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Foto: Archivo Colprensa 2018.

Génesis: Los primeros pasos de Yuri Alvear

Por: Thomas Beltrán Lozano

Lo suyo era el deporte e incluso llegó a probar en otras disciplinas antes de llegar a una carrera exitosa en el judo. La descubrió el profesor Ruperto Guauña, que un día llegó desprevenido a la sede del Liceo Técnico Comercial donde estudiaba Yuri Alvear en Jamundí (Valle del Cauca), y le llamó la atención que una mujer le estaba pegando y tenía dominado a un hombre. Al intentar separarlos, los compañeros se opusieron porque decían que era una pelea normal y diaria entre hermanos. La joven, que era Yuri Alvear, se molestaba porque su hermano le quitaba el dinero del refrigerio.

La determinación de Yuri Alvear fue lo que le llamó la atención al profesor Guauña que tenía un grupo de judocas y quería entrenar a Yuri:

 “Viendo el talento de Yuri, yo le recomendé a su familia que la metiéramos a judo”, dice el profesor con el convencimiento de haber descubierto a la mejor de este deporte en la historia de Colombia.

Foto cortesía: Yuri Alvear

De Arnoby Alvear, su padre, Yuri heredó la fortaleza física de un hombre que cargaba bultos en la plaza de mercado de Jamundí y también se dedicaba a las labores de la construcción. Una vez Yuri Alvear entró al mundo del judo, no fue una tarea fácil y muchas veces no tenía plata ni siquiera para coger el bus para ir a los entrenamientos o a las competencias en los municipios cercanos. Todo lo solucionaban con recolectas, rifas, bingos y ventas de empanadas, que, aunque no fuera mucho dinero, servía para viajar y comprar los uniformes.

“En esa época hacíamos la famosa chocolatada con pandebono, hacíamos retén cerca al coliseo para detener los carros y que nos dieran algunas monedas. Recuerdo también al padre Alber, un sacerdote de la parroquia de Jamundí que una vez nos regaló la limosna de la misa que era muy generosa”, recuerda el profesor Guauña los sacrificios que tenían que hacer por cumplir con el sueño de los jóvenes de ser deportistas de alto rendimiento.

Su hermano Harbey le forjó el carácter con las peleas en el colegio, el profesor Guauña moldeó a una campeona y sus padres hicieron de ella una persona humilde, pero con convicciones. Así fue el inicio deportivo de Yuri Alvear, una mujer que se dio el lujo de ser abanderada de la delegación colombiana en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y que se ha colgado dos medallas olímpicas. Tiene una deuda con la medalla de oro, pero su preparación se intensifica para que en Tokio 2020 se cumpla un sueño por el que ha trabajado, luchado y sufrido.