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La Casa de los Oficios del Corazón, el renacer de Caloto

Fausto García

Por: Fausto García Calderón.

En regiones donde el conflicto ha sido la mayor amenaza, la solución que han encontrado algunos ha sido salir de su tierra. Unos por decisión propia, otros por la presión de los grupos insurgentes que los hace emigrar y otros porque deciden alejarse de la violencia antes de que esta toque directamente a su puerta.

Ante esa salida hay unos valientes que llegan, esos que dicen que la guerra nos toca a todos y consiguen a transformar vidas por medio del arte. Esa es la historia de Carolina Forgioni y William Ruano en Caloto Cauca.

Foto: Fausto García.

Nace un sueño

Carolina y William son pareja, pero ya perdieron la cuenta de cuanto llevan juntos. Carolina es de Ocaña (Norte de Santander), William se define como una composición de varias partes por sus abuelos indígenas. Dice que tiene un poco de Cali y de Pasto.

Desde que se conocieron, esta pareja ha estado trabajando por la educación. “Empezamos a trabajar en la formación de docentes, la agrupación de las comunidades alrededor del teatro, partimos de la cotidianidad y desde ahí desarrollamos cada proyecto”, así resume William el trabajo que hacen.

Han estado en Popayán y en Cali, pero entre viajes un día decidieron vivir en Caloto, esa tierra del Cauca que ha sido víctima del conflicto armado por la lucha de tierras y por ser un corredor del narcotráfico.

Foto: Fausto García.

“En 1996 se nos dio la oportunidad de tener este pedazo de tierra, donde funciona La Casa de los Oficios del Corazón”, así se refiere Carolina a su casa, a su espacio, al lugar que la madre tierra les ha prestado. “Para nosotros la tierra es la que nos sostiene, la que nos da la vida, la que nos mantiene vivos, si la apreciáramos y respetáramos nada malo pasaría, la convivencia sería distinta”, agrega Carolina.

La Casa de los Oficios del Corazón

En La Casa de los Oficios del Corazón trabajan con víctimas del conflicto de la región del Cauca y que aún viven allí, esas que sueñan con que la vida pueda cambiar para todos dejando atrás la violencia.  Hacen acompañamiento a la comunidad enseñado el arte como una forma de expresión y de sanar heridas, reciben a campesinos, indígenas, mestizos y afros, en conclusión, a todos los que hacen parte de esta región.

Con el trabajo de La Casa de los Oficios del Corazón también llegaron a Corinto, Carolina recalca el papel importante que hicieron en este municipio del Cauca a tan solo 25 kilómetros de Caloto. “Allí encontramos habitantes con dificultades y trabajamos en darle un valor a la vida para que las personas pudieran trascender”.

Foto: Fausto García.

La puesta en escena de las víctimas

Al llegar a Corinto su comunicación fue con las reservas campesinas, las primeras charlas que tuvieron se llevaron a cabo en una institución educativa donde encontraron jóvenes víctimas el conflicto en una zona llamada La Guaca.

“El trabajo que desarrollamos fue el teatro callejero y el carnaval para tratar el conflicto y el cuidado del medio ambiente” recuerda Carolina. “En ese análisis de cada conversación nos dimos cuenta de que los muchachos querían mostrar su alegría, la armonía del ser humano, el cambio, es por eso que decidimos hacer una guacamaya multicolor que representara como el ser humano puede evolucionar en medio del conflicto y ser una mejor persona”. Esta representación no solo fue para en Corinto, sino que llegó también a Cali.

Para Carolina y William, más allá de las risas, las fotos de cada presentación lo importante es la convivencia que se genera a través del arte en medio de las dificultades y superar las secuelas que deja el conflicto.

“La mayor alegría es ver como estas apuestas contribuyen a sembrar semillas de tranquilidad y de esperanzas de vida, eso se ve reflejado en que gracias a este trabajo hoy podemos ver que muchos de estos jóvenes son líderes en sus comunidades”, comenta William.

Foto: Fausto García.

El Jardín de la Discordia

Otra de las apuestas teatrales que han gestado William y Carolina ha sido la obra ‘El Jardín de la Discordia’, esta nace de la lucha por la tierra, lo que esto significa y lo grandes problemas que ha dejado para el país.

Así la define William, quien la escribió “Esta obra se escribe aproximadamente en el 2006, es una metáfora de los acontecimientos que Colombia ha tenido, las maquinas que se mueven alrededor de la guerra, todos hemos sido víctimas, el mismo conflicto de Colombia y Venezuela, esa provocación para entrar en un conflicto. De ahí nace esta obra, tanto que ha sido llevada a otros países con muchas adaptaciones. ‘El Jardín de la Discordia’ se ha convertido en un texto de la dramaturgia que explora el conflicto en Colombia”.

Cuando esta obra se presentó en Caloto en el 2016 con víctimas del conflicto fue una gran sorpresa para todos los que participaron y los mismos espectadores.

“En un principio no se lo creían porque eran muchachos que nunca habían hecho teatro, desde ahí empezaron a tener más credibilidad en lo que hacían. Les ayudo a que tuvieran confianza porque a medida de eso es que una población se puede transformar”. Esta es la recompensa para William y Carolina, ver que los muchachos aprendieron a separarse de sus temores, esos que la guerra va dejando como marcas en la piel, la mente y el corazón.

Lo que satisface el trabajo desde La Casa de los Oficios del Corazón es ser testigos de cómo los que hicieron parte de esta obra fueron capaces de sacar todo lo que tenían guardado y superar el dolor.

Foto: Fausto García.

Trabajamos por construir sueños

En ese lugar en medio de la vegetación donde vive Carolina y William, ese pedazo de tierra como le llaman de cariño, seguirán trabajando con la misma pasión por las víctimas, con el mismo amor que un día llegaron a Caloto para hacerles sentir que en este pedacito  rodeado de montañas pueden sentirse libres para soñar porque como dicen ellos “acá construimos sueños,  en La Casa de los Oficios del Corazón desde la creatividad pensamos la vida, este es un espacio de gente que ha aportado a la construcción del país y somos un ejemplo”.