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Ayuda humanitaria, un oasis en el camino del migrante

En septiembre el número de ciudadanos venezolanos que dejaron la ciudad de Cúcuta y emprendieron su caminata hacia el interior de Colombia fue de 8.678.

Por: Juan Ricardo Pulido.

Aunque no se tienen cifras exactas, de acuerdo con registros de organizaciones de derechos humanos, que hacen presencia en la zona; el número de ciudadanos venezolanos que dejaron la ciudad de Cúcuta y emprendieron su caminata hacia el interior del país, fue de 8.678 para el mes de septiembre. En el mes de agosto el número llegó a 11.981. 

Esas cifras, para estar claros, corresponden a los ciudadanos venezolanos que ingresaron por alguno de los puntos de cruce de frontera en el municipio Villa del Rosario en Colombia, que carecen de recursos económicos y subieron muy seguramente caminando hasta Cúcuta, emprendiendo desde allí su recorrido hacia Pamplona. En ese momento, ya habrán caminado más de 80 kilómetros, y se habrán encontrado cinco puntos de apoyo, Fundaciones y organizaciones civiles, que constituyeron la *Red Humanitaria, centros de apoyo, comedores de paso, casas de paso, o un simple colombiano que se dio a la tarea de brindar asistencia humanitaria.

La principal advertencia que hace esta Red Humanitaria, es sobre los enormes peligros que representa viajar así, como se ven obligados a viajar los ciudadanos venezolanos; sin dinero. La ausencia de la moneda les limita cualquier decisión, incluso una de supervivencia.

El plan de trabajo para nosotros era el de compartir unos cuantos kilómetros con ellos, con ciudadanos venezolanos recién ingresados al país. El plan de ellos no tenía muchas variables, empezar la caminata.

Aunque los números van bajando, diariamente se ve en promedio a 300 caminantes que se echan al hombro su maleta y su ahínco y arrancan a caminar con sus pocas pertenencias y todas sus dudas. Algunos alcanzan a recibir algo de orientación. Pero según los mismos voluntarios de estos puntos de asistencia, es difícil guiarlos si no tienen mucho que ofrecerles. Lo importante es entregarles algo de apoyo para enfrentar esa dura decisión de caminar el país.

Sobre esta carretera que conduce de Cúcuta a Pamplona, en el punto de La Quebrada La Honda, nos encontramos con Luis, Javier, Alexis, Kelvin, Mario, Jaime y Alejandro. Dos de ellos son primos, los demás no se conocen. Son muy jóvenes en su mayoría, y Mario, con sus 52 años de edad, es casi como su guía en este momento de sus vidas. Apenas cumplen horas de conocerse. No saben mucho el uno del otro, pero andan como parientes. Cuidándose los pasos a la vera del camino, poniendo el ritmo del caminado, haciendo las pausas necesarias, pero que no hagan perder tiempo. Toman las decisiones juntos, casi sin darse cuenta.  Se miran, murmuran algunas cosas, y de repente todos entran en algo similar. Agarran sus pertenencias, hacen la pausa, beben agua, algunos sacan un cigarrillo, reacomodan sus cosas, y retoman.

Cada uno de ellos debe llevar entre 20 y 23 kilos. Lo que popularmente deben pesar las maletas grandes para no tener líos en los aeropuertos. Aquí hay de todo. Morrales que cargan en la espalda y les da libertad en sus manos; lonas que por el contrario son muy incomodas de cargar y maltratan; maletas que alguna vez fueron de ruedas, pero que el terreno las agotó en los primeros kilómetros. Cargan también bolsas de tela, de esas que se cuelgan a los hombros con dos cordones, y que ocasionalmente reciben de oenegés, con galletas de sal, tarros de salchichas, jugos de caja y agua. Es el paquete de mitigación, el intento por protegerlos al menos en cuanto a lo básico.

Pero la asistencia humanitaria va muchísimo más allá. Ha sido necesario que entidades que trabajan con derechos humanos, tomen en arriendo inmuebles en diferentes puntos de las carreteras del país, por donde transitan los ciudadanos venezolanos, y les brinden otros tipos de asistencia. Un baño; una silla; una comida equilibrada y pensada en sus jornadas; agua para lavarse las manos, los pies; curaciones; suero, en algunos casos; zapatos, porque muchos de ellos vienen caminando en chancletas, después de haber vendido sus botas, o en otros casos, porque hasta los zapatos les robaron.

La Red Humanitaria se ha coordinado con 11 puntos de apoyo al migrante, dentro de los que se cuenta con participación de organizaciones religiosas, humanitarias y de colombianos con noble corazón. Rosmery Mendoza y Jesús Orlando García son un gran ejemplo de ello. Son colombianos que, como ellos mismos dicen, se vieron muy beneficiados en la época de la bonanza venezolana, cuando muchos colombianos encontraron en el vecino país, el segundo sueño americano. Mery y su esposo Jesús vivieron en Venezuela tres años, se hicieron, al menos de corazón, paisanos de todos estos miles de caminantes, y ahora les asisten en uno de los tramos más agrestes de su jornada.

En el mapa de la Red Humanitaria para caminantes de Cúcuta a Tunja, la casa de Mery, está ubicada como ‘Apoyo de Mery en el Alto’. Dispusieron un pequeño espacio donde les brindan comida, si tienen, mantas para el frío, a veces guantes, e incluso ropa más abrigada. En este punto, ya estando en zona de páramo. La aguapanela que Doña Mery les da, es bendita.

*La Red Humanitaria está formada por un grupo de organizaciones y voluntarios que ofrecen asistencia a los caminantes y retornados que hacen la ruta desde Cúcuta hasta Tunja.