Rey sin Corona’, habla del centralismo, plantea la creación de la ‘nueva República del Caribe’ en su obra “Señor Presidente”, registrada en Puro Vallenato, recopilación de Discos Fuentes (1973). Y en “Escuche Presidente”, de la época en que empezó a reinar la piratería, reclama afirmando que está “hasta la corona con la musa carcomía…el CD a 3x5, con la foto desteñía”.
Protesta campesina con acordeón
n 2023, Julio César Romo, de San Basilio (Magdalena), a sus 77 años quedó de Virrey de la ‘Canción Inédita’ del Festival de la Leyenda Vallenata, con el paseo “Soy Campesino”, que narra la pobreza del campesino, su día a día:
“Eso se debe por la mala situación,
Si no hay pa’ las tres comidas paso por las dos no má/
Con bollo y panela en mi cultivo,
por la nochecita un poco de arroz con tinto…”
Como lo hizo Romo, los martirios de los campesinos han sido expuestos en decenas de cantos. Estos son algunos de los 70.
“Campesino”, autoría de Poncho Zuleta, estampada en el LP de Los Hermanos López y Jorge Oñate, El Jardíncito (1971), sobre un campesino que aunque trabajador, siempre es despreciado.
Gilberto Torres puso a tronar “Protesta Campesina”, de Jairo Barrios, en su trabajo Saludo Musical (1974). Denuncia la explotación a campesinos del Magdalena, Sucre y Bolívar, que cultivaban tabaco:
“Todo fracasó por el bajo precio que ha tenido, esa fue la clave del comprador, pa’ seguí explotando al campesino/ Nada favorable se consiguió, a pesar de que el gobierno intervino”
“El Hachero”, –hermoso paseo que relata cómo vive el campesino pobre–, de Nicolás Maestre, dio título al LP de Armando Moscote y Norberto Romero (1974).
Con acordeón sabanero, Miguel Durán tocó “Lamento Campesino”, que dio título a su álbum de 1991. Autoría de Jorge Díaz. El corte explica lo que sufre un campesino por la violencia, tanto, que tiene que desplazarse a la ciudad.
“Es muy triste de la montaña donde sobrevivir es casi un milagro,
donde el ruido de la metralla,
reemplaza el canto del pájaro a diario/
Rompiendo aquella armonía donde cada día trabajaba el agro”
Alfredo Gutiérrez y Hernando Marín incluyeron la composición de este último, “Plegaria del Campesino”, en el disco La Auténtica Llave de Oro (1977) que grabaron juntos.
“El Marginado” (El Cambio Social), compuesta por el audaz Freddy Molina, fue plasmada en el acetato Embrujo de Acordeón (1978), por Freddy Peralta y Poncho López. Expresa las calamidades con las que se topan los campesinos que llegan a la ciudad, y se hace preguntas sobre la transformación de la sociedad.
“Buscando amor, justicia y paz, lo que he encontrado es calamidad, mi pueblo exige cambio social, Colombia ¿quién te lo dará?”, parte de su letra.
Sumándose al reclamo a quienes denigran a los originarios de provincia que arriban a las capitales, Mateo Torres escribió “Lamento de un Provinciano”. La grabó Ismael Rudas en el 72. Por derechos, fue lanzada después en una recopilación de Fuentes. La popularizó Cesar Castro (Corraleros de Majagual) en 1974 en su trabajo Nuevos Vallenatos.
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Daniel Celedón, lamentos por la injusticia
Celedón ha sido creador de numerosos cantos de tinte social. Muy radiados en el interior fueron: “Mujer Marchita”, famosa en la voz de Jorge Oñate y acordeón de Juancho Rois en el LP El Cantante (1981); o “La Lavandera”, que el autor grabara al lado de Ismael Rudas –eran ‘El Doble Poder’–, en la placa Tesoro Musical (1982).
Yendo atrás, cuando debutó con Israel Romero ‘El Pollo Irra’, su corte “Pobres Arhuacos”, que hizo parte de su disco Versos del Alma (1975), fue el primer sencillo para emisoras. También en el 75, juntos, pusieron a sonar “El Limosnero”, sobre los habitantes de calle, en su álbum Rumor Vallenato.
Fue autor además de “Aquellos Niños”, triste canción que reniega de la indiferencia ante los “Niños que no tienen hogar, le entregan la vida a la ciudad, sin saber que todo lo han perdido”. Grabada al lado de Ismael Rudas en el LP Amigo mío (1976).
Miseria y riqueza
La misma problemática que Celedón abordó, fue recreada en “Sí hay caras sucias”, de Jorge Núñez, registrada por Jorge Oñate y Los Hermanos López en el álbum Las Bodas de Plata (1973).
Oswaldo Monterrosa publicó el tema de su autoría: “El pobre y el rico” en las placas Valor de Raza (1978) y Pobreza y Riqueza (1979), junto al acordeonero Gustavo Badel.
La censura
Beto Murgas compuso “El Negro Maravilla”, grabada en 1979 por La Innovación Vallenata de Quique Ovalle y Norberto Romero (villanueveros), en Maracaibo. “En la última estrofa hago alusión al tratamiento del Sistema a sus conciudadanos”, dice Murgas.
Jorge Oñate había grabado solo una estrofa el mismo año en su trabajo Siempre Unidos!, junto a Raúl ‘Chiche’ Martínez. Como lo contó Jaime Pérez Parodi años atrás, en su espacio radial de Cacica Stereo, los ejecutivos de CBS aludieron al Estatuto de Seguridad del entonces presidente, Julio César Turbay, para hacer cortar el tema. Por ese Estatuto hubo canciones censuradas.
Siguiendo con la obra de Murgas, fue autor de, según Rosendo Romero, “la primera protesta en favor del pueblo Wayúu”, en el tema “Grito en la Guajira”, que saliera a la luz con voz de Juan Piña al lado de Juancho Rois en el disco El Fuete (1977).).
Hernando Marín, cerebro rebelde hacedor de himnos
Marín fue un crack guajiro. Campesino, rebelde, poeta. Siendo iletrado –aprendió a escribir a sus 23 años–, compuso himnos contestatarios que trascendieron hasta hoy. Algunos:
“Los Maestros”, un paseo que da nombre al LP grabado por los Hermanos Zuleta en 1976. Dice: “Y hay que aplaudir a esa gente tan valiente que tienen tan mala suerte que no les quieren pagar”. Exalta a los docentes humildes y expone su situación. “Describe lo mal pago que era su amigo, el profesor Walter ‘Kako’ Coronel, y con él, el gremio de educadores en aquellos tiempos, 1974”, narra el periodista Celso Guerra.
“La canción fue adoptada por FECODE en la época. El vallenato contestatario era más local y regional, pero las canciones de Marín, los sindicatos las tomaron como propias. Y fueron los sindicatos los que hicieron que se esparcieran por otros territorios”, cuenta el profesor Oscar Ariza, autor del libro La Transgresión del Silencio: Aproximación a la Poética Musical de Hernando Marín (2005).
Un coro que se ha escuchado en las calles por décadas es
“La ley del embudo, lo ancho pa’ ellos
Y lo angosto pa’ uno”
Parte de la canción “La Ley del Embudo”, del álbum homónimo publicado por Emilio Oviedo con voz de Beto Zabaleta (1977). Entre otras, habla de lugares abandonados por el Estado, la pobreza del pueblo, del poder y de ventajas acomodadas. “El sistema nos tiene marginados
pero hay que seguir peleando hasta ser el vencedor”, recalca en ella el autor.
Cuenta Ariza, que la pieza tuvo gran impacto en movimientos de izquierda, sindicatos y guerrilla. La canción se popularizó por las parrandas. Políticos y guerrillas querían a los músicos para sus parrandas. Inclusive, Jaime Bateman (Comandante del M-19), propuso que “La Ley del Embudo” fuera el himno de ese movimiento. Pero ganó la negativa.
La composición, también tomada como arenga de protesta por el Sindicato de Ecopetrol de Barrancabermeja en 1978, fue prohibida por el alcalde.
A pesar de que ‘Nando’ no tuvo ninguna filiación con guerrillas u otro tipo de grupo al margen de la ley, pesó sobre él una estigmatización, y fue vigilado por organismos de Inteligencia, acota el profesor.
“La Dama Guajira”, grabada con la voz de Marín en el LP recopilatorio Los más Grandes Cantautores Vallenatos (1991), incluida por El Binomio de Oro de América en su placa Impredecible (2006), y por más artistas, pone en primer plano la explotación de los recursos de La Guajira, de los que se benefician otros países, y alega que a pesar de ser una región tan rica, ha estado sometida al olvido del Estado. Enfatiza:
“Claro, tiene el gas que es una ganga,
la sal de Manaure y su carbón de piedra.
Pa’ los gringos, su carbón de piedra,
Pa’ los monos, su carbón de piedra,
pa’ los yankees, su carbón de piedra,
Para los japoneses, su carbón de piedra
y pa’ nosotros,
que comamos piedra”.
En 1990 Diomedes Díaz y el ‘Juancho’ Rois pusieron a sonar en las emisoras un anhelo de paz con acordeón. “Canta Conmigo”, se tituló el corte que dio nombre al álbum y rezaba: “Quiero traer de La Guajira el sentimiento, de las montañas guerrilleras, un son de paz”.
Sumando más piezas con letras punzantes acerca del pueblo, el poder y los menos aventajados, resuenan entre muchas: “Castigo de Dios” del disco Por Todo el Mundo (1978) de Emilio Oviedo y Freddy Peralta, y “El Patrón”, publicada el mismo año por Sergio Moya y Ramón Vargas en su LP ¡Sorpresa!
Santander Durán Escalona, pluma guerrera
La convicción de Durán es que “si los cantos no hacen memoria, se ha perdido el tiempo. Que este país necesita la paz, y el arte es herramienta”. Por eso, ha diseccionado la historia nacional en sus versos. Unas joyas: “Lamento Arhuaco”, ganadora en 1971 en el Festival Vallenato. Un paseo que aborda problemáticas indígenas: el despojo, el abandono. Apareció entre otros, en el disco de Santander y Estela Durán, Este es mi Cantar (1978).
“Las Bananeras”, que refiere a la masacre de las bananeras ocurrida entre el 5 y 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Magdalena. Una matanza de obreros campesinos de la United Fruit Company, durante una huelga, en manos del ejército nacional. Según documento revelado por la Comisión de la Verdad, un oficio de la Embajada de E.U. en Bogotá al Secretario de Estado en Washington, de enero de 1929, informa que “el número total de huelguistas asesinados por militares colombianos superó los mil”. La canción, grabada por Los Hermanos López cantando Jorge Oñate en el LP Rosa Jardinera (1974), dice:
“Se fueron las bananeras,
explotaron la nación,
solo quedan los recuerdos de quimeras,
añoranzas de otras eras,
sangre, deudas y dolor”.
En su expediente también: “Soy Pescador”, publicado en el álbum Ídolos (1976) de Los Hermanos Zuleta.
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Julio Oñate, sabio del vallenato
Gran investigador del vallenato, e ingeniero agrónomo, durante la llamada ‘bonanza algodonera’ (que arrancó en los 50, tuvo sus mayores altos en los 60 y 70), detectó, –cuenta–, unos fenómenos ocasionados por el abuso de la labranza en los suelos de cultivo de algodón, tala y quema de bosque nativo, etc. Y en el 77, escribió “La Profecía”, grabada por Los Hermanos Zuleta en el LP Tierra de Cantores (1978). La visión de Oñate:
“Destruyeron de manera irresponsable los bosques de dividivi, tu barrera natural/
Y tumbaron esos grandes carretales
allá arriba en la Guajira no ha quedao ni un guayacán”
Otra de sus piezas es “Soy Guajiro”, que recalca el olvido del Estado a la región. Lanzada por Los Hermanos Zuleta en la producción El Cóndor Legendario (1977).
Romualdo Brito, más allá de El Santo Cachón
Siempre afirmó que la protesta era muy relevante en su obra. De versos crudos y luminosos. Incisivo, escribió “Yo Soy el Indio”, publicada por Diomedes Díaz y Colacho Mendoza en su LP Los Profesionales (1979). Infortunadamente, atemporal clama:
“Yo soy el indio guajiro de mi ingrata patria colombiana,
que tiene todo del indio más sin embargo no le dan nada/
No hay colegio pal estudio, ni hospital pa los enfermos,
todavía andamos en burro y en cayuquitos de remo”.
Entre otras canciones, con la misma temática: “El Cantor de los Indios”, incluida por Adanies Díaz e Ismael Rudas en su placa Como Siempre (1979).
La próxima guerra
A punta de fuelle, a mediados de los 80, más reflexiones sobre la guerra afloraron, cuando siendo presidente Belisario Betancur, se constituyó una comisión de paz y se firmaron acuerdos con las guerrillas de las FARC, el M-19 y el EPL (estas dos últimas desmovilizadas posteriormente). Como resultado de estas concertaciones de paz entre el gobierno Betancur y las FARC, surgió el partido político de izquierda la Unión Patriótica (UP), que fue víctima luego de asesinatos de líderes y militantes. Con tal exterminio y con el holocausto del Palacio de Justicia sucedido en el 85, quedaron opacadas las opciones de paz en el país.
En ese entorno, la letra sobre desarme, tratados, falsos convenios, torturas para callar la verdad, víctimas y relatos de un viejo sobre el conflicto, quedó registrada en el tema “La Próxima Guerra”, compuesto por Daniel Celedón y grabado por él, junto al acordeonero Gabriel ‘El Chiche’ Maestre, con un invitado de lujo: el juglar Abel Antonio Villa. Álbum Apoyándonos Mutuamente (1985).
El mismo año, Gustavo Gutiérrez escribió la canción “Que la violencia no llegue al Valle”, publicada en el disco El Folclor se Viste de Gala, de Jorge Oñate y Álvaro López (1988).
Pero los deseos de Gustavo no se cumplieron. En 1997 Emilianito Zuleta Díaz, se coronó Rey de Reyes de la categoría Canción Inédita en el Festival Vallenato con el paseo “Mi Pobre Valle”, que lamentaba:
“Ya no se puede tocar por las calles,
así como anteriormente se hacía/
De cualquier parte un disparo nos sale,
ya uno no vale lo que antes valía/
Aquí ninguno responde por nadie,
ese es el plato de todos los días”.
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