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El afloramiento de crudo inició el 2 de marzo del 2018 y cesó hasta el 31, 29 días donde emanaron 550 barrilles de petróleo y cantidades incalculables de lodo, agua y gas. Foto: Cortesía Funperpaz (Daniel Carrasquilla - Edgar Osma)

Las huellas del petróleo que contaminaron aguas santandereanas

Por: Angélica Blanco

Era viernes 2 de marzo del 2018. “Recuerdo que ese día olía a huevo podrido —a eso huele el gas cuando hay una fuga en un pozo—. Todos pensábamos que lo que ocurría era que una tubería estaba rota”, es lo que recuerda María Belén Sánchez, habitante del corregimiento La Lizama, zona rural que linda con los municipios de Barrancabermeja y San Vicente de Chucurí en Santander.

Desde allí, sentada frente al lugar de donde se ve, siguen quemando gases, María Belén relata cómo se enteró de la que era una tragedia anunciada por la Contraloría General, entidad que advirtió en el 2016 que Ecopetrol no cumplió con las normas para abandonar el pozo.

De allí emanaron 550 barriles de crudo (lo que serían tres tractomulas llenas de hidrocarburo) y 121.000 barriles de agua, lodo y gas, según datos de la estatal petrolera.

Esto generó una de las emergencias ambientales más grandes con las que ha lidiado el Magdalena Medio y Ecopetrol.

“Pasaron los días y fue cuando ya se supo que eran gases que emanaban de esta emergencia… En un inicio no sabíamos nada, solo creíamos que era una tubería rota”, María Belén Sánchez, habitante de La Lizama 2.

Fue así como trazas de petróleo, durante 29 días, cubrieron las aguas de 49 cuerpos hídricos que bañan esta zona, que en el pasado fue tocada por el conflicto y que dentro de sus aguas resguardaba cientos de pescados que eran el sustento de los habitantes de esta región.

Fueron 2.437 animales, en su mayoría peces, los que murieron manchados de crudo e intoxicados, al igual que las iguanas, serpientes, tortugas, aves y demás especies que habitan este territorio.

Con ayuda de la Policía Ambiental y Ecológica del departamento y la comunidad, se han recuperado cerca de 1.400 especies, que hoy están a cargo de la ONG Cabildo Verde.

Sin embargo, las cifras continúan. Según un último censo, alrededor de 418 personas resultaron damnificadas, 19 fueron reubicadas a hoteles, nueve están enfermas y tan solo 90 familias serán reparadas, incluyendo algunas de los pescadores de 17 asociaciones, quienes dejaron su oficio de manera obligada, pues no tienen producto para pescar y menos para vender.

Más de 16.000 reses fueron trasladadas por sus dueños a otros municipios, al correr con el riesgo de morir por beber aguas contaminadas.

: Según expertos este es uno de los desastres ambientales más graves en la historia de Ecopetrol. Foto: Fabio Hernández, presidente de Asorural.

Sin embargo, las víctimas de la situación expresan que el inconformismo más grande surge por el silencio que guardó Ecopetrol.

“Por tratar de subestimar la emergencia y responder tarde al derrame de crudo”, como en su momento lo expresó el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo.

“Acá la gente se enteró de todo, no porque Ecopetrol nos haya dicho, sino porque la persona que cuida el lugar vio a unos niños…y en sus zapaticos se veía aceite. Ella les preguntó que dónde habían pisado y dijeron que en un lugar cerca al pozo Lisama 158.

Fue así como les dieron una botella para que la llenaran del liquido que estaba saliendo de allí y poco a poco empezó toda esta tragedia”, recuerda Fabio Alonso Hernández, presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal del corregimiento La Fortuna y San Rafael.

“Allá había una mujer vigilando y ella sintió un fuerte olor a gas, llamó a Ecopetrol, visitaron el lugar y dijeron que no había ningún problema, que estuviera tranquila… Al siguiente día pasó lo mismo y al tercer día ella vio a unos niños que llevaban los zapaticos con aceite … Ahí empieza todo este trágico accidente”, Fabio Alonso Hernández.

A la fecha no se determinan las causas de este afloramiento de crudo que se presentó casi un mes antes de que en Colombia se cumplan los 100 años de explotación petrolera, que curiosamente se dio por primera vez el 29 de abril de 1918 en Barrancabermeja.

Esa población, conocida como el puerto petrolero del país y que, actualmente tiene más de 200 pozos activos, según cifras suministradas por René Mauricio Dávila, secretario de Ambiente del municipio.

Pero en voz de sus habitantes, esta zona del país “recibe poco, de lo mucho que esta región le ha brindado a la industria y es notorio, porque cuando usted mira al rededor, no tenemos ni vías pavimentadas, ni escuelas que valgan la pena mostrar, ni un acueducto y menos apoyo para que tantas familias salgan de la pobreza y viene Ecopetrol y nos hace esto, después de lo que nos hizo Isagén. Creo que esas son dos desgracias que nunca pedimos”, dice Luis Jesús Arenas, un poblador de La Cascajera.

Este hombre es dueño de un restaurante ubicado sobre la vía, que antes de la emergencia vendía todos los días hasta 2 millones de pesos. “Hoy no logro ni los 300 mil diarios, por eso me vi obligado a echar a empleados del lugar”, cuenta.

Por su parte, el funcionario René Mauricio Dávila asegura que desde este despacho esperan tener pronto resultados de cómo Ecopetrol responderá por todos estos fluidos de hidrocarburo que impactaron las fuentes hídricas de la zona, la naturaleza, los animales y a tantas personas.

“Hay algo preocupante y es que no todas las especies de animales se han recuperado, porque las cuadrillas en la noche aún no se activan. Sin embargo, creo que esta semana se activarán”, explica el secretario de Ambiente.

Agrega que hay comunidades de zonas cercanas afectadas, porque el pescado aún sabe a petróleo y porque la gente no les compra, pues desconfían del producto. “Esto ya se nos convirtió no solo en un problema medioambiental, sino también social”, comenta.

Para Óscar Sampayo, ambientalista y vocero de la Alianza Colombia Libre de Fracking, es impresionante ver que todo esto logró contaminar 24 kilómetros de las quebradas Lizama, Caño Muerto y 20, del río Sogamoso, fuentes hídricas que generaban el sustento de cientos de pescadores que hoy no saben qué hacer.

“Era algo increíble ver a todos los animales caminando llenos de petróleo, eso le rompe a uno el corazón. Yo, como ambientalista sé que todo el daño tardará en ser reparado, porque esto no se trata de meses, sino de años, muchos años”, detalla.

El activista recorrió y sintió el lugar que, hasta este 3 de abril de 2018, empezó a recibir ayudas humanitarias: 400 mercados, colchonetas y utensilios de aseo donados por la Gobernación de Santander y Ecopetrol.

Los encargados de tratar a las especies que se vieron afectadas por el derrame de crudo en La Lizama, fueron Cabildo Verde y la Policía Ambiental. Foto: Policía Ambiental Santander.

“Esto ha sido fatal. Ahorita nosotros no tenemos ni con qué comprar una libra de arroz… Hace un año, para la época, cogíamos 200, 300 y a veces 500 pescados diarios y ahorita no sabemos ni qué hacer. Hemos sobrevivido de días de trabajo, porque le hago a lo que me salga”, afirma Carlos Alberto Granados, quien desde hace 25 años dedica su vida a la pesca.

Cuando él habla de turnos, es porque en dos ocasiones fue contratado por la estatal petrolera, para trabajar 12 horas al día en la limpieza en las quebradas contaminadas, pero no lo volvieron a llamar.

Caso distinto al que viven 400 personas de la comunidad que están laborando junto a otras 300 de Ecopetrol, para atender esta emergencia que no tiene fecha de finalización, como lo confirma Felipe Bayón, presidente de Ecopetrol, quien en cada entrevista que da lamenta la situación.

“Pero lo más triste y hasta gracioso es que ellos (Ecopetrol) creen que con dar contratos por unos días o un mes, a la gente se le olvida todo lo que le hicieron a nuestra tierra. Uno todos los días se levanta y mira el desastre y le duele como el corazón. Yo crecí cogiendo pescado, nosotros no sabemos hacer nada más”, repite Alberto, a quien sus manos le tiemblan de la rabia. 

Por ahora, la estatal petrolera del país, asegura que seguirían en el montaje y ensamble de la maquinaria ‘Snubbing Unit’, proveniente de Houston, Texas (Estados Unidos), junto a 22 expertos en atención a este tipo de emergencias.

Ellos son denominados los ‘Diablos rojos’ y, efectivamente, se ven trabajando día y noche con overoles de este color en este pozo Lisama, que tiene 8 mil pies de profundidad.

En febrero del año pasado, Ecopetrol reportó ante la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que el pozo estuvo en suspensión durante todo un año por problemas mecánicos y fallas en el revestimiento o la construcción del mismo, tal y como lo detallaban en el informe que se hizo público.   

Por ahora, al país, a los medios de comunicación, a los ambientalistas y a los habitantes que manifiestan no haber recibido ningún tipo de atención médica, les surgen varias preguntas que ni Ecopetrol, ni sus directivos, ni el Estado han respondido.

¿Cuánto tardará la empresa, en sellar de manera definitiva el pozo para que este no vuelva a producir petróleo?, ¿Cuánto se gastó Ecopetrol en la atención a esta emergencia?, ¿Cómo se reparará exactamente a las comunidades que se vieron afectadas?, ¿Cómo mitigarán todo impacto medioambiental que se generó en esta zona?, ¿De cuánto será la multa por el daño a la flora y fauna que tendrá que pagar la estatal petrolera al país?

Y ¿Por qué Ecopetrol afirmó que la emergencia estaba controlada en el día 3, si el crudo no cesó hasta el día 29? Estas son las inquietudes que los entrevistados expresaron a Radio Nacional de Colombia y exigen les sean resueltas.

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