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La piscicultura, el camino para emprender con legalidad en el Putumayo

El ingenio de Héctor Cárdenas, indígena del pueblo Huitoto; lo impulsó a construir 4 estanques al respaldo de su rancho en el que tiene más de 4 mil alevinos de cachama.
Campo Colombiano
Crédito: Colprensa
Juan Miguel Narváez Eraso

Los suelos del departamento del Putumayo son tan generosos, que sus mismos habitantes se sorprenden al descubrir los diversos proyectos agropecuarios, que pueden ser desarrollados sin importar el lugar en el que se encuentren y sin atentar con la naturaleza.

Héctor Cárdenas; indígena del pueblo Huitoto quien hace 8 años en zona rural del municipio de Leguízamo consagró su vida a la piscicultura, está convencido que la cría y comercialización de cachama y pirarucú es la mejor oportunidad pecuaria y económica que ha tenido a lo largo de su existencia para emprender legalmente y sobre todo a lado de sus seres queridos.

En el 2014 cuando decidí tomar medidas en un pequeño predio que bordea la parte trasera de mi modesta casa para la habilitación de 4 estanques, pensé que lo mejor para vivir en fraternidad con mi esposa, mis hijos, el medio ambiente y los vecinos; era el cultivo de estos apetecidos peces”, dijo el pequeño productor rural.

Desde aquel año está afiliado a la asociación de piscicultores Arapaima, de cuyas capacitaciones impartidas por sus directivos afirma que ha aprendido importantes procesos para la óptima explotación de aquellos peces de agua dulce.

pisiscultura

Héctor Cárdenas; indígena del pueblo Huitoto asegura que la cría de cachama es una buena fuente de ingresos económicos para las familias que en Leguizamo viven del campo.

“Esta actividad es tan apasionante que el corazón se me ensancha de la alegría, cada vez que extraigo del estanque cachamas que suelen alcanzar hasta un kilo de peso”, afirmó Héctor.

Frente a esos buenos resultados que nunca se imaginó obtener, Héctor expresa con un alegre gesto que jamás renunciará a la piscicultura y por eso subraya que su entusiasmo lo debe a los más de 4.000 alevinos de chachama, a ‘Niño’, ‘Gato’ y ‘Lucas’ entre otros peces pirarucú.

Lo único que suele bajarme la moral es el alto precio del concentrado que diariamente suministro a los peces, sin embargo para superar esa preocupación alterno las raciones con diferentes productos agropecuarios que mi mujer cosecha de la chagra. Y para continuar subiendo mi felicidad, cada fin de semana mi casa se convierte en un restaurante en el que los comensales saborean las cachamas fritas, asadas o apanadas acompañadas de ensalada, arroz, patacón, tacacho, yuca cocida o plátano maduro”, dijo.

Como buen visionario de la piscicultura, Héctor estudia nuevas estrategias productivas que le ayudarán a impulsar su emprendimiento y una de ellas que le llama mucho la atención por lo novedosa que es en la región, tiene que ver con la comercialización de cachama enlatada al vacío.

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