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Efraín Corredor, el escultor de las piraguas de Guillermo Cubillos

“Me contaron mis abuelos que hace tiempo navegaba en el Cesar una piragua, que partía de El Banco viejo puerto a las playas del amor en Chimichagua”. La Piragua, José Barros.


Fotos: Diego Cuervo Escobar

Por: Diego Cuervo Escobar

Inspirado en la mítica composición del maestro José Barros, Efraín Corredor, un bogotano de nacimiento, pero banquero de adopción, decidió plasmar aquella piragua de Guillermo Cubillo en pequeñas, medianas y grandes replicas que ya son conocidas nacional e internacionalmente.

Efraín llegó a El Banco, Magdalena, hace 46 años, luego de prestar servicio militar en Barranquilla y Cartagena. Allí conoció al ‘Cantor del río’ como se le conocía al maestro Barros, y de inmediato la curiosidad por conocer la historia del Magdalena Medio y de las inmensas embarcaciones que lo navegaban lo inquietó.

Años atrás ya se había aventurado a fabricar pequeños buques de la Armada Nacional, pero según él, el viejo puerto de El Banco y por supuesto, José Barros, fueron quienes lo inspiraron para dedicarse toda la vida al arte de las esculturas.

“Efraín si esta vaina que vas hacer no te da frutos, estamos jodidos”, le mencionó jocosamente el compositor cuando él le comentó lo que había decidido hacer inspirado en su canción. Hoy por hoy, ya son 20 años que Efraín lleva haciendo esa “vaina” y, evidentemente, no ha sido en vano.

“Guillermo Cubillos se inspiró en el Magdalena para construir La Piragua, el maestro José Barros se inspiró en La Piragua para componer la canción, y yo me inspiré en la canción para representarla culturalmente”, cuenta Efraín.

Pero estas réplicas no solo las ha llevado a pequeñas miniaturas de Tolú, sino que también las ha plasmado en una puesta en escena que inaugura cada año el Festival de la Cumbia en El Banco, Magdalena. Vestido de blanco personifica a Guillermo Cubillos –el protagonista de la canción- y junto a 12 remeros, simulan la llegada de aquella embarcación al puerto.

Foto: Cortesía Efraín Corredor

Navegando a Chimichagua

Cuentan los banqueros que La Piragua era una embarcación inmensa que navegaba el río Magdalena comandada por un cachaco vestido de blanco: el señor Guillermo Cubillos, muy parecida al Champán, un antiguo bote de madera que navegaba Asia y Europa en el siglo XVI.   

Nacido en Chía, Cundinamarca, en 1863, Cubillos comercializaba productos entre Bogotá y La Dorada, Caldas. Siguiendo los concejos de algunos conocidos, zarpó hacia la costa Caribe para encontrar mejores ingresos, así fue que llegó a Chimichagua, un puerto a una hora de El Banco entrando por la Ciénaga de Zapatosa.

Allí, junto a 12 pescadores, o bogas como se les llamaba en aquel tiempo, construyó La Piragua en 1919 y empezó a comercializar aguacates entre El Banco y Chimichagua, este último, municipio donde conocería al gran amor de su vida, Juana Matos.

“La Isabel Helena como le llamó en un principio Guillermo Cubillos, era una embarcación enorme como el arca de Noe. Siempre andaba con sus bogas, de arriba pa’ abajo y en esas fue cuando conoció al maestros Barros, que por aquel entonces era un niño de solo 15 años”, recuerda Efraín.

Viéndola pasar una y otra vez por las aguas del Magdalena y el Cesar, José Barros empezó a gestar en su cabeza la canción de la embarcación, evocando sus más preciados recuerdos de niño y además, con el ánimo de escribirle a su pueblo una melodía que lo identificara.

“Capoteando el vendaval se estremecía e impasible desafiaba la tormenta, y un ejército de estrellas la seguía tachonándola de luz y de leyenda. Era la piragua de Guillermo Cubillos, era la piragua, era la piragua”. José Barros.

 

Esta cumbia representativa de Colombia sonaría por primera vez en 1969 y hace parte de las más de 800 canciones del hijo ilustre de El Banco, Magdalena, entre las que también se destacan ‘El gallo tuerto’, ‘El patuleco’, ‘Navidad negra’ o ‘Momposina’.

“El maestro era una persona muy temperamental, de un carácter muy fuerte, pero conmigo siempre fue muy divertido. Tengo grandes anécdotas de él cuando conversábamos a orillas del río”, señala el artesano.

Las piraguas del cachaco

Efraín siempre ha estado ligado a las embarcaciones y al río. Después de navegar el Magdalena con la Armada Nacional llegó a El Banco para asumir la dirección de la Inspección Fluvial del municipio, labraba la madera paso a paso para perfeccionar su técnica hasta encontrar la réplica perfecta.

Ahora las hace idénticas. Con el cachaco cubillos vestido de blanco y sentado en la parte delantera del bote, y sus 12 bogas remando a lado y lado, algunas de ellas las adorna con luces, les plasma la bandera de Colombia y en un fino labrado, escribe el nombre memorable.

Foto: Cortesía Efraín Corredor

“No me siento rico, pero siento orgulloso. Vendiéndolas no me gano mucho pero la satisfacción, los reconocimientos que he recibido, no tienen ningún precio. Siento que no le fallé al maestro así que no estamos jodidos”, dice Efraín con una fuerte carcajada.

Algunos de los ‘objetos representativos’ como también les ha llamado Efraín, solo miden 25 centímetros pero han llegado a las manos de personajes políticos, culturales y hasta las del Papa Francisco, que con encomienda del obispo Luis Gabriel Ramírez, le hizo llegar en 2014 la figura tallada en madera.

Gracias a su labor cultural, Efraín Corredor fue reconocido en 2012 como ‘Caballero de la Cultura’ en el Congreso de la República, como gran gestor cultural y artesano insignia del departamento del Magdalena. Con la familia del maestro Barros estrecha fuerte relación de amistad, especialmente con la hija Veruschka, pues fue ella quien lo autorizo para la plasmar la obra de su padre en la parte viva.  

Foto: Cortesía Efraín Corredor

A sus 61 años este artesano sigue construyendo con agrado las embarcaciones insignias de esta zona del Magdalena, pesquera y naviera desde la época de la conquista, que conserva en su puerto honores a quienes lucharon, protegieron y enaltecieron con su legado el nombre de este municipio ribereño.

“El que necesite la piragua yo se la hago, no porque me pague, sino porque se lleve un lindo recuerdo de nuestra tierra”: Efraín Corredor.