Siete jóvenes se encuentran desaparecidos en Mariquita, Tolima: familias claman por respuestas
Mariquita, es un municipio ubicado al norte del departamento del Tolima, con una población aproximada de 39.000 habitantes. El municipio es conocido, entre otras cosas, por el famoso pan mariquiteño, la cosecha del mangostino, y ahora también denominado Capital Frutera de Colombia. El calor en esta zona es intenso, lo que permite de alguna forma que la actividad principal, que es la agricultura y fruticultura, se desarrolle de manera continua.
En medio de esta población, una tarde cualquiera comenzaron a desaparecer algunos jóvenes del municipio. Una de ellas fue Alejandra Arias León, oriunda de Fresno, quien llegó a Mariquita en busca de trabajo. Con 23 años y estudiante de quinto semestre de Desarrollo Familiar en la Universidad de Caldas, decidió viajar influenciada por una amiga y motivada por la posibilidad de encontrar mejores oportunidades laborales. Con el paso de los días, las comunicaciones con su madre comenzaron a hacerse cada vez más escasas, mientras quienes la acompañaban reportaban que Alejandra atravesaba algunas dificultades de salud, hasta que el contacto se perdió por completo. Su caso es uno de los que más tiempo acumula sin respuestas. Ya completa un año de desaparición.
De igual manera, el 14 de enero de 2026 se registró la desaparición de dos jóvenes más: Zait Stevan Ángel Delgado y Fredy Galindo. Este último se disponía a dirigirse al centro de acopio de Mariquita cuando se perdió su rastro. Sus casos se sumaron a una secuencia de ausencias que comenzaba a inquietar cada vez más a la comunidad, mientras familiares y allegados intentaban reconstruir las últimas horas y recorridos de quienes habían desaparecido.
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Días después, el 30 de enero, otros cuatro nombres se agregaron a la lista: David Santiago Toro Arévalo, Santiago Izquierdo Cuervo, Sergio Andrey Vanegas Moncada y Luisa Fernanda Chavarro Díaz. Con cada nuevo caso, la sensación de incertidumbre se hizo más profunda. Lo que en un principio parecían hechos aislados empezó a adquirir otra dimensión para los habitantes del municipio, que veían cómo, en cuestión de semanas, las desapariciones comenzaban a repetirse y a dejar preguntas sin respuesta.
A medida que los nombres comenzaron a repetirse y los días se convirtieron en semanas, las familias entendieron que el dolor que atravesaban ya no era individual. Decidieron unirse, encontrarse y caminar juntas en medio de la incertidumbre. Desde entonces han realizado caminatas, velatones y distintas jornadas simbólicas para mantener viva la búsqueda y evitar que los rostros y nombres de sus hijos desaparezcan también de la memoria pública. Con fotografías en las manos y mensajes que piden respuestas, han convertido las calles en escenarios de resistencia y de exigencia, buscando mantener abierta una conversación que, con el paso del tiempo, temen que se diluya.
Las fechas especiales también adquirieron otro significado. El Día de la Madre transcurrió sin noticias para quienes llevan meses esperando una llamada, una pista o una respuesta concreta sobre el paradero de los siete jóvenes desaparecidos. Mientras en otros lugares la jornada estuvo marcada por celebraciones y encuentros familiares, en Mariquita varias madres la vivieron entre la espera y la incertidumbre.
La ausencia dejó de ser únicamente una condición: se convirtió en una forma de habitar los días, de mirar el calendario y de aprender a convivir con preguntas que siguen sin respuesta.
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Mientras tanto, las labores de búsqueda continúan. Las autoridades mantienen operativos e investigaciones en diferentes sectores del municipio y zonas cercanas, aunque hasta ahora las múltiples versiones y coordenadas entregadas no han permitido establecer el paradero de los jóvenes ni hallar rastros concluyentes. La complejidad del caso también ha sido advertida por distintas entidades. La Defensoría del Pueblo señaló que el norte del Tolima enfrenta dinámicas complejas asociadas a estructuras armadas ilegales y alertó sobre riesgos para la población joven. A esto se suma la ubicación estratégica de Mariquita, un territorio conectado con corredores viales hacia distintas regiones del país, lo que amplía el rango de posibilidades dentro de las investigaciones.
Sin embargo, para las familias la angustia no solo proviene de la ausencia de resultados. En días recientes expresaron su inconformidad frente a algunas declaraciones e hipótesis que señalan la posibilidad de que los jóvenes estén muertos. Consideran que este tipo de afirmaciones, cuando no provienen de información oficial ni de resultados concluyentes, desconocen el proceso que han construido durante meses y terminan profundizando el dolor que ya enfrentan. Para ellas, plantear escenarios definitivos sin respuestas claras resulta revictimizante y rompe con la esperanza que todavía sostienen.
Su exigencia sigue siendo la misma desde el primer día: respuestas concretas, precisas y certezas que permitan entender qué ocurrió con sus hijos. Porque mientras no existan respuestas, para las madres buscadoras la espera continúa siendo una forma de permanecer de pie.