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Un jardín, un comedor, una biblioteca

Camilo Mendivelso

Por @Aurekk

En la mayoría de los barrios, en las comunidades, se integran esfuerzos de sus habitantes por mejorar el espacio. Buscan mayor bienestar para todos, pero en especial para sus niños. A veces, con nuestra propia cotidianidad, podemos pasar por alto estas iniciativas que requieren nuestra atención y que se beneficiarían mucho con nuestro apoyo.

Este es el caso del Jardín Soratama de Bogotá, ubicado en el barrio del mismo nombre, que se creo por el impulso de varios padres de familia que vieron la necesidad de tener un lugar seguro para sus hijos. De esa misma manera, años después, un comedor comunitario nació de este mismo grupo, pues es tan necesaria una buena alimentación como una buena educación.

"Nos dimos cuenta que hay familias cuya única comida al día es la que servimos en el comedor. Por eso hicimos el esfuerzo y hoy día atendemos a 300 personas diariamente", comenta Sandra, directora del Jardín.

Aunque con estas iniciativas siempre habrán cosas por hacer y cosas que harán falta. Sin un apoyo constante, se ven más las necesidades, pero las ganas de ayudar y mejorar la comunidad eran enormes.  Se había intentado crear una biblioteca con una donación de libros que recibieron, pero sin el apoyo e incentivo a la lectura, nadie utilizaba este servicio.

Un grupo de jóvenes del SENA, estudiantes de gestión bibliotecaria, encontró esa oportunidad y se plantearon el proyecto de una biblioteca infantil. 

(De izquierda a derecha: Claudia, Mauricio, Fernando y Laura)

"Hay una labor importante en el jardín para el desarrollo de los niños. Sin embargo, si se les promueve la lectura desde corta edad se puede fortalecer su crecimiento y darles más herramientas en su adolescencia", dice Laura hablándonos más de este proyecto.

Ha sido un trabajo con las manos y el cariño de los estudiantes, que no ven en esto un proyecto académico, sino una forma de aportar a la comunidad. En un barrio lleno de problemas sociales, cercano a las malas influencias, el dar herramientas educativas se convierte en lo más importante, pues es la forma de darle fuerza al crecimiento de los pequeños dentro de estos espacios saludables.

"Nos gustaría que esta biblioteca fuera el inicio. Hay muchas cosas que se pueden hacer por los niños, como obras de teatro u otras actividades lúdicas. Muchas veces en nuestros barrios tenemos cerca lugares similares pero no nos interesamos por saber qué podemos aportar. Acá buscamos construir tanto para la población infantil de la comunidad, como abrir espacio para otros estudiantes del SENA que quieran hacer sus prácticas y mantener este espacio que estamos abriendo", afirma Claudia, una de las estudiantes creadoras del proyecto.

Pero la labor es constante y las falencias son varias en este tipo de iniciativas.

El apoyo siempre será bienvenido. Un libro, un juguete, aquello que está en su casa en buen estado y que nadie utiliza, puede ser la pieza clave para que cientos de niños de su comunidad puedan educarse, aprender y tener un desarrollo feliz. Donar es también una forma de construir.