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Tapia pisada, herencia viva de la construcción en tierra

La construcción en Tapia Pisada es una herencia ancestral que ha venido menguando al pasar de los años.

Por: Ruth Johanna Gélvez.

La construcción en tapia pisada es una herencia ancestral que ha venido menguando al pasar de los años. Pueblos como Barichara, Girón, San Gil, el mercado campesino de Los Santos y muchos más de Santander, mantienen las huellas de los tapieros en las eternas casas construidas con esta técnica, eternas porque la casa era levantada con el fin de que la heredaran los hijos, nietos, bisnietos y tantas descendencias más que tuviera la familia.

Los muros gruesos, la tierra, la madera y la experticia del constructor llevaron a Barichara a ser conocida como el pueblito más bonito de Colombia. Sus habitantes le agregan y ambientan, pues el pueblo se levantó a punta de la tierra de esa zona, atractiva por sus colores amarillos, rojizos y marrones.

Ramón Atuesta Neira, es campesino de la vereda El Guayabal de Barichara, desde pequeño y por herencia familiar ha conocido y trabajado en la construcción de tapia pisada y la teja ancestral.

“Para la construcción en tapia pisada lo primero es la selección de la tierra, todos los tipos de tierra y de colores sirven. Acá se da la tierra amarilla, por eso nos dicen patiamarillos, nosotros buscamos la tierra en el barranco y la vamos humedeciéndola”, cuenta Ramón.

Según cuenta Ramón para empezar a armar los tapiales es necesario que la tierra esté húmeda. “Es necesario coger un puñado de tierra, apretarlo fuertemente y lanzarlo hacía arriba, esta bolita compacta debe caer nuevamente en la planta de la mano. Si se desmorona, está muy seca, le falta agua, y si al momento de apretar se sale por entre los dedos, está muy líquida y hay que ponerle más tierra seca”.

Tener la tierra seca es un paso, pero construir el muro es una de las labores que requiere toda la fuerza física que el tapiero pueda tener, ya que se debe construir una especie de cabina en madera, el tapial.

“Son dos hojas de tamaño rectangular, seis agujas, que soportan el tapial en la base para que no se anche. Se llaman agujas porque tiene como un ojo, recordemos a nuestras abuelas cuando remendaban la ropa, seis banderas o costados para que no dejen abrir el tapial de la base y dos compuertas que se encargan de darle el grosor de las tapias” agrega.

Se incluyen también los lazos, los nuqueros que evitan que las compuertas se abran y tres codales, que son palos que asemejan a un codo humano y finalmente la plomada “un aparatico que parece un trompito que nos da la perpendicular perfecta para que la casa no se nos vaya a caer”, explica Ramón. Esto permite no tener el muro inclinado.

Cuando se empieza a pisar la tierra húmeda, pareciera que los hombres estuvieran atascados en esta especie de lodo, una pierna se levanta erguida y pisa con fuerza, luego la otra. Pareciera estar viendo un ritual indígena. En este trabajo se usa todo el cuerpo, el cual debe moverse constantemente para que la tierra se compacte y quede un muro sólido.

En Barichara hay tapieros, hay enseñanzas, arquitectos que se han dedicado a promover la tapia pisada, constructores de toda la vida. Ese pequeño grupo siguen en el pueblito más bonito de Colombia, porque allí se encuentra la herencia viva de la construcción en tierra amarilla.

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