En Colombia, hablar de la herencia afrodescendiente significa también escuchar las voces que durante generaciones han recorrido ríos, casas, velorios y celebraciones del Pacífico y que no necesitan de un escenario porque nacieron y siguen encontrando sentido dentro de la comunidad. Allí están las cantadoras, mujeres que participan en la transmisión de conocimientos y prácticas musicales vinculadas con momentos fundamentales de la vida colectiva. Sus voces se encuentran en los arrullos, ligados a celebraciones religiosas y espacios de encuentro, y en los alabaos y gualíes, que acompañan el duelo y la muerte a través del canto colectivo.
Reconocer esta herencia cobra un significado especial cada 31 de agosto, Día Internacional de los Afrodescendientes, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover un mayor reconocimiento y respeto por la diversidad, el patrimonio y avanzar en la eliminación de todas las formas de discriminación racial.
Arrullar la vida, cantar la despedida
El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes reconoce que las músicas y los cantos tradicionales del Pacífico sur forman parte del patrimonio cultural de comunidades afrocolombianas.
Dentro de esa diversidad, el arrullo tiene una estrecha relación con la celebración religiosa. De acuerdo con el Ministerio, se trata de un rito de culto a los santos dirigido por mujeres, quienes preparan las imágenes veneradas, las velas y los altares y participan en los cantos acompañados por tambores y marimbas en varias ocasiones. Es una práctica en la que música, espiritualidad y encuentro comunitario se abrazan.
El alabao y el gualí, por su parte, llevan la voz hacia otro momento de la existencia: la despedida, el primero para adultos y el segundo cuando se trata del funeral de un niño o niña. Estos son cantos corales, normalmente interpretados sin instrumentos, que acompañan el tránsito de quien muere y el dolor de quienes permanecen.
Reducir estos cantos a una expresión musical sería dejar por fuera buena parte de su significado. El Plan Especial de Salvaguardia de los gualíes, alabaos y levantamientos de tumba del Medio San Juan explica que estas prácticas ayudan a las comunidades a afrontar el dolor de la muerte mediante actos colectivos de solidaridad. Familiares, amistades y vecinos se reúnen alrededor de estos rituales cuyo eje central es el canto.
En esa capacidad de acompañar reside parte de la fuerza de las voces de las cantadoras. No son solamente intérpretes de un repertorio antiguo; además, participan de una práctica cultural que conecta generaciones y conserva conocimientos relacionados con la espiritualidad, la celebración y el duelo.
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Un patrimonio que permanece mientras siga cantándose
Las músicas y cantos tradicionales del Pacífico colombiano fueron incluidas en 2010 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional y ese mismo año ingresaron en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconocimientos que tienen una dimensión institucional relevante.
Pero un patrimonio vivo no permanece solamente porque aparezca en una resolución, permanece cuando alguien lo aprende, cuando alguien lo enseña y cuando una comunidad continúa encontrando sentido en él. Los documentos de salvaguardia del Ministerio insisten precisamente en esa dimensión colectiva, en donde estas manifestaciones fortalecen vínculos, identidad y memoria, y su protección depende de las propias comunidades portadoras.
Esa conversación resulta especialmente pertinente en un país donde el DANE estimó para 2025 una población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera que representa el 7,5 % de la población nacional, por eso el reconocimiento estadístico es una forma de visibilización; reconocer sus conocimientos, voces y prácticas culturales es otra dimensión indispensable de esa misma tarea.
En el Día Internacional de los Afrodescendientes, acercarse a las cantadoras del Pacífico es una oportunidad para escuchar más allá de la música. Detrás de esas voces existe una memoria construida y recreada durante generaciones que continúa teniendo sentido para las comunidades que la mantienen viva, porque en esas voces, la herencia afrocolombiana no es solamente algo que se recuerda, es algo que todavía se canta.