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Foto: Boogaloop

Escenarios de música en vivo: sin fecha de reapertura

Por: Carmen Mandinga.

La experiencia de la música en vivo ha cambiado totalmente en esta época de cuarentena y, si bien muchos artistas están compartiendo sus creaciones e interpretaciones a través de los canales digitales, estamos presenciando un momento crítico para todo el sistema que permitía al público disfrutar esta experiencia y que a principios de este año generaba, sólo en la capital del país, alrededor de 34.000 empleos directos y otros 36.000 indirectos, según cifras de la Cámara de Comercio de Bogotá. 

Desde que se declaró el confinamiento obligatorio en marzo de 2020, los escenarios de música en vivo se vieron obligados a cerrar y cancelar sus agendas, que incluían conciertos y presentaciones de bandas y djs locales y extranjeros. Al mes siguiente, un estudio del Observatorio Económico de la Asociación de Bares de Colombia (Asobares) ya ponía en evidencia el riesgo en el que se encontraba el sector, pues 23,2% de los empresarios habían manifestado su consideración de devolver los locales y el 80,5% de los inquilinos no había llegado a establecer acuerdos con los propietarios de dichos locales. 

Además de los acercamientos del ministerio de Cultura con distintos actores del sector de la cultura que se viene dando desde mayo, en algunas ciudades se ha procurado abrir espacios de diálogo con representantes del sector, pero al parecer no se han generado aún suficientes resultados.

Tal es el caso de Cali, ciudad reconocida por su vida nocturna y la actividad cultural especialmente alrededor de la salsa y la música en vivo, donde se han dado acercamientos entre entidades gubernamentales y el gremio, pero aún no se han tomado medidas basadas en las propuestas presentadas. 

David Gallego, propietario de Mamut, un espacio donde se ofrecía música en vivo de distintos géneros, relata que varios establecimientos del circuito turístico decidieron cerrar a partir del 14 de marzo de este año, dos meses después tuvieron la oportunidad de reunirse algunos representantes del gremio con el alcalde de la ciudad, el secretario de Turismo, el secretario cultura, el secretario de desarrollo económico y el gerente Corfecali. En dicha reunión “Ellos recibieron las propuestas y dijeron que íbamos a reunirnos los días siguientes... Y eso nunca sucedió”.

En otras ciudades, ni siquiera, este intercambio de propuestas ha sido posible, según Jean Pierre Guarín, socio de Libido Bar y Libido Club: “No hemos recibido comunicaciones, ayudas ni acompañamiento por ningún ente gubernamental. Solo hemos visto como uno a uno los lugares con más historia de la ciudad van cerrando por el olvido y las políticas ineficientes del gobierno en esta época de crisis”.

Foto: Boogaloop 

Esta situación se presenta también en la capital del país como lo comenta Juan Medina, director general de Boogaloop club, que en sus propias palabras es “un escenario multicultural para que músicos y Djs tengan una ventana para mostrar su arte al mundo”. La programación del club para el segundo trimestre de 2020 fue cancelada debido a esta contingencia y desde entonces afirma que “en ningún momento hemos sentido presencia del Estado, y mucho menos apoyo alguno. Todo lo contrario, los recibos de servicios continúan llegando incluso más caros sin hacer uso del local”.

Mientras tanto, los socios y empleados de estos espacios están buscando todas las maneras posibles de evitar el cierre total, empezando por la virtualidad tan propia de estos tiempos, donde comparten contenidos, listas de reproducción y transmisiones en vivo con DJs. 

En el caso de Mamut, también han recurrido a la venta de alimentos como hamburguesas y empanadas para recibir algún tipo de ingreso, pero es una actividad complicada principalmente porque en Cali hay una inmensa oferta de comidas rápidas en estos momentos en los que la gente tiene que “reinventarse”, y además porque esa no es la naturaleza de estos establecimientos que no están preparados para competir con los restaurantes. Además, continúan usando el espacio para ensayos y grabaciones y se está considerando realizar algunos conciertos virtuales para recoger fondos mediante donaciones en plataformas de Crowdfunding.

La recolección de fondos a través de actividades virtuales también ha dado resultados para Libido Bar, que cuenta con una comunidad muy solidaria ya que este lugar es, en palabras de sus socios, “La Casa de los que no tienen casa en Medellín”. Libido durante más de veinte años se ha consolidado como un lugar de diversidad e irreverencia, con un éxito tal que sus socios decidieron abrir Club Libido para realizar eventos y traer las bandas underground internacionales que sus clientes soñaban con ver en vivo. 

Por todo lo anterior, no es de extrañar que sean a veces los mismos clientes los que proponen actividades para mantener a flote ambos establecimientos, ya han hecho sorteos de vinilos y CDs, descargas digitales de bandas nacionales, ventas de libros y licores, lanzaron marca de ropa libido y tienda de juguetes para adultos; además realizaron un festival internacional en línea llamado “Transmission Fest” con 12 presentaciones de DJs nacionales y de países como México, Perú y Alemania, recibiendo aporte voluntario. 

El equipo de Boogaloop Club está implementando acciones relacionadas con su actividad principal para sostenerse, por lo que tramitaron permisos para operar como ensayadero y canal online de transmisiones vía streaming; teniendo en cuenta que el regreso a la actividad de este sector será posiblemente el más demorado (dieciocho meses según el gobierno nacional), crearon Boogaloop TeVe, una plataforma musical que busca nuevas dinámicas de interacción con el público mediante la transmisión de ensayos y la difusión de contenidos de las bandas. 

Ellos esperan que esta iniciativa genere buenos resultados puesto que “un espacio físico como lo es Boogaloop, con óptimas condiciones para la música en vivo, los artistas (consagrados o no), tendrán la posibilidad de hacer sus ensayos en tarima real, lo cual ofrece mejores resultados que en los ensayaderos convencionales y haciendo más productiva su inversión”, asegura Juan Medina.

De todas maneras, estas propuestas se pueden quedar cortas para mantener los establecimientos funcionando dados los costos operativos y de nómina. Solamente Libido Bar cuenta con diez empleados fijos a los que por momentos se suman colaboradores logísticos y de vigilancia, más los músicos nacionales e internacionales que tocaban cada semana allí, que sólo en el 2019 fueron sesenta bandas nacionales y trece internacionales, así que esperan resistir con el apoyo de su público. 

En Boogaloop esperan que la creación de su plataforma audiovisual les ayude a recaudar fondos para apoyar al sector cultural y los diversos eslabones de la cadena de valor: desde los vendedores informales, pasando por logísticos y bartenders, así como los mismos músicos, pero no descartan la idea de cerrar si no logran un flujo de trabajo permanente o algún apoyo estatal que les permita subsanar los gastos fijos mensuales. Y en Cali, más establecimientos como Mamut siguen esperando comunicaciones de parte de las entidades gubernamentales, con las que en algún momento se reunieron, con la esperanza de que surjan opciones que eviten el cierre definitivo.

 

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