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Los rostros de una búsqueda incansable en Mocoa

Tras varios días de búsquedas y hallazgos, aún es incierto el paradero de muchas personas tras la avalancha de Mocoa.

Adriana Gómez es mocoana, pero estaba en Villavicencio cuando ocurrió la avalancha en su ciudad natal. Como pudo, preparó rápido sus maletas y viajó. El sábado al medio día ya estaba en la capital del Putumayo para hacerse cargo de la búsqueda de su hermana María del Pilar Gómez y de su sobrina de cinco años Isabella Ballén, que vivían en el barrio San Miguel, junto con su esposo, quien falleció. Además de tener que buscar a su hermana y sobrina, tuvo que enterrar a Angie, la hija mayor de su hermana Ana María. Sus días aquí, como el de muchas otras familias, parecen un viacrucis que no termina.

Lucía Ordoñez, madre de Adriana, no fue afectada porque vive en Villa Garzón, pueblo cercano a Mocoa. La última hora en que doña Lucía habló con su hija desaparecida fue justo en el momento de la avalancha. María del Pilar le preguntó a su madre qué hacer “porque estaba pasando una inundación, que se estaba llevando las casas”. “Abro o cierro las puertas, ¿Qué hago?”. Su madre alcanzó a decirle que se pusiera en las manos de Dios y se cayó la llamada. No supieron si alcanzaron a salir de la casa.

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Cuando Adriana llegó a la capital del Putumayo, se fue inmediatamente para la casa que era de su hermana. Solo encontró partes del piso, el resto de la vivienda había sido arrasado. Hallaron algunos objetos de su sobrina a pocos metros —como muñecas o zapatos—, también documentos y la agenda donde su hermana le escribía cartas a su niña en una especie de diario, donde le decía lo mucho que la quería, lo especial que era y que significaba todo para ella. Nada más se pudo recuperar. Solo vieron a unos metros el carro que era de su hermana y su esposo. Después fueron con una patrulla de bomberos, quienes descartaron que en la zona de la casa hubiera cuerpos porque no existían indicios de olores, entre otros factores. Empezaron la búsqueda a la distancia desde ese momento.

La otra hermana de Adriana, Ana María, había mandado a su hija mayor a estudiar a Mocoa. Adriana cuenta con dificultad que han perdido con inmenso dolor a su sobrina mayor, a quien solo hace un día enterraron. Su cuerpo fue encontrado en Villa Garzón por la Defensa Civil, junto a tres adultos y un niño.

Adriana Gómez busca a sus sobrinas fallecidas en la tragedia de Mocoa. Foto: Juanita Restrepo.

“Nunca en su vida se han desprendido de esa niña: la soltaron porque se iba a estudiar. Sus papás están destrozados. La identificamos ayer en la mañana. Llevamos el papeleo y la entregaron en la tarde noche. La velamos y esta mañana la enterramos. Uno está destrozado, pero esto le da un poco de tranquilidad: sabe dónde está el cuerpo, donde está su ser querido. No la zozobra de pensar que están heridos”.

Toda la familia comenzó a hacer recorridos múltiples por donde la avalancha pasó tratando de encontrar, posiblemente, sus cuerpos. Después se dividieron en grupos para hacer búsquedas por toda la zona, incluso llegando hasta el río Putumayo, cerca a Villa Garzón, o al río Mocoa. “Hay cuerpos a muchos kilómetros y hasta el río Caquetá fueron a dar”.

Una de las partes más difíciles para Adriana —y por la que también han pasado otras de las familias de los desaparecidos— es ir a reconocer cuerpos, buscar en el cementerio, mirar a otras niñas fallecidas pensando que posiblemente ahí estaba su sobrina Isabella, buscar rasgos físicos, buscar hasta el cansancio, como si esa palabra resumiera la pena más grande. Nada. No aparecen.

Por ahora, hay una esperanza y es que les han dicho que en el hospital de Puerto Asís parece que hay una María del Pilar Gómez. No saben si son rumores y continúa la verificación.

¿Qué sigue?

Nos hemos valido de amigos que están en ciudades donde hay heridos para que nos ayuden a buscarlas en los hospitales. Los cuerpos que hay están enterrados y los que rescatan ya no los dejan ver, porque el reconocimiento físico es casi imposible por la descomposición, entonces los pasan directamente a medicina legal. Por ahora, esperaremos el cotejo del ADN, seguiremos esperando.

¿Qué piensan ustedes en estos momentos?

Tantas cosas. Son mis únicas sobrinas, la chiquita de la casa y la mayor. Tengo dos hijos y más sobrinos, pero ellas son nuestras niñas. Mi mamá está destrozada, pero en medio de todo ha sido muy fuerte, es la que nos da aliento. Uno piensa: bueno, ya pasó, si fallecieron por lo menos encontrar el cuerpo porque eso ayuda a mitigar un poco el dolor, pero no ha sido posible.

Adriana seguirá buscando hasta donde sea posible. Las averiguaciones continúan en Puerto Asís. “La única ansiedad es que, como sea, pero que aparezcan. Si esta tragedia estaba anunciada y se podía evitar, ya uno no puede hacer nada, pero, ¿Qué pasa con las autoridades que tenían que haber prevenido esto? Hace dos años se hizo una alerta y se evacuó parte de la zona, pero a veces la gente se confía. Hasta que pasan las cosas no se piensa: ¿Por qué no se hizo nada?”.

Uno de los enigmas más grandes que Adriana y su familia tienen respecto a su hermana es que horas después de la avalancha se hizo una publicación desde su Facebook. Desde Mocoa, están tratando de encontrar alguna persona que sepa de informática para que los ayude a saber desde dónde se hizo esta publicación.

Escombros que dejó la avalancha en Mocoa. Foto: Juanita Restrepo.

Un reencuentro

En medio de tantas historias en la capital del Putumayo, también se dan encuentros que incentivan en todos la esperanza. Así ocurrió ayer con doña Aurora Herrera, una mujer ecuatoriana que vino en búsqueda de su hijo, nuera y nieta. La conocimos en el parque de Mocoa. Llegó con una mochila al hombro y en su celular un video en el que al parecer se veía su hijo. Recorrimos con ella algunos albergues para encontrar a su familia, hasta que alguien dijo que aquel video era en el cementerio de Mocoa.

El cementerio de Mocoa —en estos momentos uno de los lugares más duros de visitar en la ciudad— fue el lugar de búsqueda, pero allí no apareció su familiar. El día terminó sin muchas noticias, pero a la mañana siguiente nos encontramos con otra Aurora, quien había logrado reencontrarse con su familia: su hijo, nuera y nieta. Las dos algo golpeadas, pero con vida y juntos de nuevo llenaron de otras perspectivas su panorama y el de muchos otros.

“Es peor una avalancha que un terremoto”: capitán Miguel Infante

El capitán Miguel Infante de los Bomberos de Cali, y quien coordinó la operación de rescate de una mujer de 76 años en una vereda cercana a Mocoa, nos cuenta que él también tuvo la oportunidad de trabajar en los desastres naturales de Armenia y Armero. Su experiencia le ha dado el talante para pensar y actuar rápido, así como la posibilidad de dimensionar claramente los eventos ocurridos esta semana.

“Mocoa es un Armero pequeño. Preguntaban que por qué no se buscaba intensamente para encontrar gente viva. Es porque es difícil: no es lo mismo un terremoto que una avalancha. En el terremoto puedes encontrar expectativas de vida de casi un mes, porque si estás de buenas puede quedar un espacio donde haya un hálito de oxígeno. Entonces, ¿Quiénes sobreviven? Los que ‘sobre aguan’ o se trepan en troncos porque van flotando, pero van a sufrir golpes, cortaduras. Es peor una avalancha que un terremoto porque tienes más maneras de morir. Puedes golpearte, atorarte, ahogarte o morir de un infarto del miedo que te da. Es una situación muy difícil: en una avalancha, salvo la voluntad de Dios, es muy duro que una persona sobreviva”.

Para este bombero experimentado, las labores de búsqueda pueden terminar pronto. Cuantificar la población que había en los barrios más afectados ha sido una ardua labor. Muchas personas quedaron sepultadas. Todos esperan un milagro: rescatar algo de sus seres queridos.

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“La gente dice que este pueblo no debería estar aquí. Que los indígenas lo quemaron varias veces para irse a otro lado. Tal vez si hubiera estado en otro sitio esto no habría pasado (…)”, concluye el capitán Miguel.

Muchos buscan

En el albergue del ITP (Instituto Tecnológico del Putumayo), donde hay más de mil seiscientos damnificados, está Guido Masías, quien vivía en el barrio Los Laureles. Perdió a su mujer. Su hijo se salvó y aún no encuentran a su hija, Gina Valentina Masías.

Guido quedó muy herido y lo trasladaron a un hospital en Neiva. Una vez recuperado no dejaba de pensar en su mujer y niños. Le pidió a los médicos que lo dejaran irse rápido, porque no podía ni siquiera comer de la angustia. Se trasladó apenas pudo de nuevo a Mocoa y ya con su hijo al lado se mejoró, pero aún debe tratar de estar quieto, mientras sus familiares lo ayudan a buscar a su hija.

“Me queda rogarle a Dios que Él me entregue a mi hija. Hace unas semanas mi mujer y yo peleamos. Mi niño me dijo que se iba conmigo, pero que si me conseguía otra mujer regresaba con su mamá. Son cosas que pasan, que uno dice, pero yo solo sé que debo ser fuerte”, cuenta.

Otro caso, que se alcanza a escuchar a pocos metros de Guido en el albergue, es el de Yuli Páez, mamá de Jefferson Steven Cerón, un niño de ocho años desaparecido. “Los fines de semana yo trabajo hasta tarde y mi hijo se quedaba con la abuela. Ese día estaba con ella, que vivía en el barrio San Miguel. Mi mamá y hermana se salvaron, pero siguen en el hospital muy afectadas, pero mi niño nada que aparece. Ellas lo pusieron en una especie de techo, pero mi mamá no recuerda que pasó: a ella la golpeó una nevera en la cabeza y perdió la memoria, no recuerda del todo ese momento. Yo no he querido decirle que no he encontrado al niño. He ido a la morgue, al cementerio, a todos lados, pero nada”.

Adriana, Guido, Yuli y muchos otros conservan la esperanza, como dicen: es lo último que se pierde, pero más allá de eso, lo que guardan es una gran fortaleza para seguir, para buscar, para hallar respuestas en un fenómeno que deja muchas inquietudes.

Si usted tiene información de alguna de estas personas desparecidas, por favor contacte a los siguientes números telefónicos:

Desaparecido Contacto Teléfono

María del Pilar Gómez Adriana Gómez 323 252 5356

Lauren Isabella Ballén (5 años) Adriana Gómez 323 252 5356

Gina Valentina Masías Guido Masías 311 546 40 87

Jefferson Steven Cerón Páez Yuli Páez 322 403 45 15

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