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Foto: Leo Matiz / Colprensa.

Frida Kahlo y Diego Rivera, una vorágine de amor y arte

Por: Ana María Lara

Frida Khalo y Diego Rivera, pintores ambos, íconos de la identidad nacional en el México de la primera mitad del siglo XX, fueron testigos y protagonistas de una época rica en transformaciones políticas y culturales: México exalta la memoria de sus culturas ancestrales, a la vez que reivindica la gesta de la primera revolución agraria del siglo XX en occidente. Diego las hará inmortales a través de sus descomunales murales, en Frida será la expresión pictórica del ser mujer orgullosa de su cultura, y mostrando las dolencias que transforma en cuadros y exvotos muy propios de la devoción en el país.

Frida, nacida en 1907, desde su niñez, fue marcada por la enfermedad (poliomielitis), que le atrofió una pierna y apenas saliendo de la adolescencia, por un trágico accidente en 1925, en el que un tranvía chocó con el bus en el que viajaba: una barra metálica le atravesó la pelvis y le partió la columna vertebral. Desde entonces imposibilitada para tener hijos, padeció a todo lo largo de su vida más de 30 operaciones, la tortura de corsés de yeso y de metal, la amputación de una pierna, quedando por largas temporadas postrada en una cama, la última durante un año.

Foto: Leo Matiz / Colprensa.

Diego, nacido en 1886, inició muy joven estudios de Bellas Artes. En 1907, sale becado para España pasando luego a Francia e Italia, donde se nutrió del cubismo, del surrealismo y de los frescos del Renacimiento italiano. Regresó a México en 1921, para convertirse en el mayor muralista, junto a Siqueiros y Orozco. Los murales que llenan las paredes de los edificios públicos más emblemáticos de la nación, narran la historia del país, resaltando el papel de las masas de campesinos, indígenas y obreros.

Un día de 1929, Frida fue a verlo trabajar, y poco después le pidió su opinión sobre las pinturas que estaba comenzando a crear. Así fue el inicio de una relación que, en medio de tormentas, aventuras amorosas de ambos, rupturas y reconciliaciones, los mantuvo unidos hasta la muerte, por el arte, por la militancia política y sobre todo por su afinidad temperamental: ambos intrépidos, libertarios, provocadores, camorreros, juguetones, terminaban siempre sobreponiendo su visceral simbiosis a todas las desavenencias y traiciones, por fuertes que fueran.

Se casaron en 1929, y otra vez en 1941, después de una separación de un año en el que de todas formas estaban muy pendientes el uno del otro. Cada uno admiraba el trabajo artístico del otro, y Frida promovía las obras de su marido, mientras él era prodigo en elogios sobre los cuadros de su mujer. La fama internacional de Diego fue enorme, pero Frida también expuso sus cuadros en México y en el exterior, más de 150 y sus 55 autorretratos, siendo la primera pintora mexicana en el museo del Louvre de París.

Foto: Leo Matiz / Colprensa.

De Frida, Diego escribió: Frida es ácida y tierna, dura como el acero y delicada y fina como el ala de una mariposa. Adorable como una bella y profunda sonrisa y cruel como la amargura de la vida.

Estos dos mexicanos que reivindican su nacionalidad y su posición revolucionaria vivirán paradójicamente una etapa fructífera en los Estados Unidos al principio de la década de 1930, donde las exposiciones de Diego tienen un enorme éxito. Allí Rockfeller le encargó a Diego unos murales para ensalzar el desarrollo industrial. Diego se atrevió a pintar el rostro de Lenin en uno de ellos; se acabó el idilio con el norteamericano. El hecho es que Diego y Frida eran comunistas, pero antiestalinistas (hasta el punto de recibir en su casa en 1937 al líder del Ejército Rojo León Trotsky, exilado en México y pronto asesinado allí).

A partir de 1950, Frida ya inmovilizada y presa de intensos dolores en todo su cuerpo, negaba su condición pintando y lanzándose a nuevas aventuras amorosas. El año 1953 marcó su consagración como artista con la exposición en la Galería de Arte contemporáneo de México, pero fue también el año en que le amputaron una pierna. En 1954, Frida, tiernamente acompañada y cuidada por Diego, ya no puede superar sus dolencias físicas y muere declarándole una vez más su indestructible amor. Diego le sobrevivirá apenas tres años.

Diego principio.

Diego constructor.

Diego mi niño.

Diego mi novio.

Diego pintor.

Diego mi amante.

Diego “mi esposo”.

Diego mi amigo.

Diego mi madre.

Diego mi padre.

Diego mi hijo.

Diego=Yo.

Diego universo.

Diversidad en la unidad.