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El último adiós al "Ratón": Alfredo Gutiérrez exalta el legado inmortal de Pedro "Ramayá" Beltrán

La muerte de Pedro Ramayá Beltrán deja un vacío profundo en la música del Caribe colombiano, al despedir a uno de los grandes maestros de la flauta de millo y símbolo del espíritu festivo de los carnavales.
James Fuentes

La partida de Pedro "Ramayá" Beltrán no es solo la pérdida de un músico, sino el cierre de un capítulo dorado en la narrativa sonora del Caribe colombiano. "Ramayá" no solo tocaba la flauta de millo, él la hizo hablar, la dotó de una picardía y una alegría que se convirtieron en el alma de los carnavales y de la fiesta. Su capacidad para fusionar la tradición con lo popular, y su generosidad para compartir escenario con otros grandes, lo elevan al altar de los imprescindibles. Hoy, la cultura nacional tiene el deber de no permitir que su estilo se desvanezca, pues en cada nota de sus composiciones late el corazón de un pueblo que aprendió a bailar bajo su guía.

En una emotiva entrevista concedida a la Radio Nacional de Colombia, en el programa Gran Sábado Gran, el tres veces Rey Vallenato, Alfredo Gutiérrez, compartió su dolor por el fallecimiento de Pedro Agustín Beltrán Castro, conocido como Pedro "Ramayá". El maestro Gutiérrez recordó con nostalgia las décadas de amistad, las grabaciones históricas como "La Tropa Loca" y la química inigualable que lograban al combinar el acordeón con la flauta de millo.


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Con la voz triste, Alfredo Gutiérrez describió a "Ramayá" como el máximo exponente de su instrumento y un compositor excepcional cuyas canciones se convirtieron en himnos de carnaval. "Estamos muy tristes porque se nos fue el más grande de su estilo. Pedro no solo era un maestro en la flauta de millo, sino un ser humano íntegro y un amigo entrañable con el que tuve la dicha de alternar en incontables escenarios de la Costa, especialmente en Barranquilla", afirmó el maestro durante la charla.

Gutiérrez recordó un momento de su carrera conjunta, la grabación con la agrupación "La Tropa Loca" en los estudios de Sonolux en Medellín. En aquella colaboración, que incluyó a figuras como Calixto Ochoa, Gabriel Romero y Noel Petro, se logró una sinergia donde la flauta de millo de Pedro y el acordeón de Alfredo se entrelazaron para crear un sonido que todavía hoy, años después, sigue siendo infaltable en las festividades colombianas. "Fue una locura de amigos que Dios se encargó de unir para hacer gozar a la gente", rememoró.

Alfredo destacó la conexión personal que los unía, describiéndola como una relación de admiración mutua que trascendía los escenarios. Para el "Rebelde del Acordeón", lo que hacía único a Pedro era su "estilo picaresco y alegre", una firma sonora que el público reconocía de inmediato en la radio o en las redes sociales. Según Gutiérrez, la identidad de "Ramayá" era tan importante que, aunque el tema fuera desconocido, la gente sabía que era él quien soplaba la flauta.


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Finalmente, el maestro envió un mensaje a las nuevas generaciones de músicos, instándolos a mirar el ejemplo de Pedro Beltrán como una fuente de creatividad y autenticidad. Criticó la tendencia actual de imitar sonidos y exhortó a los jóvenes a buscar

esa "chispa única" que caracterizó al maestro de Magangué. "Si hay que imitar a alguien, que sea a Pedro, porque su estilo era único y su legado es la base de lo que somos".

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