Emprender en el Catatumbo: resiliencia, sueños y nuevas oportunidades
Emprender hoy en día representa una mezcla constante entre oportunidad y desafío. En Colombia, esta realidad se vive con especial intensidad, ya que el país se ha consolidado como uno de los más activos en materia de emprendimiento en América Latina. Sin embargo, más allá de las estadísticas, emprender implica asumir riesgos, enfrentar barreras y, sobre todo, persistir. En regiones como el Catatumbo, este proceso adquiere un significado aún más profundo, pues se convierte también en una herramienta para transformar vidas y territorios.
En este contexto, la reciente Semana del Emprendedor, desarrollada en Ocaña, Norte de Santander, reunió a más de 80 unidades productivas que participaron en espacios de formación, visibilización y fortalecimiento empresarial. A través de Cemprendo, los emprendedores accedieron a talleres de marketing, capacitaciones y diferentes actividades pensadas para fortalecer sus ideas de negocio y mejorar su sostenibilidad en el tiempo. Este tipo de escenarios no solo impulsan la economía local, sino que también generan redes de apoyo fundamentales para quienes están comenzando.
Uno de los aspectos más significativos de esta jornada fue la participación de jóvenes emprendedores. En un territorio históricamente marcado por el conflicto armado, el desplazamiento y múltiples dificultades sociales, su presencia envía un mensaje poderoso: a pesar de las adversidades, es posible construir proyectos de vida a partir del emprendimiento. Estos jóvenes no solo buscan generar ingresos, sino también abrir caminos distintos para sus comunidades.
De un pequeño pedido a un negocio consolidado
Una de esas historias es la de Yari Solano, emprendedora del almacén de ropa femenina Sadaba, ubicado en el municipio de Convención. Su proceso comenzó de manera modesta, con un pedido inicial que no superaba los 200 mil pesos. En ese momento, más que los recursos, lo que predominaba era la incertidumbre. Sin embargo, con disciplina, constancia y una visión clara, logró hacer crecer su negocio hasta consolidarlo en un local físico.
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“Empecé con muy poquito, pero con muchas ganas. Al principio todo era muy incierto, pero poco a poco fui creciendo. Hoy tener mi tienda es algo que me llena de orgullo”, expresa Yari, reflejando el sentir de muchos emprendedores que han recorrido caminos similares.
Creatividad que cruza fronteras
Así como ella, otros jóvenes han encontrado en la creatividad una forma de salir adelante. Es el caso de Angie Contreras, quien ha desarrollado un emprendimiento basado en manualidades elaboradas con limpiapipas. Lo que comenzó como una actividad pequeña ha ido tomando fuerza gracias al uso estratégico de las redes sociales, que le han permitido mostrar su trabajo y conectar con clientes en distintos lugares.
Jóvenes que emprenden en medio de la adversidad
“Las redes sociales han sido clave. Gracias a ellas he podido mostrar lo que hago y llegar a más personas. Cada vez siento que mi emprendimiento crece un poco más”, comenta Angie, destacando el papel de lo digital en los nuevos modelos de negocio.
Pero el emprendimiento en el Catatumbo también tiene un componente profundamente social. En esta región, muchas iniciativas nacen como una alternativa frente a las dificultades del pasado, especialmente para víctimas del conflicto armado y firmantes de paz que buscan reconstruir sus proyectos de vida. A través del trabajo y la producción, estas personas encuentran una forma de generar ingresos, pero también de sanar y aportar a la construcción de paz.
Emprender también es construir paz
Un ejemplo de ello es Gina Ascanio, quien ha impulsado una marca de café enfocada en el trabajo y empoderamiento de las mujeres. Su emprendimiento no solo representa una actividad económica, sino también un símbolo de transformación y nuevas oportunidades en el territorio.
De acuerdo con el DANE, las micro, pequeñas y medianas empresas representan más del 99% del tejido empresarial en Colombia y generan alrededor del 65% del empleo nacional. Estas cifras evidencian la importancia del emprendimiento como motor de desarrollo. No obstante, también reflejan los retos que enfrentan estas iniciativas, ya que muchas de ellas tienen dificultades para mantenerse y crecer en el tiempo.
Diversos estudios coinciden en que los emprendedores suelen encontrar barreras importantes, especialmente en el acceso a financiamiento. La falta de garantías, la dificultad para demostrar solvencia económica y la alta tasa de fracaso empresarial son algunos de los factores que limitan su consolidación. A pesar de ello, miles de colombianos continúan apostándole a sus ideas, impulsados por la necesidad, la oportunidad o el deseo de independencia.
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En este sentido, el Estado ha comenzado a implementar estrategias para fortalecer este ecosistema. La Ley 2495 de 2025, por ejemplo, introduce incentivos para la creación y formalización de empresas familiares, además de promover el sello “Hecho en Familia”, con el objetivo de impulsar su crecimiento y reconocimiento en el mercado.
Emprender, como lo define la Real Academia Española, es comenzar una obra o negocio que implica dificultad o riesgo. En el Catatumbo, esta definición cobra vida en cada historia, en cada esfuerzo y en cada pequeño logro. Más allá de los números, lo que realmente define el emprendimiento en esta región es la capacidad de sus habitantes para resistir, adaptarse y seguir adelante.
Porque aquí, emprender no es solo crear un negocio, es construir futuro en medio de la adversidad.