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El río Táchira y las ‘trochas’: puntos de partida para los migrantes venezolanos

Desde Villa del Rosario hacia Cúcuta, es común encontrar historias de venezolanos con expectativas de iniciar su rumbo al interior de Colombia a pie.

Día 2 del Camino del Migrante: La trocha, los sueños y la llegada a Cúcuta

Comienza la travesía del 'Camino del Migrante', aquí escuchamos historias de jóvenes venezolanos que llegan a Colombia en búsqueda de un nuevo futuro, esperan terminar sus estudios y comenzar de nuevo en nuestro país. 

Por: Paola Tarazona

Para llegar a Colombia desde San Antonio del Táchira – Venezuela, es necesario arribar a Villa del Rosario (municipio limítrofe de Norte de Santander). Ésta, es la ruta más usada por los migrantes, quiénes después de tomar la decisión de partir de su país se ven enfrentados a seguir alguno de los dos caminos que ofrece este recorrido.

El primero, es el camino legal, el que se sigue atravesando el puente internacional Simón Bolívar, por donde ingresan a diario cerca de 27 mil venezolanos, según cifras de Migración Colombia.

El segundo, es para quienes no cuentan con documentos como pasaporte, permiso especial de permanencia o tarjeta de movilidad fronteriza, el que se sigue cruzando el río Táchira y caminando por las ‘trochas’, como les llaman a los pasos que se forman al salir del río en medio de la zona boscosa, en la ladera del afluente. El río Táchira, se convierte en la línea divisoria entre Colombia y Venezuela.

Este paso, la trocha, es controlado por grupos irregulares o personas de bandas que cobran por el ingreso informal. Por allí, cruzan desde niños hasta personas de la tercera edad, quienes a pesar del riesgo que corren al poder verse en medio de fuegos cruzados entre estas bandas, asumen el camino para llegar hasta La Parada, uno de los barrios donde más hay presencia de venezolanos en Villa del Rosario.

Nuestro recorrido inició muy temprano, en la trocha ‘La Marranera’, ubicada en el margen derecho del puente Simón Bolívar, es el principal paso ilegal de esta frontera, por donde cruzan centenares de personas que llegan con sus pies enlodados y sus vestimentas mojadas.
En este camino, encontramos a un grupo de familias que, superando dificultades, cruzan el río en busca de alimentos, medicamentos o mercancía para vender y tener ingresos.

Saliendo de allí, llegamos a las viviendas de la Parada, que más que casas se han convertido en establecimientos comerciales o galpones donde se guardan víveres, o mercancías que se comercializan entre los habitantes de los dos países.

Entrando a este caserío, además de migrantes que caminan hacia la autopista principal de Villa del Rosario, o Autopista Internacional, encontramos en los andenes a quienes, con evidentes rostros de incertidumbre y cansancio, esperan a sus clientes para ofrecerles cargar sus mercancías, a ellos se les conoce como ‘maleteros’.

Es muy frecuente que, al entrar irregularmente a Colombia, este sea el primer contacto con personas que se encuentre en este lugar. ‘Maletero’, se le dice en la zona, a la persona que, en su espalda, carga y traspasa mercancía de lado a lado de la frontera, ya sea por el puente o atravesando el río, para ganarse cerca de mil pesos por cada carga que traslada hasta el territorio venezolano.

Cualquiera podría imaginarse a un maletero, como un hombre fuerte cargado de grandes bultos, pero allí, incluso las mujeres se dedican a esta tarea, y llevan con lazos improvisados amarrados a su cabeza y espalda, los bultos y paquetes que les toque. Entre los maleteros, incluso hay niños y jóvenes que escogen esta actividad para obtener ingresos y ayudar a sus familias. “Esta es la principal actividad de rebusque, para sobrevivir cuando no hay nada más que hacer”, señalan.

Tan solo a unos pasos, el camino une a quienes ingresan ilegal o legalmente a Colombia, en la autopista internacional. Es allí donde se ubican en la calle, toda clase de actividades informales, ventas, restaurantes improvisados… todos buscan su forma de sustento. La presencia de vendedores podría compararse con una gran plaza de mercado a cielo abierto.

Recorrer la autopista internacional es escuchar los gritos de vendedores, el ‘voz a voz’ de los murmullos de quienes llegan al país, el sonido de las ruedas de las maletas, el llanto de algunos niños. Hay muchas personas, la gran mayoría con bolsas en mano, emprendiendo un camino incierto. Otros cruzan por alimentos y regresan a Venezuela; otros solo hacen el recorrido para estudiar o trabajar y quizá, radicarse.

La autopista internacional, es el inicio del camino que recorren los migrantes para llegar a Cúcuta o al municipio Los Patios. Este último, es por donde muchos emprenden su viaje hasta Pamplona y al interior del país. Transportadores, taxistas y todo tipo de comerciantes llegan allí para vender desde comida, servicios de telefonía, hasta transporte a los migrantes.

Los venezolanos que llegan con recursos, se trasladan en vehículos hasta los hoteles, o avanzan en búsqueda de buses para llegar al interior de Colombia. Otra opción, mucho más compleja, es para quienes llegan sin nada; a ellos se les denomina, los caminantes.

Un caminante se reconoce en la frontera, por sus pequeñas maletas, se trasladan en grupos por la vía, y van sin mayor equipaje.

Desde Villa del Rosario hacia Cúcuta, es común encontrar historias de venezolanos con expectativas de iniciar su rumbo al interior de Colombia a pie, pero la falta de recursos los hace detenerse en comedores que se encuentran en el camino, uno de ellos, ‘La casa del venezolano’, y el segundo, el comedor ‘Amigos del Prójimo’. Allí, organizaciones religiosas internacionales, brindan raciones de comida a cerca de 600 venezolanos a diario.

Las filas para obtener un plato de comida inician muy temprano. Luego de alimentarse, empieza el recorrido de los caminantes, quienes llevan en sus manos, agua, abrigos, y pocas provisiones, pero el anhelo de conseguir en Colombia, la forma de ayudar económicamente a quienes quedaron del otro lado de la frontera.

Caminando hacia Cúcuta termina nuestro segundo día de recorrido.