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La paz, musa de vallenatos para dejar atrás la guerra

En este género musical que es tradición de los departamentos del Cesar y La Guajira, los mensajes de reconciliación se han tomado las composiciones y canciones.
Festival de Café en Fonseca, Guajira
Crédito: fotografías suministradas
Luis Ipuana

Hablar de vallenato es hablar de un género autóctono del Caribe Colombiano, pero que se compone de diversas culturas que en su mayoría las personas desconocen. Los instrumentos principales tienen historias distintas como por ejemplo el acordeón que llegó al país desde Alemania, la caja o percusión propia de África y la guacharaca, que se consolidó gracias a los pueblos indígenas. 

Las composiciones han tenido un amplio trasegar y cambio con el paso de los años. Cuentan los conocedores que las letras en inicio eran historias hechas canciones de los juglares que iban de pueblo en pueblo, dando a conocer aquellos hechos que acontecían y que por la falta de medios de información se desconocían en la época. 

En consecuencia, dentro de los cuatro aires que componen esta música como el paseo, merengue, el son y la puya, hay espacio para las letras que proyectan amor, que narran la vida o aspectos físicos de personajes representativos, relatos sobre ecosistemas como ríos y hasta historias de desengaños. 

Sanar a través del vallenato

Relativo al crecimiento del género y su expansión a nivel nacional e internacional, aparece un recurso narrativo que se adoptó en un pequeño corregimiento del sur de La Guajira llamado Conejo, en el municipio de Fonseca, pueblo que se vio afectado por el conflicto armado colombiano, pero que ahora es territorio de paz. 

En esta localidad, se realiza anualmente el Festival de Café, en donde se instauró dentro del concurso de canciones vallenatas inéditas, las composiciones con mensajes alusivos a la reconciliación, lo que supone una oportunidad para autores locales y firmantes del Acuerdo de Paz, que plasman dentro de sus letras la manera en la que reconstruyen el tejido social en el territorio.

Festival vallenato en La Guajira
Crédito: fotografías suministradas 

“Las canciones vallenatas como tal siempre hablan del amor, ¿no? Y el amor es sinónimo de paz también. Entonces, por medio de las letras podemos llevar a todos los seres humanos el mensaje de vivir en convivencia, que somos los mismos y que si reina el afecto, vamos siempre a salir adelante”, afirmó Jaider Brito, cantante del género, oriundo de Fonseca e hijo del también intérprete Silvio Brito.


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Y es que son varios los espacios que le están apostando a la cultura de paz, ya no solo la festividad que se realiza en Conejo, sino también otros festivales como El Retorno que se hace en Fonseca, o el Festival de Arroceros que se lleva a cabo en el corregimiento de El Hatico, tierra de Luis Enrique Martínez, ‘El Pollo Vallenato’, también empezaron a implementar letras que lleven mensajes de reconciliación en los concursos de canciones inéditas.

“Sabemos que, como digo yo, la música entra por el oído y si le cantamos a la paz, pues, todo aquel que escuche esa canción, va a tener un momento de reflexión. Por esto, es muy importante que los compositores incluyan esas letras y esos mensajes hacia nosotros”, dijo Brito.

Otro de los territorios bendecidos en cuanto a música vallenata es el corregimiento de Cañaverales, perteneciente al municipio de San Juan del Cesar en La Guajira, pero muy cercano a Conejo, unidos casi que por unos cuantos metros por la majestuosa Serranía del Perijá que ha sido fuente de inspiración también para compositores. 

De allí, se destacan varias dinastías, los Moya, los Gámez, los Martínez, entre otras, que han entregado un sinfín de talentos al folclore de la región.  

Festival vallenato en La Guajira
Crédito: fotografías suministradas 

Uno de ellos es Hugues Martínez, cantante, compositor y repentista quien además se convirtió en ganador del concurso de piquería del más reciente Festival Cuna de Acordeones celebrado en el municipio de Villanueva, de donde emergieron también las dinastías de los Zuleta, los Romero o cantantes de la talla de Jorge Celedón y acordeonistas como Egidio Cuadrado, eterno compañero de Carlos Vives. 

Para Martínez, “el vallenato es una poesía cantada, que no debe perder las raíces, ni el fundamento, así como no se debe derrochar la caballerosidad, ni valores relativos a la nobleza y la humildad, porque las canciones tienen un fruto divino, mezclado con cierta sutileza que enriquecen el deber ser del género”. 


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En la actualidad, existe un interés por salvaguardar esta música reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2015, por lo que deben implementarse acciones relativas a su conservación y a su pervivencia en ámbitos culturales, sociales y hasta educativos para el fomento en beneficio de las nuevas generaciones.  

Es allí donde entra a jugar un papel relevante la paz como herramienta ideal en la construcción de nuevas narrativas y de imaginarios colectivos que se mezclan con el amor y la reconciliación, de manera que se usa con mayor periodicidad en las canciones para así, dejar atrás tantos años de guerra y dolor que marcaron al país. 
 

Festival vallenato en La Guajira
Crédito: fotografías suministradas 

 

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