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Museo de Arte Contemporáneo: un tesoro oculto en Bogotá

A pesar de su valioso inventario, resulta paradójico que muchas personas de Bogotá no conozcan este importante espacio cultural.

Por: Richard Hernández

Hay un lugar por descubrir en Bogotá, el cual alberga más de 1.600 obras de artistas colombianos, latinoamericanos, algunos norteamericanos, europeos y asiáticos. Este espacio es el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá (MAC) el cual se encuentra ubicado en el barrio Minuto de Dios, en la localidad de Engativá.

El año pasado, el MAC recibió la acreditación internacional de alta calidad por sus prácticas museísticas de parte de la Alianza Americana de Museos. Es el segundo museo fuera de Estados Unidos, junto a otro en Australia, que recibió dicha distinción.

Historia

En 1956, el padre Rafael García Herreros comenzó la realización diaria de El Minuto de Dios, considerado como el programa más antiguo de la televisión mundial. Este espacio fue utilizado por el cura para ir construyendo un barrio que llevaría el mismo nombre del programa.

En 1963, (seis años después de inaugurado del barrio) el padre García habló por primera vez de crear un museo en ese sector.

“En este programa pronuncia la famosa disertación: “La belleza, como la riqueza, tienen una obligatoria función social”, que viene a ser una frase sintetizada de la parábola del museo”, señala el maestro Gustavo Ortiz, su director.

Asimismo, Ortiz dice que, en esa alocución, el padre relató una visita que hizo a la casa de una señora que contaba con gobelinos, pinturas, cerámicas y otras riquezas culturales que estaban limitadas a sus visitantes. Al ver esto expresó su deseo de crear un museo con importantes obras donadas por artistas que quisieran contribuir a darle un significado social a la cultura.

“Él estaba proponiendo que la cultura fuera descentralizada creando un museo en un barrio popular como es el Minuto de Dios. Esto le generó todo tipo de críticas, no solo por parte de la sociedad, sino de la prensa. Al día siguiente, el diario El Tiempo sacó un editorial muy fuerte de Eduardo Santos, expresidente y dueño de este medio. En ese escrito Santos decía que ´el padre´ estaba abusando de la gente, no solo pidiéndole dinero sino también obras de arte para crear un museo en las afueras de Bogotá, en un barrio obrero, ¡qué cómo era posible!”, afirma.

Gustavo Ortiz: director del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá

Además, Santos sostenía que, en esos momentos, en Colombia no había nada valioso en el arte. Mientras que otros museos de Latinoamérica tenían colecciones muy importantes: Venezuela contaba con obras de Picasso, Bacon y Calder; también Brasil y Argentina sobresalían al tener muchas obras de artistas modernos.

“El cura reconoce que Santos tenía razón y planteó crear un museo de arte contemporáneo. Imagínese en 1963 plantear un museo de este tipo cuando lo que estaba en boga en ese momento era lo moderno. Entonces propuso que artistas jóvenes de esa época donaran sus obras para crear esta colección y así fue como en noviembre de 1966 se inaugura el MAC”, dice.

La inauguración, según Ortiz, fue muy sobria porque se hizo en un salón del colegio Minuto de Dios con todas las limitaciones que había, ya que no era un museo formal. Las divisiones eran de guadua y las bases de las esculturas eran troncos cortados: “realmente era muy contemporáneo, pero no de manera intencional, sino por la escasez económica de ese tiempo”, comenta.

Entonces empezó la lucha con el fin de conseguir recursos para construir un museo nuevo. En 1970 se inauguró la actual sede del MAC que fue también la primera construcción en Colombia dedicada a un museo de arte contemporáneo. El diseño estuvo a cargo de los arquitectos Eduardo del Valle y Jairo López. Ni siquiera el Museo de arte moderno de Bogotá tenia sede en ese momento. Antes, en 1968, el Banco de la República había construido el Museo del Oro, pero era un museo antropológico.

“Por eso el MAC con sus tres pisos, con lucernario central, cambió la concepción de los museos en Colombia. Normalmente los museos eran cubos blancos, como se dice: pequeñas salas donde se accedía por una puertita de una sala a otra. El MAC innovó con su diseño arquitectónico en un espacio abierto totalmente en espiral en donde se puede acceder a sus tres pisos. Una visión mucho más amplia, integradora y acorde con lo que es el arte contemporáneo”, asegura Ortiz.

Foto: cortesía. Archivo Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá

Consolidación del MAC

El MAC, a pesar de las muchas dificultades que ha tenido que afrontar tanto económicas como estratégicas, se ha constituido en un punto de encuentro de las diversas manifestaciones contemporáneas a través de espacios como: Salón de Agosto, Salón del Fuego, Salón de Nuevas expresiones, Festival de las Artes Contemporáneas Electrónicas y Proyecto Tesis, entre otras muestras temáticas. También con nuevas interpretaciones de las problemáticas sociales contemporáneas a través de su colección.

El museo ha tenido un gran impacto a nivel global y ya venían haciendo una alianza desde el 2011 con la aplicación Google “Arts and Culture". Por parte de esta empresa recibieron el reconocimiento de haber sido escogidos entre los 10 museos más importantes de arte contemporáneo a nivel mundial.

“Nosotros ya hemos digitalizado gran parte de la colección y también tenemos curadurías virtuales. En estos momentos tenemos una que se llama “No repetición” que ya está en línea desde hace más de un año. Creo que cuando mejore la situación va a estar físicamente. Igualmente tuvimos la muestra de “Cuerpos políticos” que estuvo mucho tiempo en el museo”, aseguró el director.

Además, el museo cuenta con una maravillosa colección que está totalmente constituida por la donación directa de artistas que tienen un gran aprecio por el MAC. Allí hay obras de los inicios de Botero, Manzur, Omar Rayo y Manuel Hernández, además de la generación de los grabadores de los años setenta, como Umberto Giangrandi.

Foto: cortesía. Archivo Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá

El museo cuenta con 1.600 obras de artistas colombianos y latinoamericanos. En los últimos cinco años han incrementado las relaciones con Asia, especialmente con Corea, Japón y China. Es de los pocos museos que tienen obras de artistas asiáticos gracias a las residencias artísticas y a los intercambios con dichas naciones.

A pesar de este valioso inventario y de las diferentes actividades que realiza, resulta paradójico que mucha gente de Bogotá, e incluso los habitantes de este sector, no conozcan dicho espacio cultural.

“Cuando uno tiene las cosas al lado a veces no las utiliza porque dice: en cualquier momento voy. Esto es un fenómeno que pasa no solamente con algunos habitantes del barrio, sino también en otras partes del mundo como en Nueva York, en donde mucha gente que vive en la Gran Manzana, no conoce la estatua de La Libertad. Acá hay personas que dicen: yo llevo viviendo 50 años cerca del museo, paso por el frente, pero a veces no entro, otros si lo hacen”, dice Ortiz.

Sin embargo, han tenido una respuesta positiva por parte de los estudiantes de la universidad Minuto de Dios. Llevan más de 20 mil visitas y, muchos de ellos, asisten allí por primera vez a un museo.

“Esto demuestra la falta de infraestructura cultural que tiene nuestra ciudad y nuestro país. Las estadísticas mundiales dicen que por cada 500 mil habitantes debe haber al menos 10 museos. Y en la localidad de Engativá solamente hay este. Entonces tenemos una falencia muy grande de infraestructura cultural en el noroccidente de Bogotá”, señala.

El maestro Antonio Caro y el Museo de Arte Contemporáneo

Hace algunas semanas murió el maestro Antonio Caro quien fue muy cercano al MAC desde cuando empezaba su etapa conceptual. El primer reconocimiento que recibió en su vida artística fue en 1972 por parte de este museo, por su obra ‘Colombia 1972’ sobre la crisis de la reforma agraria. El maestro Caro siempre recordó dicho premio porque según él, con la bolsa que le dieron pudo seguir trabajando y sobrevivir como artista.

Según Ortiz, Caro participó en muchos proyectos como en el “Museo sale a la calle”, en donde dictó talleres en los salones comunales, escuelas y plazas de Engativá. También estuvo como jurado del proyecto Tesis. Además, estuvo en la celebración de los 40, 45 y 50 años del museo, donde decía que se encontraba con el mejor “parche” de Bogotá. Portaba con orgullo el carnet como miembro honorario del MAC y varias veces se le vio portar la camiseta, ya ajada, con el lema del museo: “la cultura con significado social”.

“¡Antonio no es un tigre de papel! Es una fiera indomable que a zarpazos abrió el camino del arte conceptual en el continente; que nunca se doblegó, ni se obnubiló y que, a pesar de su miopía física, nos abrió los ojos para comprender el profundo significado político de cada una de las acciones humanas. “Lo valioso no es lo más caro”, concluye Gustavo Ortiz, director del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, en un escrito que la institución dedicó al maestro Antonio Caro por su fallecimiento.

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