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Chaparrón, pogo y patiboleo: instantáneas del Convite Carranguero

Así se vivió el Convite Carranguero en Tinjacá, Boyacá.
Convite Carranguero en Tinjacá, Boyacá.
Fotos: David Fajardo
Luis Daniel Vega

A las dos de la tarde del sábado 19 de agosto, apenas llegamos a la plaza municipal de Tinjacá, las golondrinas revoloteaban alrededor de una frondosa palma africana. Recordé que, según la sabiduría popular, cuando las avecillas están inquietas anuncian un inminente aguacero. “Va a llover”, le dije desconsolado a María, quien al instante objetó mi aciago pronóstico con una respuesta tan sutil como pragmática: “Ha de ser porque allí anidan”, replicó antes de ir en la búsqueda de una mazorca asada.

Aunque las nubes amenazaron con desplomarse, finalmente no llovió durante la primera jornada musical del Convite Carranguero. El colofón de esa velada coronada por una hermosa luna menguante estuvo a cargo de Jacinto y sus Hermanos y Labranza, dos reconocidas agrupaciones que, gracias a sus carranguerías de vieja escuela, incitaron al revoleo extremo. Ya entrada la madrugada, un combo fogoso se puso de ruana la plaza e improvisó cantas, guabinas y torbellinos endiablados. 

Convite Carranguero en Tinjacá, Boyacá.
Fotos: David Fajardo

La resaca no apocó el entusiasmo del séquito trasnochador. A las nueve de la mañana les vimos entre el centenar de personas que el domingo se apretujaron en la Biblioteca Pública Municipal Tulio Manuel Castro Gil, donde se llevó a cabo el último trecho del Congreso Nacional Carranguero, que había empezado dos días antes con una serie de ponencias virtuales.

La sesión dominical nos dispensó dos momentos emocionantes: la prosa juguetona de Jorge Velosa y la aparición de José Ricaurte Rodríguez, Chirivico, leyenda viva del folclor llanero y principal referente del joropo de diapasones. Al término de las conversas, que se extendieron hasta el mediodía, un sol imponente fue la excusa para explorar los alrededores del municipio.

Junto a María, llegamos a un bosquecito de pinos cercano al Jardín Cementerio El Descanso, desde donde la panorámica permite divisar Ráquira y las enormes montañas que resguardan a Villa de Leyva. Esta vez no hubo golondrinas cantarinas que advirtieran una fuerte tormenta: desde ambos flancos, negros y despiadados nubarrones se dirigían lentamente a Tinjacá.

En efecto, el almuerzo estuvo pasado por agua, aunque escampó un par de horas después. “Menos mal que llovió temprano”, dijo algún paisano como queriendo decir que el asunto ya estaba zanjado. Su predicción se mantuvo hasta la última canción de Los Rolling Ruanas, cuando un pogo feroz nos chupó como un hoyo negro. 

Quiero decir que a mis 44 pude sortear dignamente el remolino… y no por omisión: allí estuve en medio de un baile tan exigente, cariñoso y desmesurado como el patiboleo. ¿Azar atmosférico? ¿Fenómeno prodigioso de las misteriosas fuerzas naturales? Me gustaría seguir convencido de que el júbilo ese instante hizo estallar el tremendo chaparrón que nos obligó a resguardarnos, temporalmente, en alguna de las carpas dispuestas para la venta de comidas y bebidas.

Y resalto la fugacidad del escape pues, mientras arreciaba la lluvia, una joven pareja se atrevió a retar nuestra cobardía: “Bendita sea la agüita que refresca esta tierra marchita”, gritaban zarandeando sus empapadas humanidades. El espontáneo verso —tan parecido a una letanía— fue suficiente para no abandonar a Los Embejucados, quienes, en una soberbia muestra de profesionalismo alocado, siguieron derecho y amansaron, una hora después, los goterones implacables.


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El Festival Convite Cuna Carranguera, más allá de la pompa, el espectáculo prefabricado y la subordinación a la empresa privada, es una verbena que honra a las campesinas y a los campesinos que habitan la Provincia de Ricaurte, enaltece los cantares del campo y pone en evidencia que, desde los grandes centros urbanos, también es posible cooperar sin que ello signifique intromisión abusiva. En la plaza de Tinjacá coinciden quienes labran amorosamente las tierras y otras presencias citadinas como la de David Fajardo —autor de las fotos que acompañan esta nota— y mi querido amigo Umberto Pérez, que unos días después de la feliz emparamada me regaló el emotivo testimonio de un patibolero entusiasta:

«Cuando la lluvia arreció y no dio más tregua, después de haber amenazado con caer desde la tarde del sábado, solo quedábamos una veintena de personas frente a la tarima mientras Los Embejucaos culminaban con brío una nueva edición del Convite Cuna Carranguera. Para entonces no cabía más dicha en mi corazón: ya había perdido, encontrado y vuelto a perder mis gafas, había caído de rodillas en un pogo durante el concierto de Los Rolling Ruanas, así que patibolear aporreado bajo el aguacero, celebrando la existencia de una fiesta como el Convite y en compañía del amor y la amistad lo hacía aún más memorable. ¡Además, fue la primera de las veces que llegué a la Cuna Carranguera liberado de cualquier compromiso laboral! 

Velosa
Fotos: David Fajardo

«Fue inspirador volver a escuchar a Velosa, desentrañar los porqués de sus libros, su oficio y su creación. Fue emocionante bailar hasta el cansancio los merengues y rumbas de Jacinto Amado, Labranza, Amar Carranguero, El Nuevo Amanecer, Los Mochileros, El Son del Frailejón y Los Carrangomelos que, con ternura e ingenio —cada quien a su manera—, exaltan la enjundia de la carranga. Fue revelador el encuentro del saber sonoro de los Llanos, del grupo maniceño Palos Criollos con la tradición carranguera. Fue decepcionante la displicencia de la televisión regional como sorprendente la presencia de jóvenes divulgadores frente a un evento tan significativo como este. Es admirable la labor de Eduardo y Marco Villarreal y todo su equipo para que el Convite Cuna Carranguera se mantenga y lo haga con un cartel artístico impecable. Ha sido un convite inolvidable. ¡Viva don Eduardo! ¡Viva quien baila! ¡Y viva quien toca!»

Convite Carranguero en Tinjacá, Boyacá.
Fotos: David Fajardo

Una semana después, a 118 kilómetros del vórtice carranguero, pienso en la trama de la felicidad: el Convite, la agüita y el pogo hacen parte de ella.
 

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