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Niños migrantes, la inspiración del Premio Nacional de Literatura Infantil

El escritor venezolano Fanuel Hanán Díaz reflexiona sobre el fenómeno de la migración desde los ojos de un niño en su cuento ‘Hemos llegado a Berlín’. 
Literatura
Foto: Colprensa.
Yaneth Jiménez Mayorga

El sentimiento de desarraigo que llevan consigo las personas que deben abandonar su país, sus raíces, fue el punto de partida que dio vida a ‘Hemos llegado a Berlín’, el cuento con el que el escritor, investigador y académico Fanuel Hanán Díaz ocupó el segundo puesto en la primera edición del Premio Nacional de Literatura Infantil Pedrito Botero. Este galardón le fue entregado en octubre pasado en el marco de la 15º Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

El cuento, narrado en primera persona, cuenta la travesía de un niño migrante venezolano que tiene que cruzar junto con su madre y sus hermanas el Páramo de Berlín en Santander (Colombia), para llegar a un destino todavía incierto, con todas las vicisitudes que ello conlleva: los recuerdos, las preguntas, la desesperanza, la dureza de caminar, el hambre, pero también las ilusiones, los gestos de solidaridad, los paisajes. 

En Radio Nacional hablamos con el autor sobre migración y sobre ‘Hemos llegado a Berlín’. 

¿Cómo fue tu infancia? 

Yo tuve una infancia buena, viajábamos, íbamos al campo, teníamos una hacienda productora en una zona llanera, jugábamos con mis cinco hermanos. Éramos una familia tradicional, llena de muchas sorpresas. Mi infancia fue feliz, tenía lo que necesitaba, disfrutábamos mucho en las calles, en el campo, no encerrados o pegados a los videojuegos y la tecnología como ahora pasan muchos niños. 

¿En qué año emigras a Colombia y qué momento se estaba viviendo en Venezuela?

En 2014. Había un pico de violencia fuerte, protagonizado por jóvenes universitarios que protestaban en las calles y unas fuerzas del Estado reprimiéndolos. Salí para Colombia en medio de un país convulso, pero distinto al que luego se vivía hacia 2018, cuando mucha gente salió por el hambre, por la escasez, por falta de dinero, provocando una migración masiva de caminantes. 

¿En algún momento pensaste que ibas a emigrar?

No. Fue algo muy sorpresivo para mí y creo que para muchos. Nunca lo imaginé y en realidad fue como un camino distinto, porque fue una migración con buenas condiciones. Pero no imaginé que me iba a ir del país, aun cuando la situación en Venezuela estaba deteriorada.

¿Estas situaciones fueron el detonante para escribir ‘Hemos llegado a Berlín’?

Eso, y el propio desarraigo que uno siente. Hay una parte de mi experiencia personal y obviamente ver a todas estas personas deambulando por las ciudades, especialmente a los niños. Eso me hizo pensar en la idea de contar una historia sobre cómo se sentiría un niño, que son los invisibles en todo este drama.  

Fanuel Hanán Díaz

 

¿Cómo fue el proceso creativo?

Veía documentales y programas de televisión donde entrevistaban a migrantes y trataba de entender cómo era el proceso desde esa mirada de personas que dejan todo atrás y tienen que caminar su penuria, leí mucho. Hubo un momento en el que la historia surgió sola y empecé a contarla a través de un niño al que le pregunto cómo se sentía en mitad del camino.

Al principio, el personaje es muy entusiasta pero luego se pregunta “¿por qué tengo que estar aquí”? Él no entiende por qué tiene que dejar su país, sus amigos y emprender un viaje hacia no se sabe dónde. Ahí aparece Berlín, que es parte de la ficción, el páramo que es un paso obligado en esta travesía, y donde, como en otras historias, los migrantes sienten que no están ni aquí ni allá, sino en el medio de, con desilusión, pero también frente a paisajes maravillosos y gestos de solidaridad, así empieza a surgir la historia.  

¿El cuento es contado en primera persona, qué tan retador fue ese proceso? 

Siempre es retador porque uno ya no es niño y tampoco está pasando las mismas penurias. Es más difícil ponerte en los zapatos del personaje de ficción y pensar qué puede haber pasado por la mente de él mientras caminaba. Qué recuerdos privilegiar en una historia corta, al tiempo de querer darle al lector una dimensión humana de ese otro que se ve como el migrante que viene a quitar el trabajo, a invadir y no como un ser humano que siente.

Lo quise mostrar desde la perspectiva de un niño que se asombra ante lo que ve, oye, siente. Lo planteé no solo como una historia dramática, donde todo lo que pasa es malo, sino en cómo es la travesía de un niño, porque los niños tienen mucha capacidad para adaptarse a las situaciones y a veces la viven como un juego, como una aventura, pero donde también sienten hambre, frío, escasez, indiferencia. 

¿Cómo puede esa migración afectar la identidad especialmente a los niños?

Pienso que al inicio hay algo de incomprensión porque ellos no entienden por qué tienen que dejar su casa, su cuarto, sus juguetes, su mascota. Luego, cuando están en tránsito, en un lugar desconocido, donde te das cuenta de que eres el extranjero porque te lo dicen, lo sientes y lo escuchas, te dicen veneco, migrante, pero no tu nombre. Sienten una especie de rechazo, de extrañeza o que eres distinto y no eres aceptado, y eso, me imagino, al principio debe costar mucho y ser difícil de manejar.

¿Por qué visibilizar este fenómeno de migración desde la mirada de un niño?

Creo que son asuntos que deben contarse o recordarles a otras generaciones. Es importantísimo sensibilizar frente a la migración desde muchas perspectivas, pues sucede en todas partes y desde hace mucho tiempo. En el futuro seguro va a haber un gran éxodo migratorio por inundaciones, por gobiernos totalitarios, por el hambre. Hoy somos los venezolanos, pero mañana serán otras personas y eso va a seguir. 

¿Qué significa ser uno de los ganadores de esta primera edición del Premio Nacional de Literatura infantil Pedrito Botero?

Es sorprendente. Siempre he sido un escritor de no ficción, de ensayos, de escritos teóricos sobre literatura, de promoción de lectura y libros de información para niños sobre diversos temas, pero nunca había dado el salto a la ficción. Tener este reconocimiento con lo primero que escribo de ficción es muy valioso, es un orgullo. Pero lo más importante es poder dar voz a personas que han sido invisibilizadas y a muchos lectores y niños que se van a ver representados aquí. 

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