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El “rey dromedario” en Somalia, símbolo de vida y cultura

En este país mayoritariamente rural, la cría de dromedarios y otros animales sostiene una economía devastada por la guerra.
Mundo
Fotos: EDUARDO SOTERAS / AFP
AFP

El nómada tenía sed y el viaje por el desierto de Somalia era largo y agotador. Volviéndose a uno de sus amados dromedarios, Ali Abdi Elmi extrajo leche a una urna de madera y bebió un largo sorbo.

"Tengo cinco hijos y todos dependemos de la leche de dromedario para sobrevivir", cuenta Elmi, pasando el recipiente a uno de sus hijos, quien bebió también.

Para muchos somalíes, el dromedario es un don de los dioses, fuente de leche y carne, bestia de trabajo en el desierto y, conforme el clima del Cuerno de África se vuelve más extremo, una garantía en tiempos de crisis.

Con fama de altanero y gruñón, el dromedario es celebrado en Somalia en canciones y folclor como símbolo de estatus y prosperidad, y es intercambiado en matrimonios o para resolver disputas.

En este país mayoritariamente rural de 15 millones de habitantes, la cría de dromedarios y otros animales sostiene una economía devastada por la guerra y los desastres naturales.

La ganadería es la mayor fuente de crecimiento económico en Somalia, y en años normales da cuenta de 80% de las exportaciones, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Con siete millones de bestias, hay más dromedarios en Somalia que en casi cualquier otro país y confieren más que respeto a sus dueños.

"No tenemos petróleo en este país. Los dromedarios son nuestro crudo", declaró Abdi Rashid, un comerciante que luce gafas de aviador y un traje safari en el principal mercado ganadero de Hargeisa.

Dromedarios

Ícono cultural

Un ejemplar impresionante puede valer 1.000 dólares, indicó Khosar Abdi Hussein, a cargo del mercado donde se vende leche fresca de dromedario y se embotella hasta su orina, que se dice tiene beneficios para la salud.

Las ventas se hacen con un apretón de manos bajo los chales a cuadros que portan los pastores.

La transacción se completa por transferencia móvil, un toque de modernidad en medio de este ancestral sistema de hacer negocios.

"Los dromedarios son importantes en la cultura somalí porque uno es considerado rico, o puede subir de estatus social, por el número de camellos que posee", explicó Hussein, quien dice tener nueve de estos animales.

Pero en un país donde siete de cada 10 personas vive en la pobreza, según el Banco Mundial, pocos somalíes pueden comprar estos animales.

Elmi es uno de los dos tercios de somalíes que dependen de la ganadería y, aunque no hace negocios lucrativos en el mercado local, sus dromedarios son una bendición.

Los dromedarios producen leche durante sequías, saciando a nómadas que pasan hasta un mes en las tierras secas sin otra cosa para consumir.

"Esta leche es buena para nosotros porque los dromedarios pastan en árboles con propiedades medicinales que ayudan a combatir enfermedades", asegura Elmi, un hombre de 40 años con la piel curtida por el sol.

En tiempos magros, un pastor puede comprar lo básico para su familia al vender la leche a los comerciantes de Hargeisa, donde la distribuyen embotellada en las calles.

Si la situación se pone realmente dura, puede matar un dromedario y vender su carne en el pueblo, donde se le considera un manjar.

Dromedarios

Vida dura

La vida pastoral es difícil, aún más por el errático patrón lluvioso del Cuerno de África, una región que científicos estadounidenses dicen que se seca más rápidamente ahora que en los últimos 2.000 años.

Los nómadas deben viajar grandes distancias para buscar agua y tierras donde pueden pastar sus bestias, cuya reputación como "barcos en el desierto" está siendo puesta a prueba con el cambio climático.

Miles de dromedarios y otros animales se ahogaron cuando el ciclón Gai, la más fuerte tormenta tropical en tocar tierra en Somalia, convirtió los desiertos en mares a fines de 2020.

Dos años antes, una prolongada sequía disminuyó los rebaños en 60% en algunas partes, según la FAO.

La pérdida de ganado invariablemente implica hambre en Somalia, y pastores empobrecidos que huyen a las ciudades en los últimos años conforme la vida en sus tierras se vuelve imposible.

En la región norteña de Somalilandia, las autoridades quieren reubicar a las personas a lo largo de la costa del golfo de Adén, una perspectiva inconcebible para algunas personas del desierto.

"Yo no veo que pueda cambiar nuestro modo de vida", dice Khosar Farrah, un hombre de 68 años con medio siglo como pastor de dromedarios.

Hussein tampoco ve a los nómadas convertidos en pescadores. "Aquí el dromedario es rey", dice entre risas.

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