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Foto: Andrés Bo

Don Evelio: así es conducir una ambulancia en el Páramo de Sumapaz

Por: Richard Hernández

Evelio Poveda es un conductor de ambulancia de la Subred Integrada de Servicios de Salud Sur E.S.E. de la Secretaría de Salud de Bogotá, que presta sus servicios en la localidad 20 de Sumapaz, la única zona 100 por ciento rural de la capital colombiana.

Nació en el corregimiento de San Juan de Sumapaz. Aunque tuvo que trasladarse con su esposa a Bogotá para que sus dos hijos estudiaran el bachillerato, pues en esa época no había colegio de secundaria en aquel sector, pero aún conserva raíces en su tierra natal. Su señora madre todavía vive allí y él tiene algunas pertenencias en dicha localidad.

Su hija mayor se graduó en artes y su hijo, que lo hizo en matemáticas puras, está terminando un doctorado en Brasil. Don Evelio, como es conocido en Sumapaz, tiene con su hermano unos cultivos de papa y algunas “vaquitas” gracias a una herencia que les dejó su padre.

Lleva 20 años como conductor de ambulancia. Antes de este oficio tuvo varios puestos como conductor administrativo en el hospital del corregimiento de Nazareth, cuando esta entidad era centralizada. Ahora pertenece a la Subred Sur y trabaja 12 horas y descansa 24. 

“Yo manejo una ambulancia básica acompañado por un auxiliar de enfermería. Somos la denominada tripulación. Estos vehículos, por prestar un servicio rural, están autorizados a que se les monte el equipo para que queden medicalizados, siempre y cuando el médico vaya con nosotros si el paciente lo requiere. Nosotros trasladamos a los enfermos de acuerdo a su gravedad a los hospitales de diferentes niveles que tiene la Subred Sur como el Meissen y el Tunal. A mí no me importa salir lloviendo, haciendo frío, con sol o a medianoche, lo importante es prestarle el servicio a la comunidad”, señala.

Son muchos problemas los que tiene que enfrentar don Evelio cuando se le presenta una urgencia por la distancia que hay de las Unidades de Servicio de Salud (USS) de los corregimientos de Nazareth y San Juan de Sumapaz hasta “la Bogotá urbana”, como llaman a la capital colombiana los habitantes de esta localidad.

“Es complicado y depende de cómo esté la carretera. Nos estamos gastando tres horas al hospital del Tunal. Nos sentimos muy estresados por eso y uno piensa mucho en la vida del paciente, aunque nosotros estamos preparados para salvarla. Hay partes donde no cogen los radios de las ambulancias ni nuestros celulares. También hay que tener en cuenta que estamos atravesando el páramo más grande del mundo. Se nos pone complicado por la neblina y, como la vía se pone muy lisa, hay que tener mucha precaución”, señala.

Sin embargo, estas ambulancias son monitoreadas por la central de la Subred Sur desde el momento en que salen y están pendientes de su llegada a los centros hospitalarios. Cuando a veces no reciben respuestas envían otra ambulancia para auxiliarlos.

“Se han presentado casos de fallecimientos, no por negligencia, sino por la distancia y porque el paciente va en un estado muy crítico, como por ejemplo al sufrir un infarto y no alcanza a llegar. Hace mucho tiempo se nos murió una señora que había entrado en parto. El niño se salvó gracias a los doctores del Hospital Tunal. Ahora es un señor con esposa e hijos”, relata.

La pandemia afectó a los habitantes de esta zona porque, según don Evelio, la gente campesina es muy renuente a ponerse el tapabocas y a lavarse constantemente las manos. Al comienzo también estaban muy prevenidos cuando llegaba la ambulancia porque creían que, por trabajar en los servicios de salud, traían la pandemia. En estos momentos hay pocos casos de Covid-19, porque el campesinado ha tomado más conciencia.

Aunque San Juan de Sumapaz se encuentra a 72 kilómetros de Usme, a don Evelio no le parece tan lejos, así la carretera se ponga un poco difícil en época de invierno. Los habitantes de esta región son muy protectores con el páramo, y aunque esperan que algún día pavimenten la carretera, también tienen temor de que un turismo mal controlado afecte el territorio.

“A mí me conoce mucha gente en estas veredas por la ambulancia. Hasta los jóvenes cuando me ven pasar me gritan “¿Qué hubo, don Evelio?”. También porque cuando no estaba la Subred y éramos hospital Nazareth, me tocó atender varios partos. Una vez estaba en misa cuando de pronto se me acercó una mujer y me tocó el hombro y me dijo: “Mire, esta fue la niña que usted recibió”, voltee a verla y ya era una señora con hijos”, cuenta.

Al conductor de ambulancia, la Secretaría de Salud también le exige varios cursos para atender alumbramientos. Asimismo, los médicos que acompañan estos vehículos transmiten su conocimiento a la tripulación. Don Evelio dice que ha atendido unos 20 partos porque, hace muchos años, cuando el médico tenía que salir a una urgencia o hacer una diligencia administrativa y llegaba una embarazada a punto de dar a luz, les tocaba atenderla con el auxiliar.

“Una vez nos mandaron a traer a una señora para control prenatal. Cuando íbamos por el camino de pronto me golpea el auxiliar y me dice: “Oiga, venga y mire que aquí hay algo raro”, entonces paré la ambulancia y le dije: “esta señora está pariendo, y nos tocó recibir el parto en el vehículo”. Llegamos al hospital, el auxiliar con el bebé en los brazos y yo con la ropa toda empapada de sangre (risas). Ese niño ya tiene 18 años de edad”.

Don Evelio también tuvo la oportunidad de conocer a Jaime Garzón cuando el abogado y humorista fue alcalde menor de Sumapaz. Durante su administración construyó un centro de salud, remodeló la escuela y pavimentó la única calle del pueblo. La mamá de don Evelio tuvo una gran amistad con Garzón, quien, en algunas ocasiones, se quedó en la humilde casa de su progenitora.

“Nosotros tuvimos un gran retraso cuando estaba el conflicto armado. Empezamos con un centro de salud. Una enfermera que iba cada 8 días y después un médico que nos visitaba cada mes. Ahora tenemos médicos, enfermeras y ambulancias las 24 horas. También tenemos luz, la carretera está bien y han mejorado los servicios. Se ve el progreso porque hay paz y eso le gusta a la gente, que se siente bien atendida”, concluye don Evelio.