Foto: Colprensa. Lunes 11 de junio de 2018.

¿Estamos ante una crisis de los partidos políticos?

Por: Ángel Batista.

En décadas no tan lejanas era impensable para una persona que aspirara a la presidencia no militar en algún partido político. Tanto así, que generaciones de colombianos se educaron políticamente siguiendo con disciplina los acuerdos a los que llegaban los mandatarios de los partidos políticos.

Hoy en día, la situación parece diferente. Mediante una rápida búsqueda en las organizaciones que hacen seguimiento a la opinión pública como Latinobarómetro o el Barómetro de las Américas se encuentra que los ciudadanos no solo de Colombia, sino de Latinoamérica observan con cada vez menos confianza a las instituciones, a los partidos políticos, a los congresistas y en general todos los componentes que simbolizan al ejercicio político.

Paradójicamente, a pesar de los niveles bajos de aceptación de estas figuras. La ciudadanía se está movilizando. El abstencionismo, una de las manifestaciones tradicionales de desaprobación a los líderes políticos, parece estar bajando. Para las elecciones al congreso de este año el porcentaje de participación fue del 47,8 %, mientras que en el 2014 fue del 43,58 %.

Del mismo modo, al comparar la primera vuelta presidencial de este 2018 se alcanzó un porcentaje de participación del 53,36% muy superior al 40,09% que se presentó hace cuatro años.

En estas elecciones presidenciales, además, la desaprobación hacia los partidos políticos se hizo evidente desde los mismos líderes políticos quienes en su mayoría iniciaron su carrera hacia la Casa de Nariño desde la figura de recolección de firmas, con la esperanza de mostrarse de cara la contienda electoral como representantes ciudadanos alejados de los avales de partidos políticos.

¿Cómo explicarlo?                                                                                                                                                            

La Constitución de 1991 significó para el país una aproximación más multipartidista a la política, lo que le permitió a la ciudadanía contar con un abanico más amplio de posibilidades y de proyectos colectivos. Esto conllevó para los partidos tradicionales una pérdida de parte de sus seguidores al encontrar opciones más cercanas a sus necesidades e intereses personales.

Esta apertura, sin embargo, llegó al extremo de que en el territorio nacional se encontraran cerca de una centena de partidos políticos que en algunos de los casos servían como simples fábricas de avales lo cual mostraba el lado más burocrático de los partidos políticos y debilitaba de paso la imagen pública de estas instituciones.

De hecho, al revisar las participaciones en contiendas presidenciales que se han presentado bajo el marco de esta Constitución, desde las elecciones presidenciales de 1998, cuando se enfrentaron la candidatura de Andrés Pastrana del Partido Conservador y la candidatura de Horacio Serpa por el Partido Liberal, ninguno de los partidos tradicionales ha tenido opciones reales de llegar al poder.

Esto los motivó a establecer alianzas que en algunos de los casos comprometía la coherencia ideológica de los partidos a cambio de mantener su vigencia y participación en los gobiernos de turno. Lo cuál podría tener varias explicaciones.

Para el profesor Fabián Acuña de la Universidad Javeriana esto se puede explicar porque “si bien la coherencia es un factor ético y moral que hace parte crucial del deber ser de la democracia, en la política práctica del día a día no es un factor determinante en los esquemas costo-beneficio que establecen los partidos en Colombia”.

Otra forma de explicar la situación de los partidos políticos en Colombia la da el profesor Iván Gaitán de la Universidad Militar quien plantea que “tradicionalmente han sido compuestos por una aglomeración de élites en donde las diferencias no son tanto ideológicas sino más bien de conveniencias particulares, por lo que la dinámica partidista queda subsumida por la búsqueda de puestos burocráticos en un juego de roles en donde participan las mismas familias una y otra vez”.

Para el profesor Luis Felipe Vega, la llamada crisis de los partidos políticos en Colombia se podría rastrear hasta el 2002 con el gobierno de Álvaro Uribe y su postulación con el movimiento Primero Colombia, pues esta llegada al poder radicalizó algo que estaba tácito en la política colombiana: la presencia de constelaciones de liderazgos personales, regionales y locales más poderosos que las iniciativas colectivas que representan los partidos.

Esto explicaría porque los partidos políticos ya no son las fuerzas primarias electorales en las contiendas presidenciales y se convierten más bien en apoyos subsidiarios capaces de desequilibrar balanzas. Además, también daría cuenta de porqué los partidos tradicionales obtienen resultados tan radicalmente distintos en las votaciones al congreso y en las votaciones presidenciales.

En el contexto de segunda vuelta de una elección presidencial como en el que nos encontramos los partidos políticos entran a participar de acuerdos electorales con un objetivo inmediato: la suma de votos. Por lo que las diferencias ideológicas en este contexto pueden pasar a un segundo plano.

De esta forma se puede explicar una situación que para los colombianos de antaño pudiera sonar descabellada: que los partidos antagónicos por excelencia en la historia política colombiana como lo son el liberal y el conservador apoyen al mismo candidato.

Históricamente, esta situación no es nueva si tenemos en cuenta que a partir del Frente Nacional se fueron creando colaboraciones en donde los factores de confluencia fueron aumentando: en su afán por atraer electorado, en muchas ocasiones los partidos políticos de ambos bandos flexibilizaron sus posturas con el objetivo de seducir a los votantes indecisos.

De la misma manera, es apenas coherente que los movimientos sociales pertenecientes a las minorías apoyen a las candidaturas alternativas en la medida en que este tipo de candidaturas les aseguran una visibilidad política que históricamente no han encontrado en los partidos políticos.

Los partidos políticos en tiempos de las tecnologías de la información

Para los expertos, la presencia de un cambio tecnológico de la magnitud de las redes sociales, no puede ser un factor que se tome a la ligera en esta discusión.

Para el profesor Fabián Acuña “en la era de la democratización de la información se nos crean muchísimas y distintas formas de vida, ya no es una situación bipolar como la vivida antes de la caída del muro de Berlín y es muy difícil que un partido político logre congregar dentro de sí tantas fracturas sociales y lo que es peor, si lo intenta pierde credibilidad con uno o con el otro sector”.

La sobreexposición a la información a la que son sometidos los ciudadanos además crea nuevos retos como lo son el manejo de la veracidad de la información o las denominadas “Fake news” que pueden determinar una elección.

Para el profesor Luis Felipe Vega “la política se vuelve un elemento más de consumo de los públicos, por lo que el marketing político ahora piensa en públicos objetivo”.

Sin embargo, sería un error considerar esta época de transición como negativa per se para los partidos políticos. Los expertos coinciden en que las iniciativas colectivas como los partidos políticos son mucho más benéficas para la democracia que las individuales en la medida en que siembran una serie de reglas base a las cuales regirse a los líderes políticos, por lo que eventualmente los partidos políticos hallarán la forma de adaptase.

Frente a los vertiginosos cambios sociales que presentan las tecnologías de la información, los partidos políticos deben reinventarse con el objetivo de cumplir su principal función dentro de la democracia: diagnosticar los principales problemas y necesidades de la población para mejorar las condiciones de vida de los habitantes.

Esta reinvención puede partir desde una reinterpretación de las agendas locales y un acercamiento a los ciudadanos desde las nuevas tecnologías que les permita recuperar la confianza en la institucionalidad y a la larga volver a ser una representación de las preocupaciones de los habitantes de una comunidad.