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Colombia despide a dos grandes

José María ‘Chema’ Ramos (1948 – 2020)

Procedente de una tradicional dinastía vallenata originaria de Urumita, en la Guajira, José María Ramos Rodríguez, mejor conocido como "Chema" Ramos, se coronó a sus 28 años como el décimo Rey Vallenato, en 1977, hazaña que repetiría 23 años después su hijo, Chemita. Hoy, tras su partida, se le recuerda por su don de gentes, su lejanía de los reflectores del género y su cadencia en la digitación, que recordaba al estilo acompasado de colegas como Luis Enrique Martínez.

El músico perteneció a la que el investigador Tomás Darío Gutiérrez ha denominado la Cuarta Generación del Vallenato, la de los intérpretes del acordeón que lograron dejar en otros colegas el arte de componer y de cantar, responsabilidades que antes le correspondían a un solo músico, a la vez instrumentista, vocalista y autor. Para Gutiérrez, esta es la generación “de la gran revolución y toma definitiva del país a ritmo de acordeón; la del ingreso masivo de la juventud de todo el Valle de Upar y buena parte de Colombia a las filas de tan valioso folclor”. A esa misma camada pertenecen, entre otros, Beto Murgas, Emilianito Zuleta e Israel Romero.

José María Ramos Rodríguez había nacido en Urumita, Guajira, el 28 de octubre de 1948. Hasta la aparición de Saúl Lallemand, que se llevó el palmarés mayor del Festival Vallenato a sus 19 años, Ramos ostentaba el título del más joven rey. En aquella contienda de 1977 se batió ante colegas como Alberto Muegues, Miguel Ahumada, Ramón Vargas, Raúl “Chiche” Martínez, Rafael Salas y Juancho Polo Valencia. A ellos los derrotó en franca lid interpretando el paseo “Ni tú ni yo” de Armando Zabaleta; el merengue “El milagro”, de Emiliano Zuleta; el son “Yo traigo un son”; y la puya “El amigo”, de Joaquín Mora, entre otros.

Durante toda su vida, Ramos se dedicó a legar su arte a sus hijos y darle continuidad a una dinastía que ya tiene dos reyes vallenatos, incluida la corona que él se llevó en 1977. Luego integró un conjunto llamado Las Glorias del Vallenato, adscrito a la Casa de la Cultura de su Urumita natal, y participó de la Junta Directiva del Festival de La Flor de la Calaguala. En vida participó de grabaciones para cantantes como Carlos Lleras Araújo, Miguel Mora, Ivo Díaz e Iván Villazón, con quien registró un trabajo llamado “El vallenato mayor” en 2009.

La noticia del fallecimiento del décimo rey vallenato en un centro hospitalario de Floridablanca, Santander, entristeció al mundo de la música de acordeón, a escasos días del arranque de la edición No. 53 del Festival de la Leyenda Vallenata.

Eduardo ‘Lalo’ Maya (1946 – 2020)

Nacido en Sandoná, departamento de Nariño, el 17 de enero de 1946, el músico Eduardo Rafael Maya Ágreda, conocido cariñosamente como Lalo, fue una de las figuras más relevantes en la música de su región. Trompetista, arreglista y compositor, Maya fue un destacado explorador del jazz latino, la salsa y el funk, que nunca dejó de lado el son sureño, el sanjuanito y los demás géneros que constituyeron su crianza y sus primeros compases, a principios de la década del 60, cuando empezó a recibir clases con el profesor Rafael Castillo en su tierra natal, y luego en Pasto durante cuatro años, bajo el comando del trompetista Lucio Feuillet, abuelo del cantautor de igual nombre.

Parte de una familia de ocho hermanos, Maya se trasladó en su juventud a Bogotá para realizar estudios de Música en la Universidad Pedagógica y en el Conservatorio de la Universidad Nacional. Luego decidió trasladarse a Nueva York para aprender las técnicas de la improvisación. Allí se hizo habitual en la llamada Convención Internacional de Bronces al menos en cinco oportunidades, de la mano del profesor Claude Gordon. Luego regresó a Bogotá donde hizo parte de famosas agrupaciones de carácter tropical como Los Nada Que Ver, Los Astros, el Grupo Clase, Los Rivales, Los Caribes y la orquesta de su paisano nariñense Manuel Martínez Pollit. Entre uno y otro trabajo tuvo tiempo de conformar su Grupo Maya, banda de culto dedicada a la salsa con la que grabó dos álbumes en Philips y Fonobosa; y de crear proyectos propios de jazz y funk como Mister Bugle, Cámara Jazz y su Caribbean Big Band, fundada en Aruba, a donde viajó para quedarse en 1970.

El sonido del Grupo Maya acusó, desde el principio, un interés en el sonido progresivo y en las mezclas con el soul y el jazz. Esos mismos principios pudo explorarlos el artista como parte de Harold y su Banda, grupo con el que el pionero del rocanrol colombiano Harold Orozco se lanzó por caminos del funk en 1975. Su amistad con Emmanuel Pereira, músico y publicista brasileño radicado en Colombia por esos años, los llevaron a crear el Grupo Saudade, dedicado a la ejecución del samba y la bossanova, con integrantes como los también desaparecidos Gabriel Rondón en guitarra eléctrica y Luis Felipe Basto en piano.

Maya Ágreda llevaba más de la mitad de sus 74 años de vida residiendo en Orajenstad, Aruba, donde lo sorprendió la muerte el pasado viernes 25 de septiembre. Tras su partida, los músicos de su tierra quedan huérfanos de una influencia fundamental y de un gestor cultural como pocos, participante consuetudinario en eventos como Pastojazz, Sevijazz y el Festival de Jazz de Aruba, e impulsor y referencia absoluta en la carrera de agrupaciones como Los Ajices, Gualao (de la que además fue manager) y Sol Barniz, entre muchas otras.

Paz en la tumba de los maestros José María 'Chema' Ramos y Eduardo 'Lalo' Maya, nuestros Artistas de la Semana.